Concurso Homenaje a los clásicos, Jane Doe por Jordi López Daltell

Extracto del relato presentado por Jordi López Daltell para el Concurso Homenaje a los clásicos

Jane Doe

 

Veinte pies. En las etiquetas grises que cuelgan de los pulgares el nombre más repetido es “John Doe”. Catorce pies de hombre, grandes. Cuatro pequeños, de niño. Dos de uñas cuidadas, pintadas de rojo cereza. En la etiqueta “Jane Doe”.

—Una noche de perros, detective —dice el forense y posa su mano sobre mi hombro—. Aún no he tenido tiempo de examinarlos.

Diez muertes por herida de bala, me ha soplado el agente cuando ha tomado el billete de diez de mi pitillera. Y un cigarrillo. Y un segundo billete. Una mujer y dos niños. Todos presentan un único orificio de entrada, excepto la mujer y uno de los tipos, su amante, con los que parecen haber agotado las existencias de cartuchos de nueve milímetros del condado. Y ha tomado un segundo cigarrillo y me ha dejado pasar.

—Muerte por impacto de bala —dice el forense después de levantar las sábanas del tercer cuerpo de hombre. E inspira hondo antes de levantar la sábana que cubre uno de los cadáveres de niño—. También. Un único orificio de entrada.

Le pido que levante la sábana que cubre un bulto del que sobresale una larga melena rubia ondulada por un extremo y unos pies pequeños, cuidados con unas uñas de un rojo cereza intenso, por el otro. Sí. Es ella. La vi por última vez entre sábanas y entre sábanas vuelvo a verla.

—¿La conoce?

¿La conozco? No lo sé. Nunca la había visto. Hasta hace veinticuatro horas, cuando irrumpió en mi despacho.

—Tiene una visita —dijo Nancy, sin levantar las gafas del teclado de la underwood—. Le espera en su despacho.

Se disponía a explicarme lo de siempre, que le había dicho que me esperara en la salita y que, antes de que pudiera ofrecerle un café, ya estaba instalada en mi despacho, pero asentí con la cabeza como si ya hubiera oído lo que fuera a decirme. Y entré. Y ahí estaba ella, sirviéndose un limoncello.

       ––Curioso licor —dijo, mientras se servía las últimas gotas de la botella—. ¿Tiene más?

—¿Ha venido a hacer inventario de mis botellas? —respondí. Y arrojé el borsalino sobre la mesa— ¿O hay algo en lo que pueda ayudarla?

—Por supuesto. ¿Dónde guarda el hielo?

—¿No es capaz de encontrarlo sola? Espero que no haya venido a pedir trabajo como ayudante de detective.

—Mi marido me engaña.

 

(Continuará)

 

©Concurso Homenaje a los Clásicos: Jordi López Daltell para Solo Novela Negra, 2021.

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