Relato: EPIFANÍA de Guillermo Anderson

José Luis redactaba unas líneas en su Olivetti vieja sin la tecla W antes del cierre de edición que saldría las rotativas en esa madrugada y en los matutitos al otro día.

Su jefe un tal Rodolfo le había dejado una tarea el “Caso Funes” que aún no había sido resuelto, pero que llamaba la atención de todo un país.

El periodista joven y torpe había asumido esa función en la sección policiales luego de escribir el horóscopo  y los  avisos fúnebres; ferviente lector de novela negra  y en sus mejores sueños era el Philip Marlowe que besaba a su amor luego de andar a los tiros por los techos, pero en la vida real llegaba a la redacción en un bicicleta playera y jejos de vestir un piloto beige se vestía como podía y no había ni por asomo una femme fatale que fuera testigo o participe de algún crimen aino que solo acudían al diario para contarle su enojo ciudadanos por problemas cotidianos.

En las paredes una de la redacción una madera con chinches donde este periodista ponía fotos, anotaba datos y colocaba recortes de diarios sobre casos o rarezas de otros diarios.

Hasta que una noche mientras dormía en su guardia en un rincón entre papeles y cajas de pizza, tuvo un sueño, como una premonición o epifanía, vio con claridad la escena del empresario Funes, cuando despertó, rápidamente lo escribió y llevó el escrito a la policía que decidieron encarcelarlo por describir con precisión los hechos, no llego a publicarlo en el diario.

 

©Relato: Guillermo Anderson, 2023.

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