Lauzurika acusa- Relato esencial

Con el relato ‘Lauzurika acusa’ Txema Arinas hace gala de su particular estilo para poner sobre la mesa un tema más que controvertido

LAUZURIKA ACUSA

He quedado con el Txuki, el pelirrojo del cole, el puto Gamarra, en un bareto enfrente de la iglesia para darles juntos el pésame a la viuda y a los padres cuando salgan del funeral. Yo no soy creyente y ya no entro a los oficios religiosos ni para hacer el paripé. Prefiero esperar junto a una barra tomando un vino o una caña mientras dentro del templo los creyentes, por convicción o convención, despiden al finado de acuerdo con sus ritos. Hoy ya llevo dos carajillos. El Txuki tampoco es muy de ir a misa; pero, él mismo me confesó, cuando le llamé por teléfono, que si no hubiera sido por mi llamada no le habría quedado otra que entrar con el resto de la pandilla del cole: “total, por una más, que mira que no nos hemos tragado pocas misas ni nada cuando éramos críos.” Demasiadas, yo por eso no voy a las iglesias, como mucho cuando voy de viaje a admirar la arquitectura, le contesté. Además, si ya es de por sí duro dar el pésame a la familia cuando se trata de alguien joven, siquiera unos cuarentones como nosotros, qué decir dadas las circunstancias. Sólo espero que no acuda la prensa a remover la mierda, o que si acude sean lo más discretos que puedan para no mortificar en exceso a la familia. Y es que el suceso ha sido tan sonado que incluso ha trascendido lo exclusivamente local. Como que no es muy frecuente que el antiguo director de un colegio concertado muy conocido en nuestra ciudad, qué hostias, uno de curas como hemos dicho toda la vida, le abra la cabeza a un ex alumno tras arrojarle la estatuilla de bronce que le había sido otorgada hacía menos de una semana como premio a su labor al frente del comedor social. Ya verás cómo lo primero que me suelta el Txuki nada más entrar al bar, a bocajarro, sin darse tiempo incluso a cerrar el paraguas o a sacudirse la chamarra, porque hoy hace un día de perros, llueve y hace frío como sólo parece hacerlo en esta oscura ciudad del norte, y cualquiera diría que se han conjurado todos los astros para que todo sea más triste y yo diría que hasta tétrico, es…

-¡Qué fuerte, tío!

-Te parecerá a ti.

-No me lo podía creer cuando me lo contaron.

-Ni tú ni nadie.

-El hijo de puta de don Amadeo.

-Ya ves, a punto de cumplir ochenta tacos y todavía tan en forma como para abrirle la cabeza con un pedrusco al pobre Lauzurika.

-Anda que no nos soltaba pocos coscorrones ni nada en clase. Y eso cuando no te tiraba el borrador de la pizarra en toda la cabeza. No fallaba nunca.

-Pues se ve que no ha perdido puntería.

-Hombre, tampoco nos cachondeemos…

-¿Y qué quieres que hagamos, llorar?

-No sé, tío, no sé. Pobre Lauzurika, sí, qué final más… con todo lo que ha tragado.

-No sigas por ahí.

-Joder, Iñaki, de verdad. ¿También vas a bromear con eso?

-Perdona, tienes razón. Siempre que estoy nervioso no paro de decir chorradas; es mi manera de desahogarme. ¿Quieres tomar algo?

-Otro carajillo como el tuyo. Yo también necesito entrar en calor.

-Yo ya llevo dos.

-Los que hagan falta con tal de acallar la mala conciencia.

-¿De qué mala conciencia hablas?

-¿Me vas a decir que tú no la tienes?

-¿Por qué habría de tenerla?

-Por lo de Lauzurika, todos supimos lo suyo desde que éramos unos micos y todos callamos como putas.

-Eso no es así, Txuki. Todos sospechábamos lo de Lauzurika y el cabrón de Eraña; pero, él nunca quiso decir nada.

-Él que iba a decir, si era el rarito de clase, el niño que nunca decía nada, que nunca metía bulla, nunca se peleaba con nadie, nunca participaba en nada, nunca…

-Por la cuenta que le traía. Recuerda cómo eran, y son, sus padres.

-Unos putos meapilas.

-Y, por si fuera poco, el padre tenía una tienda de fotografía que dependía prácticamente de los encargos que le hacían los curas del colegio para las bodas y comuniones que se celebraban en la capilla del centro. Vamos, que, a la menor queja por parte de don Amadeo acerca del comportamiento de su hijo en el cole, a éste se le habría caído el pelo. Por eso nunca quiso contar nada de lo sucedido con Eraña.

-Tienes razón, probablemente no contó nada porque no le habrían creído en casa y además le habría caído una buena. Anda que no lo debía saber bien el hijo de puta de Eraña.

-Era un depredador que sabía escoger sus presas. Y Lauzurika era una víctima propiciatoria.

-¿El qué?

-Que sabía de antemano que Lauzurika no se iba a ir nunca de la boca.

-¡Ah! ¿Tampoco Vázquez o Zubiaur?

-Con ellos también es lo que debió pensar en un primer momento. En el caso de Vázquez porque siendo huérfano de un inmigrante andaluz al que le dieron el paseíllo al poco de acabar la Guerra, todos pensarían que si denunciaba a un cura sería por resentimiento.

-¿Y a Zubiaur?

-A ese al que menos. Recuerda que estaba hecho un trasto, todo el día castigado, sobre todo por mentir. De modo que una mentira más o menos. De hecho, ¿tú le creíste cuando nos contó lo de que Eraña le había sacado la chorra en su despacho para que se la tocara bajo la amenaza de que si no lo hacía se quedaba sin excursión de fin de curso.

-No, claro que no. Ni yo, ni tú, ni nadie. Me acuerdo que Ugalde, Ortiz, Mendibil, Sánchez, Larrinaga y otros le tildaron de mentiroso, hasta de que Acedo estuvo a punto de llegar a las manos con él por haberse metido con Eraña.

-Es que Eraña era el profe de gimnasia y tenía una cohorte de fanáticos del deporte que lo admiraban y defendían a muerte porque era su entrenador del equipo cadete de baloncesto y además decían que de chaval había jugado en el Baskonia hasta que se lesionó y tuvo que cambiarlo por la docencia.

-En cambio, a Vázquez todos lo respetábamos y tampoco le creíamos cuando nos contó que Eraña se había metido con él en una de las duchas.

-Eso no es verdad. A Vázquez sí le creímos porque le respetábamos y sabíamos que nunca mentía. Todos asentimos con nuestro silencio, ni siquiera el cabeza cuadrada de Acedo se atrevió a salir en defensa de su entrenador. Pero nos callamos porque pensamos que Eraña lo había hecho para amedrentarlo por habérsele enfrentado en clase en más de una ocasión.

-Pues bien que nos detalló Vázquez cómo empezó a acariciarlo por todo el cuerpo hasta llegar a la…

-¿Qué iba a decir el huérfano de un rojo con tal de mancillar el buen nombre de un sacerdote?

-¿Qué, no estarás hablando en serio?

-Por supuesto que no, Txuki, eso es lo que dijo Ugalde entonces. Ni más ni menos que lo que debieron comentar sus padres en casa cuando se enteraron de que la madre de Vázquez había acudido al despacho del don Amadeo para protestar por lo que le había hecho Eraña a su hijo.

-Pero no paso nada y todos sabíamos que…

-No paso nada entonces porque don Amadeo, que es como todavía os referís al cabrón de Echecalte la mayoría de vosotros, y yo no voy a ser menos, no quiso que pasara nada. O sí, porque al año siguiente Vázquez abandonó el colegio. No se volvió a hablar del asunto hasta varios años después que saltó la noticia del cura español detenido en Chile por abusos a menores. Entonces nos enteramos por la prensa de que Eraña fue trasladado en su momento, y por orden de don Amadeo, a un colegio de la misma congregación que el nuestro en Valladolid, y de allí al poco tiempo a otro de Madrid, donde tampoco duró mucho tiempo dado que ha sido en Chile donde más años ha vivido, último destino al que fue enviado por sus superiores de la Congregación en su empeño de alejar el problema antes que enfrentarse a ello.

-Vamos, que si Eraña no podía reprimirse las ganas de meterle la chorra por el culo a un crío, por lo menos que lo hiciera en la otra punta del globo.

-Algo así. Tú siempre tan explícito, Txuki.

-Por eso me querían tan mal los curas del cole, ¿te acuerdas?: “¡Gamarra, esa boca, no vuelva a mencionar el nombre de Dios en vano o…!”

-Mejor que no te quieran mal a que…

-A que te quieran demasiado, como a Lauzurika.

-Tú imagínate lo que se le debió pasar por la cabeza cuando vio en los periódicos y telediarios cómo sacaba la policía chilena a Eraña del colegio donde había estado dando clases durante más de dos décadas.

-Supongo que algo muy parecido a cuando se enteró de que el ayuntamiento de nuestra ciudad le otorgaba el premio al mérito civil a don Amadeo por su compromiso con  los más desfavorecidos en razón de su labor como portavoz del voluntariado al cargo del comedor social.

-¿Qué quieres decir?

-Que no hace falta ser muy listo para imaginarse la escena en el despacho que don Amadeo tiene en el pabellón del polígono industrial donde está el comedor social. ¿Para qué se presentó allí Lauzurika?

-¿Para felicitarle por el premio?

-Eso, tú ríete. Ambos sabemos, o al lo menos nos lo podemos imaginar, que Lauzurika, tan serio él, tan buen cristiano a pesar de todo, iría a pedirle cuentas por lo de Eraña y, sobre todo, a echarle en cara cómo podía aceptar un premio por su compromiso con los más desfavorecidos después de haber ocultado durante años, si no permitido, que un depredador sexual recorriera medio mundo satisfaciendo sus más bajos instintos con tiernos infantes como el que fue él en su momento.

-¿Crees que debió amenazar a don Amadeo con contarlo todo para que éste le arrojara, en uno de esos prontos que le eran tan propios, él siempre tan pagado de sí mismo y convencido de las trascendencia de todo lo que llevaba a cabo, la estatuilla del premio en toda la cabeza?

-Ni lo sé ni lo sabremos. Lo único cierto es que don Amadeo siempre tuvo muy buena puntería.

-Menudo dramón. Estoy por tomarme otro carajillo.

-No tenemos tiempo. Ya empieza a salir gente de la iglesia. Mejor nos acercarnos a esperar que aparezca la familia para darles el pésame lo antes posible.

-Mira quiénes salen los primeros.

-Ya veo, ya. Nuestros antiguos compañeros del cole.

-Ugalde, Ortiz, Mendibil, Sánchez, Larringa, Acedo… Zubiaur.

Texto : © Txema Arinas, 2018.

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