Relato: Habitación 17 de José Monzón
HABITACIÓN 17
Capítulo 1: La llegada del caso
Nancy Portman recibe una carpeta con un nuevo paciente: Samuel Cross, un hombre que ha sido ingresado en varios hospitales por episodios de ansiedad extrema y recuerdos fragmentados de un lugar llamado “Habitación 17”. Desde el primer encuentro, Nancy nota que Samuel parece saber cosas que no debería, y que sus palabras contienen pistas ambiguas y perturbadoras. Mientras lo escucha relatar sus experiencias, siente un escalofrío: hay detalles en sus recuerdos que coinciden con historias de otro paciente desaparecido años atrás.
A la salida de la sesión, la doctora no puede quitarse de la cabeza una sensación creciente: alguien o algo está manipulando a Samuel, y quizás la verdadera amenaza no esté solo en la habitación de los recuerdos de él, sino en los oscuros pasillos del hospital abandonado que nadie se atreve a visitar.
Capítulo 2: Ecos en la oscuridad
Nancy Portman conducía por calles desiertas hasta llegar al hospital psiquiátrico abandonado. La fachada estaba cubierta de grafitis y el óxido corría por las rejas. Cada paso que daba hacia la entrada resonaba como un eco de advertencia: aquel lugar parecía respirar secretos y memorias atrapadas. Su corazón latía con fuerza, pero la determinación era más fuerte que el miedo. Sabía que solo enfrentando sus temores podría descubrir la verdad de la Habitación 17.
Al adentrarse en los pasillos oscuros, percibió sombras que se movían de manera imperceptible. Escuchó susurros, ruidos de puertas , y por un instante creyó ver a alguien observándola desde un extremo del corredor. Cada recuerdo de Samuel sobre la habitación abandonada parecía cobrar vida a su alrededor: sillas tiradas, ventanas rotas, paredes con marcas que sugerían historias que la mente humana no debería olvidar.
Al día siguiente, durante la sesión, Samuel Cross tuvo un episodio intenso. Sus ojos estaban desorbitados, y su voz temblaba mientras describía imágenes que ella no podía imaginar: figuras que desaparecían y reaparecían, voces que pedían ayuda y un frío penetrante que parecía provenir de lo más profundo del lugar. Nancy tomó notas frenéticamente, intentando atrapar cada pista que pudiera guiarla hacia la verdad. Su paciente parecía desbordado por recuerdos que quizá no le pertenecían, pero que eran demasiado reales para ignorarlos.
Esa misma tarde, un sobre sin remitente apareció en su escritorio. Dentro, un mensaje lacónico y amenazante: “Detén tu investigación sobre la Habitación 17. Lo que buscas no es para ti. Si continúas, las consecuencias serán irreversibles.”
El mensaje no solo despertó miedo; despertó una mezcla de desafío y determinación en Nancy. Comprendió que estaba ante algo mucho más grande que un caso psicológico convencional: alguien quería mantener ocultos los secretos del hospital, y ella había llamado la atención equivocada.
Al cerrar la carpeta y mirar la ciudad desde su ventana, la joven sintió un escalofrío: estaba atrapada entre los recuerdos de su paciente, la oscuridad del hospital y la amenaza latente que ahora también la tocaba a ella. La línea entre la mente, la memoria y la realidad comenzaba a desdibujarse, y con cada paso hacia la verdad, el peligro se hacía más tangible
Capítulo 3: Sombras que hablan
La Dra Portman volvió al hospital acompañada de Samuel Cross. La sensación de estar vigilados era casi tangible; cada pasillo, cada puerta chirriante parecía susurrar secretos prohibidos. Samuel avanzaba con dificultad, como si cada paso despertara recuerdos que su mente había tratado de enterrar. Al llegar frente a la puerta marcada con el número 17, un escalofrío recorrió a Nancy. La madera estaba astillada, las bisagras corroídas, pero algo en el ambiente la hacía sentir que la habitación estaba viva, cargada de memorias y presencias que no debían ser perturbadas. Samuel dudó un instante, luego murmuró: > “Todo lo que has escuchado… es solo la mitad.”
Dentro, el aire era denso y pesado. Las paredes tenían marcas que parecían dibujos y palabras apenas legibles, y un olor metálico flotaba en el aire. Samuel comenzó a temblar, los recuerdos lo abrumaban: gritos, voces que repetían su nombre, sombras que se movían sin razón. Se desplomó contra la pared, entre llanto y susurros, mientras ella luchaba por mantenerlo consciente y seguro. Mientras lo sostenía, Nancy tuvo una visión fugaz: imágenes del pasado de la habitación, pacientes antiguos, médicos que realizaban experimentos desconocidos, y un reflejo inquietante que la conectaba directamente con los eventos. La sensación fue tan intensa que un mareo la hizo tambalearse. Por un instante, dudó de su propia mente: ¿era ella parte de ese misterio? ¿Su intuición la estaba conectando con algo que no debía conocer?
Al recobrar la calma, comprendió que el hospital y la Habitación 17 no solo guardaban secretos de Samuel, sino que también habían tejido un hilo invisible que la unía a ella, de alguna manera inexplicable. La investigación ya no era solo profesional: era personal, y cada descubrimiento los acercaba a un peligro que podía desbordar la realidad tal como la conocían.
Al salir de la habitación, ambos sabían que habían cruzado un límite: lo que la Habitación 17 contenía era más oscuro y complejo de lo que jamás imaginaron, y la línea entre lo vivido, lo recordado y lo imaginado comenzaba a borrarse.
Capítulo 4: Ecos del pasado
Nancy y Samuel regresaron nuevamente al hospital, decididos a profundizar en los secretos de la Habitación 17. Mientras exploraban los sótanos, encontraron una puerta escondida detrás de un estante de metal oxidado. Al abrirla, descubrieron un pequeño despacho con papeles, diarios y fotografías antiguas: la documentación de los experimentos que se realizaron en la habitación y los nombres de los pacientes olvidados por la historia. Cada hoja narraba historias de miedo, control y sufrimiento que iban mucho más allá de la imaginación.
Mientras examinaba los documentos, una sombra apareció al final del pasillo: un hombre de mediana edad, rostro inexpresivo, que parecía conocer cada uno de sus movimientos. Sin mediar palabra, los observaba. Nancy sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda: ¿era un guardián del hospital, un antiguo empleado o alguien vinculado directamente con la Habitación 17? Su presencia era silenciosa, pero su mirada cargaba advertencias implícitas.
Y entonces comenzaron a ocurrir cosas que desafían toda lógica. Objetos que se movían solos, susurros que no venían de ninguna boca, y luces que parpadeaban siguiendo sus pasos. Samuel, ya temblando, murmuró:
> “Esto… esto no es solo memoria… algo quiere que lo descubramos.”
Nancy comprendió que lo que habían considerado un fenómeno psicológico podría tener una dimensión que la razón no podía explicar. La línea entre la mente, la percepción y la realidad comenzaba a desdibujarse peligrosamente, y cada hallazgo los acercaba a un conocimiento que podría cambiar para siempre su forma de entender la Habitación 17.
Al abandonar el sótano, ambos sabían que habían tocado algo que no debía ser perturbado. Pero la curiosidad, la responsabilidad profesional y un creciente sentimiento de amenaza los empujaban a seguir adelante. Lo que comenzó como un caso clínico estaba convirtiéndose en un laberinto donde la mente, los recuerdos y la oscuridad del hospital eran piezas de un mismo misterio que parecía tener vida propia.
Capítulo 5: La noche de los recuerdos
Nancy y Samuel decidieron regresar al hospital bajo la cobertura de la noche. La luna iluminaba débilmente los corredores, y cada sombra parecía moverse con vida propia. El aire estaba cargado de una mezcla de humedad y misterio; la sensación de ser observados se sentia con cada paso.
Al entrar a la Habitación 17, el ambiente parecía responder a su presencia: luces que parpadeaban, objetos que se desplazaban ligeramente, y un eco de sus propios pasos que sonaba distinto, como si alguien más caminara junto a ellos. El hombre comenzó a temblar violentamente, y su voz se quebró:
> “Todo está… mezclado… no sé si lo que recuerdo es mío o de ellos…”
La Dra. Portman lo sostuvo con firmeza mientras observaba que la regresión de su paciente se intensificaba. Sus recuerdos se mezclaban con imágenes ajenas, gritos de pacientes antiguos y escenas que parecían proyectadas desde otro tiempo. Cada fragmento lo llevaba más cerca del límite de su cordura.
Mientras lo ayudaba a recobrar la calma, la joven descubrió un viejo expediente con su nombre escrito entre los registros: alguien cercano a ella, de su propia familia, había estado involucrado en los oscuros experimentos de la Habitación 17. El hallazgo la sacudió hasta el alma: la conexión con ese lugar no era solo profesional, sino profundamente personal.
Afuera, el viento golpeaba las ventanas y un susurro recorría la habitación, como si el hospital mismo respirara y los llamara. Nancy comprendió que la línea entre lo real y lo imaginario se estaba borrando: cada descubrimiento los acercaba a un conocimiento prohibido, pero también incrementaba el peligro para Samuel y para ella.
Al salir de la habitación, Nancy sintió que algo los había seguido: una presencia silenciosa que los había observado durante toda la noche, asegurándose de que cada secreto revelado tuviera un precio. La investigación había dejado de ser un simple caso clínico; se había transformado en un enfrentamiento directo con la oscuridad que habitaba la Habitación 17 y con los fantasmas del pasado de Nancy.
Capítulo 6: Rostros del pasado
Nancy y Samuel de regreso en el hospital, conscientes de que algo los estaba observando. La tensión era casi palpable; cada corredor parecía un laberinto que podía cerrarse sobre ellos en cualquier momento. Mientras avanzaban hacia la Habitación 17, un súbito movimiento en la penumbra llamó su atención: una figura emergió del fondo del pasillo, su rostro parcialmente oculto, pero con ojos que parecían reconocerlos desde hacía siglos.
Sintió un escalofrío. No era un paciente común ni un vigilante del hospital; era alguien que sabía demasiado sobre la Habitación 17 y sobre su propia familia. En un instante de claridad perturbadora, comprendió que aquel ser era la conexión que había estado buscando: un vínculo que unía a su pasado familiar con los oscuros experimentos del hospital.
Mientras la figura se acercaba, Nancy recordó fragmentos de cartas antiguas y fotografías que había encontrado en la casa familiar: un antepasado directo suyo había participado en la creación de la Habitación 17. Lo que al principio parecía un caso clínico se transformaba ahora en un conflicto personal: su propia sangre estaba implicada en los horrores que estudiaba.
Samuel, temblando junto a ella, miraba con miedo y fascinación. La presencia misteriosa habló por primera vez, con una voz fría y firme:
> “Todo lo que buscas, todo lo que temes… pertenece a tu historia. Y ahora, tú decides si deseas conocer la verdad completa.”
Nancy comprendió que el precio de seguir adelante sería alto. Cada paso que daba hacia la verdad la acercaba no solo al conocimiento de los secretos de la Habitación 17, sino también a enfrentar la responsabilidad y la culpa de su propio linaje. La investigación ya no era solo un desafío profesional: era un enfrentamiento con los fantasmas de su propia familia y con una presencia que no estaba dispuesta a permitir que nadie escapara con vida del conocimiento que custodiaba.
Al salir de la habitación, con Samuel a su lado, sintió que algo había cambiado: la línea entre el pasado y el presente, entre la culpa y la responsabilidad, entre la realidad y la amenaza, se había borrado para siempre.
Capítulo 7: El juego de las sombras
Dra. y paciente regresaron al hospital con cautela, pero la tensión no había hecho más que crecer. Apenas cruzaron la entrada, un escalofrío recorrió la columna de Nancy: la figura misteriosa estaba esperándolos, y esta vez su atención parecía centrada exclusivamente en Samuel.
El paciente comenzó a retroceder, sus manos temblaban, y de repente su respiración se volvió irregular. La presencia que antes observaba desde la distancia ahora interactuaba con ellos, manipulando sombras, sonidos y luces para confundir la mente de Samuel. Nancy comprendió que cada movimiento que él daba era un peligro potencial: la figura quería quebrarlo, atraparlo en su propia mente.
En medio de la confusión, un documento antiguo cayó de una estantería, revelando una traición que nadie había previsto. Alguien cercano a ella —un colega que la había apoyado desde el inicio de la investigación— había estado manipulando los eventos desde el primer día, asegurándose de que los secretos de la Habitación 17 permanecieran ocultos y usando a Samuel como peón. La sensación de shock se mezcló con la urgencia: ahora no solo tenían que salvar a su paciente, sino también enfrentar la traición que los rodeaba.
Tomó una decisión rápida: enfrentar al traidor y proteger a Samuel al mismo tiempo. Cada paso requería astucia, rapidez y coraje, porque cualquier error podía ser fatal. La presencia misteriosa parecía alimentarse de sus dudas, aumentando la tensión en cada corredor del hospital.
Nancy comprendió algo crucial: la verdadera batalla no estaba solo en la Habitación 17, ni siquiera en la mente de Samuel, sino en descubrir quién controla los hilos de la traición y del miedo, antes de que fuera demasiado tarde.
Capítulo 8: La verdad oculta
Nancy sabía que ya no podía retroceder. Con Samuel apoyándose en ella, avanzaron hacia la oficina del hospital donde sospechaba que se ocultaban las pruebas de la manipulación. Allí encontró a su colega, Robert, el traidor, con documentos y registros que explicaban todo: desde los experimentos en la Habitación 17 hasta las manipulaciones de la mente del enfermo.
> “No entendías, Nancy… alguien tenía que controlar la historia, alguien tenía que decidir qué debía salir y qué debía permanecer oculto”, dijo el traidor con una fría indiferencia.
Mientras discutían, Samuel comenzó a convulsionar, atrapado en un episodio extremo. Su mente se sumergió en recuerdos fragmentados, voces que no eran suyas y visiones de los pacientes antiguos. Nancy, con el corazón en un puño, lo sostuvo y lo guió, tratando de que no se perdiera en ese abismo de la mente. Cada segundo contaba, y cada susurro parecía provenir de la misma habitación que había comenzado todo: la Habitación 17.
Y entonces lo vio: un compartimiento secreto dentro del despacho, lleno de archivos, fotografías y cintas que revelaban la dimensión más oscura del hospital. Experimentos que cruzaban los límites éticos, control mental sobre pacientes, y un historial que conectaba a la institución con sucesos inexplicables. El secreto era más grande y peligroso de lo que Nancy había imaginado: la Habitación 17 no solo almacenaba recuerdos, sino que había sido utilizada para manipular vidas y voluntades desde hace décadas.
Nancy comprendió que la combinación de traición, manipulación y el poder de la Habitación 17 no solo había puesto a Samuel en riesgo, sino que también podía amenazar a cualquier persona que intentara acercarse a la verdad.
Al salir del despacho, con Samuel a su lado y el traidor bajo control temporal, Nancy supo que la batalla final aún estaba por venir, y que lo que habían descubierto cambiaría para siempre su manera de ver la mente, la memoria y la oscuridad que se esconde en lugares aparentemente olvidados.
Capítulo 9: Lo que despierta la memoria
El hospital estaba demasiado silencioso. Un silencio que no pertenecía a un edificio lleno de pacientes, enfermeras y luces frías. Un silencio que parecía… escuchar.
Nancy avanzó con cuidado, llevando a Samuel por el pasillo hacia la salida trasera, donde pensaba llamar a las autoridades competentes. Tenía los archivos ocultos en su abrigo, cada uno una pieza de un rompecabezas que mostraba décadas de manipulaciones encubiertas.
El hombre caminaba a su lado, pero ya no era el mismo hombre confundido del comienzo. Algo había cambiado en él desde el episodio extremo. Parecía más presente, más lúcido… y más inquietante.
—Doctora.… —murmuró—. Creo… creo que la Habitación 17 sigue aquí. Aunque no estemos dentro. Ella se detuvo. Lo miró, tratando de evaluar si era una regresión o un avance.
—¿A qué te refieres, Samuel? —preguntó, sosteniéndole el rostro.
Samuel cerró los ojos. Respiró hondo. Y cuando los abrió… sus pupilas parecían dilatadas de un modo imposible.
—No es una habitación —susurró—. Es… una memoria colectiva. Un lugar mental que se despierta cuando alguien lo recuerda. Por eso fui elegido. Por eso todos los pacientes anteriores… cambiaron. No era un lugar físico. Es una puerta. Y tú la abriste conmigo.
Nancy sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Antes de que pudiera responder, las luces del pasillo comenzaron a parpadear, cada destello más largo y más oscuro que el anterior.
Un zumbido profundo emergió desde las paredes. Como un gemido. Las sombras se estiraron sobre el suelo como si tuvieran vida propia.
Samuel apretó la mano de Nancy con fuerza.
—Se despertó. Lo despertamos. Y quiere… recuperar lo que era suyo.
Un susurro cruzó el pasillo, como si las paredes hablaran entre sí. Una voz gutural, fragmentada, casi humana… casi no.
Nancy retrocedió, arrastrandolo.
—No mires, Samuel. No escuches —ordenó, pero él parecía ya demasiado dentro de esa percepción ampliada.
—Nancy… —dijo él, casi sin voz—. La Habitación está intentando tomar forma. Está usando los recuerdos de todos los que pasaron por ella. Está… está ensamblando algo.
La temperatura descendió bruscamente. El aire parecía espesarse. Y entonces, al final del pasillo, la sombra tomó forma humana, pero no una forma coherente: era como si varias siluetas se superpusieran, moviéndose en direcciones opuestas mientras sostenían una sola presencia. Un conglomerado de mentes quebradas.De memorias rotas.De voces perdidas.
Samuel respiró hondo, pero esta vez no había miedo. Había… comprensión.
—Creo que sé cómo detenerla —dijo—. Solo si logro separar mis recuerdos de los suyos, romperé el puente. Pero necesito que confíes en mí. Y que me mantengas… aquí. En este plano.
La cosa avanzó, arrastrando consigo cada sombra del pasillo. Nancy sabía que ese era un momento decisivo. Samuel estaba, por primera vez, consciente de quién era. Y también de lo que la Habitación había hecho con él.
Y si fallaba…No habría salida.No para ellos.Ni para nadie más.
Capítulo 10 : Lo que despierta la Habitación 17
El hospital entero estaba en silencio… pero no era un silencio normal. Nancy lo sintió primero: una vibración tenue, como el pulso de un corazón gigantesco latiendo detrás de las paredes. Samuel, todavía débil, se llevó las manos a la cabeza.
—“Nancy… no es solo el hospital. Es la habitación. Está… despierta.”
Las luces empezaron a parpadear. Las puertas automáticas se abrían y cerraban sin razón. Pasillos que ella conocía perfectamente parecían más largos, más estrechos, más retorcidos. Como si el edificio estuviera cambiando, respondiendo a aquello que Nancy acababa de descubrir.
Samuel empezó a oír voces —y lo peor— Nancy también. Voces susurradas, casi como respiraciones:
“Vuelve…”, “No debiste abrirlo…”, “Nos pertenecen…”
Nancy trató de racionalizarlo, pero por primera vez, su mente —entrenada, firme, científica— se vio obligada a admitir que había algo más, algo que no encajaba en ningún manual de psicología.
Mientras guiaba a Samuel, las paredes a su alrededor comenzaron a oscurecerse, como si sombras líquidas brotaran desde dentro. Y entonces ocurrió. Las puertas de la Habitación 17 se abrieron solas.
Un viento helado recorrió el pasillo. La luz de emergencia parpadeó tres veces.
Y en la entrada, una figura se dibujó apenas: la silueta de un antiguo paciente, uno que ella había visto solo en fotografías viejas de los archivos ocultos. No tenía rostro. Solo un hueco oscuro donde debía estar.
Samuel cayó de rodillas. Nancy sintió un espasmo de miedo profundo, puro, primitivo. Pero no retrocedió.
Por primera vez en la historia, Nancy entra a la Habitación 17 por voluntad propia. Porque entiende algo que nadie antes había comprendido:
El hospital no estaba poseído. El hospital estaba saturado. De memorias.De dolores. De vidas que nunca fueron escuchadas. De pacientes silenciados, borrados, anulados. Y Nancy —una psicóloga, una mujer que había dedicado su vida a entender la mente humana— era la única capaz de enfrentarlo.
En lugar de alejarse, dio un paso al frente. La figura sin rostro se detuvo. Samuel, sorprendido, la miró con los ojos bien abiertos.
Nancy susurró: —“No quiero luchar. Quiero entender.” La sombra se agitó, como si dudara. El hospital dejó de vibrar. Las voces se callaron. Y la Habitación 17, por primera vez en décadas, cerró la puerta desde adentro… con Nancy y Samuel dentro. No atrapándolos. No castigándolos. Sino reconociéndolos. Porque la verdad final estaba allí. Y ella estaba a punto de descubrirla.
— “El precio del conocimiento prohibido”
Nancy insiste en investigar más allá de lo que cualquier terapeuta debería. Descifra patrones en los dibujos de Samuel y descubre que no son simples alucinaciones: son un código temporal fracturado, una especie de “ruta de acceso” a un constructo mental que no pertenece a él, sino a algo más viejo.
Cuando finalmente conecta las piezas, algo sucede: Al intentar “entrar” simbólicamente en el mapa mental de Samuel durante una sesión guiada…Nancy pierde una parte de sí misma. No físicamente, sino psicológicamente, como si algo hubiera roto su continuidad interna. Los colegas la encuentran horas después, sentada frente a Samuel, en silencio total.
Samuel sonríe por primera vez…Y dice: “Ahora ya la escuchas, ¿verdad?”
Desde ese día, Nancy comienza a escuchar la misma voz que él. Samuel mejora. Nancy empeora. El precio del conocimiento prohibido es convertirse en el siguiente anfitrión.
— “Habitación 17 exige equilibrio”
La Habitación 17 nunca fue un simple cubículo terapéutico: años atrás, hubo un experimento de neuroinducción sensorial dentro de esas paredes, un experimento que buscaba “separar la percepción de la identidad”. Fracasó. El cuarto quedó… contaminado.
Nancy descubre un expediente olvidado donde se explica que la habitación no puede permanecer sin “resonancia humana”:
Cada cierto tiempo, alguien debe ocupar su función de receptor, o la energía residual escapa… el resultado es impredecible. Nancy y Samuel —sin saberlo— han reactivado ese campo. Cuando Nancy intenta clausurar la habitación, es demasiado tarde: el lugar “absorbe” lo que necesita para estabilizarse.Samuel queda libre de sus visiones. Nancy empieza a tenerlas. Y todos los relojes del pasillo se detienen cada vez que ella pasa. La habitación simplemente intercambia víctimas. Ambas opciones coinciden en lo esencial:
Nancy paga el precio. No muere, pero pierde su estabilidad, su identidad, o su percepción del tiempo.
Capitulo 11. “Soy lo que queda en la puerta”
Nancy Portman sintió el aire espeso y eléctrico de la Habitación 17 golpeándole la piel mientras su conciencia se desdoblaba. No sabía si estaba dentro de la habitación… o dentro de la mente de Samuel… o dentro de algo más antiguo que los dos.
La puerta detrás de ella se cerró sin hacer ruido. Samuel Vince estaba sentado frente a ella, pero ya no temblaba, ni parecía perdido. Parecía… aliviado.
—No eres tú quien me encerró —murmuró Samuel con una voz que ya no era solo suya—. Yo solo fui el huésped temporal.
Nancy retrocedió un paso. Detrás de Samuel, la pared comenzó a oscurecerse como si la humedad dibujara una silueta humana que respiraba. Una figura de sombras… copiando sus movimientos… esperando.
—¿Qué es la Habitación 17? —susurró Nancy—. ¿Qué quiere?
Samuel sonrió con una calma casi infantil.
—Un nombre. Una conciencia. Un ancla. La habitación siempre necesita uno.
El aire vibró. Nancy sintió un tirón en el pecho, como si alguien le jalara la esencia desde dentro. Cayó de rodillas.
—Yo sólo era el puente —continuó Samuel—. Pero tú… tú abriste la puerta completa. Preguntaste demasiado. Fuiste más profunda que cualquier terapeuta. Y ahora la habitación te eligió.
Nancy intentó levantarse, pero la sombra en la pared se curvó, tomó forma, avanzó hacia ella… y se le encajó por la espalda, como un guante oscuro deslizándose dentro de su piel. La visión la golpeó:
17 pacientes antes. 17 mentes rotas. 17 puertas abiertas. Y ella, la única lo suficientemente lúcida para comprenderlo. Una voz resonó en su cabeza, no con palabras, sino con certeza:
“La habitación necesita un guardián. Tú viste demasiado. Tú serás la puerta.”
Nancy gritó sin sonido. La sombra terminó de fusionarse con ella. Samuel la observó con una compasión extraña, casi tierna.
—Gracias, doctora. Nunca quise este lugar.
La puerta de la Habitación 17 se abrió sola. Él caminó hacia afuera. Por primera vez en años, su espalda no estaba encorvada. Respiró libre.
Cuando el personal del hospital lo encontró, dijo que ya no recordaba nada. Y era verdad.
La habitación no deja restos.Pero cuando intentaron entrar a la Habitación 17 para limpiarla, nadie pudo abrirla.La cerradura estaba caliente.Alguien respiraba al otro lado.
Al día siguiente, pintaron la puerta.Nadie volvió a tocarla.Excepto de madrugada.Cuando algunos juran escuchar a una mujer diciendo:
“No abras. No entres. Soy lo que queda en la puerta.”
Así terminó la historia para Samuel. Y así comenzó para Nancy.
La Habitación 17 siempre cobra un precio. Esta vez, se quedó con alguien que preguntó demasiado. Nancy intenta escapar, pero la Habitación 17 la absorbe completamente y reorganiza su identidad.
La historia cierra con un registro clínico: “Nuevo personal asignado al ala 4. Dra. Portman. Habitación 17.”
©Relato: José Monzón, 2025.
