ENTREVISTA A JESÚS TÍSCAR

Proponemos conocer a un discípulo aventajado de Valle-Inclán: Jesús Tíscar, autor de ‘La japonesa calva’, a través de esta entrevista para Solo Novela Negra

ENTREVISTA A JESÚS TÍSCAR

LA JAPONESA CALVA

Por Antonio Parra Sanz

Siempre resulta interesante poder charlar con un autor de la potencia narrativa, y también expresiva, por qué no decirlo, de Jesús Tíscar, que desembarcó en el ambiente de la novela negra con una trama un tanto delirante, La japonesa calva, que le otorgó el XXI Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe.

Jesús Tíscar Jandra nació en Jaén en 1970. Escribe cuentos, novelas, artículos, guiones y obras teatrales. En la actualidad ejerce profesionalmente como actor y reside en Santiago de la Ribera (Murcia). Es autor de cinco obras teatrales y seis libros publicados, siendo el más reciente Memorias de un gusano (Ediciones RaRo). Asimismo, atesora en su haber más de treinta galardones literarios, entre los que cabe destacar el XXV Premio «Felipe Trigo» de Novela, el XV Certamen Literario «Villa de Colindres», el XXXIII Premio de Narrativa «Antonio Porras» y el VII Certamen de Literatura «Miguel Artigas».

  • Ahora que ya ha tenido tiempo de asimilarlo, cuéntenos sus impresiones sobre el premio que recibió su novela.

Me ha dado dinero y proyección, comí y bebí gratis, la publicación de mi novela a nivel nacional, estar en los cortingleses y en las casasdelibros y en los fenaces, cosa que yo creo que ya me iba mereciendo, o sea que mis impresiones son buenísimas. Y poder echar al carrito del súper alimentos, whiskys, calcetines y tonterías sin mirarles el precio, eso también me lo merecía.

  • ¿Este tipo de reconocimientos supone baterías nuevas a la hora de escribir? ¿Cómo las encaja alguien como usted, que lleva mucho tiempo escribiendo?

Los reconocimientos son bienvenidos porque, como poco, te indican que tu trabajo interesa. Ahí es nada, con la cantidad de mierda que se escribe ahora. Usted lo ha dicho, llevo mucho tiempo escribiendo, y eso implica pasar temporadas (rachillas) de inseguridades y agobios, con la toalla en la mano, balanceándola ya. O sea que este tipo de reconocimientos ayudan a seguir agarrando la toalla, con fuerza, enjugarte los sobacos y seguir.

  • Algunos han calificado su prosa como valleinclanesca, ¿le molesta eso o le agrada?

Me agrada muchísimo. Usted mismo la ha calificado así, que me acuerdo yo, y, como verá, no le he retirado la palabra ni le he arrojado cosas por la calle, sino que nos estamos tomando este asiático tan tranquilos. No, en serio: que te comparen con un genio, nada menos que con el inventor de esa delicia estética y moral que es el esperpento, pues no está mal. No creo que sea para tanto, y se lo dice alguien al que le asquea profundamente la falsa modestia, pero que sigan, que sigan valleinclanándome, que yo me dejo.

  • Dicen que la crisis va remitiendo, con todo lo que se ha escrito con ella como fondo, ¿significa eso que nos vamos a quedar sin argumentos literarios?

¿Cómo vamos a escribir contra Franco sin Franco?, dicen que se preguntaban algunos tras la santísima muerte del abuelillo aquel que guardó Occidente. Pues nada, ¡a espabilar! Es cierto que las crisis son muy sustanciosas literariamente, como los malos malísimos, como las beatas contrariadas, como los inocentes apaleados, pero es que crisis (en plural) va a haber siempre, no sólo va a ser la del parné. Además, la crisis no está remitiendo, ¿le vamos a hacer caso al bocarrara ese?

  • ¿Qué tienen los personajes del lumpen que se vuelven atractivos para la novela negra? Ya sé que usted no se considera autor del género pero La japonesa calva es negra…

Para la novela negra y para la que no es negra. Creo que el personaje correcto, triunfador, con ascensor, que paga sus impuestos, que deja propina, que no le mete dos hostias a nadie y que se apunta a inglés y a zumba es muy aburrido. Lo tiene todo hecho, no aspira a más, o no quiere aspirar a más, que es lo mismo, y ahí hay poco que escribirle, mejor que se lo cargue pronto un sicario y seguimos con la novela. ¿La japonesa calva es negra? De acuerdo. Como negra me la ha premiado un jurado competente.

  • Me temo que sonará un poco repetitivo pero, ¿cómo surgió esta historia de la masajista nipona?

Nunca lo repetiré bastante, yo lo repito con gusto. A saber por qué (aprovecho para confesar que nunca he ido de masajistas, tampoco en Blablacar), se me instaló en la parte de imaginar la imagen de una septuagenaria inocentona y desgraciada atravesando un barrio muy chungo en busca de una japonesa milagrosa y prostituta que le calmara el dolor de las piernas. Ahí empezó. Y así comienza La japonesa calva. No sabía más. Después le puse pasado a esa escena, cómo se conocieron Kazumi Kuriwako y Luciana Crespillo, y fueron surgiendo más personajes y tramas. Mucha humana miseria. Y me gustaban, que es lo difícil. A los nueve meses, tras mucho batallar con la estructura narrativa, la dí por terminada y la envié a Getafe.

  • ¿Volverá a practicar novela negra? Mire que el ambiente a veces está para practicarla incluso sin escribir…

Y que lo diga. Dan ganas de hacerse malo, ya que los buenos empiezan a escasear, a ser presuntos, y vivir de los sobres y de las visitas de los papas. En fin… He comenzado otra novela, de momento muy verde, tan verde que aún no confío en ella ni de broma, pero creo que me puede salir también negra, aunque a mi estilo, claro. Sin detectives.

  • ¿Qué le impulsa a la hora de seguir escribiendo, y qué le inquieta de ese proceso? Si es que hay algo que le inquiete.

Podría responder esa vulgaridad de que escribo porque me gusta (y porque la literatura nos salva o cualquiera de esas mamarrachadas), pero es que además de vulgar sería mentira. Me gusta a veces, porque escribir en serio (repito: en serio, no en plan dominguero) es duro. Ya sé que más duro es alquitranar carreteras, pero me la suda, yo no alquitrano carreteras y no me arrepiento de ello. ¿Qué me inquieta? Que no voy a tener paga de jubilación, al contrario que los que alquitranan carreteras, aunque bueno… Veremos a ver. El bocarrara no lo tiene muy claro esto tampoco.

  • Dicen algunas malas lenguas que a veces el ordenador le grita, ¿es eso cierto?

Sí. Acabas cansado de darle al alfabeto, cierras y oyes los chillidos de los personajes, que quieren seguir viviendo, pero eso es porque termina uno medio gilipollas de tanto escribir.

  • Antes hemos hablado de Valle-Inclán pero, ¿a qué otros autores les debe algo Jesús Tíscar?

A Francisco Umbral, a Camilo José Cela, a Stephen King, a Miguel Delibes, a Juan Marsé, a Ignacio Aldecoa, a Rakel Rodríguez, a Caballero Bonald, a Bukowski, a Eduardo Mendoza… A Marcel Proust no, a ese no le debo nada, ¡qué pestiñazo!, y a Luis García Montero tampoco.

  • Sabemos que es un hombre apasionado por el teatro, ¿cómo le ha ido cuando ha intentado escribirlo?

Compañías profesionales me han estrenado cinco obras, dirigidas todas ellas por Miguel Ángel Karames, que es un gran teatrólogo, que las ha salvado, y en casi todas me he dado cuenta de que caigo en el error del narrador que escribe teatro: no es así. Soy un novato, me gusta el género, le pongo pasión, pero lo desconozco, así que he ido corrigiendo defectos en cada una de ellas, hasta dar con la última, Verracas, que es de la que más satisfecho me siento en cuando a texto, porque he de decir que las anteriores han sido muy bien interpretadas y puestas en escena.

  • ¿Y lo de la interpretación, no le tienta regresar a ella?

Sí, bastante, y hacer de villano, que es para lo que casi siempre me llaman, porque soy alto y estoy gordo y tengo vozarrón, lo que pasa es que uno ya carga una edad y en el teatro se curra mucho, muchísimo, y se paga poco, poquísimo, y en cine (algunos cortometrajes he hecho) no se paga nada, y pasas calor, en el cine se pasa mucho calor, y a mí los amores al arte se me secaron hace un tiempete, a lo mejor por el calor de los rodajes. Vocación de actor no he tenido nunca, me metí a interpretar casi sin querer, y como me dicen que no lo hago mal… Por cierto, Murcia sé que es muy teatrera, cuando llegué aquí hace casi tres años creí que se me iban a rifar las compañías, me di a conocer, y nada. ¡Qué mal!

  • Como usted mismo ha reconocido, ha empezado a dejar de ser un autor de culto, incluso está conociendo más el mundillo literario, ¿cuáles son sus impresiones sobre el mismo?

No, apenas conozco el mundillo literario. Yo soy de relacionarme poco, no me gusta la gente, ni que me cuenten cosas que no me interesan, y aquí todo el mundo se lanza a contar cosas que no le interesan a nadie. Al mundillo literario me asomo cuando no tengo más remedio, pero siempre con un ojo puesto en la puerta de salida para salir pitando en cuanto me impaciente. Prefiero estar más solo que un perro, comerme un polvorón, eructar. De verdad: se habla mucho, se habla demasiado, y para conocer mundillos hay que fingir que escuchas y corresponder con las mismas soplapolleces, y a mí se me da muy mal eso, no tengo la presencia de ánimo suficiente.

  • Confiésenos, si se puede, qué proyectos literarios tiene en el horizonte…

La nueva novela que ya le he dicho, haga el favor de atender a lo que le respondo, oiga, y una nube teatral que se me está instalando y que cualquier día me pongo y la sacudo. Qué rico está el asiático este.

  • Y ya que estamos, ¿qué le puede decir a un lector que no le conozca para que se acerque a esta japonesa calva?

Te vas a excitar, te vas a poner chorreandico, se te va a poner dura, no lo dudes, acude a la japonesa, ve a ella, déjala hacer, son 18 euros, si no tienes dinero, ponte a alquitranar carreteras y vuelve.

Texto entrevista: ©Antonio Parra y Jesús Tíscar, 2018.

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