‘Tigres de cristal’, Entrevista a Toni Hill

Tras la reseña ‘Bajo la doble lupa’ de ayer, completamos el fin de semana con una entrevista a Toni Hill para intercambiar impresiones acerca de ‘Tigres de cristal

Entrevista a Toni Hill, por Jesús Zaplana

1.De qué modo te has documentado para abordar la lacra del bullying, que ocupa un lugar fundamental en la trama de Tigres de cristal?

Para hablar del “bullying” en los 70 no hacía falta mucha documentación, la verdad. Creo que todos lo vimos, lo padecimos o lo practicamos (esto último menos, espero). En cuanto al cyber acoso, ahí sí que tuve que informarme y eché mano de profesores de secundaria y de una psicóloga experta en este tipo de problemas con adolescentes. De todos modos, si uno hace un esfuerzo por empatizar con los personajes, tampoco se requiere mucha más documentación técnica.

2.En tu anterior novela, Los ángeles de hielo, las protagonistas eran un grupo de jóvenes alumnas que habitaban un colegio más que atípico. Con Tigres de cristal repites situando a personajes principales en ese grupo de edad. ¿Qué relevancia otorgas a la adolescencia como etapa vital? 

Es verdad, y en El verano de los juguetes muertos también había adolescentes metidos en un lío. No he reflexionado sobre ello en términos generales; en general se me ocurre una historia y empiezo a trabajar sobre ella sin darle muchas vueltas. Supongo que me interesa esa etapa en la que las personas nos sentimos adultas sin serlo, lo cual nos vuelve casi más vulnerables que a los niños porque rechazamos la protección de los mayores. Es un momento muy turbulento, donde todo se vive de manera más apasionada e intensa, y eso genera tramas que me resultan interesantes, relacionadas con el descubrimiento del sexo, del amor, de los desengaños…

3.¿Crees que el acoso escolar era más fácil de combatir hace cuarenta años, o en la actualidad? ¿Por qué? 

Hace cuarenta años nadie pensaba en combatirlo. De hecho yo diría que se tomaba como una especie de prueba de maduración, como la mili. La educación ha cambiado mucho en estos años, y la relación entre padres/madres e hijos ha evolucionado enormemente. Antes tus padres te preparaban para una vida dura; ahora más bien te protegen para amortiguar esa dureza hasta que seas lo bastante mayor para asumirla. Ahora sí se piensa en el acoso como un problema y se actúa para erradicarlo, aunque, como muchas otras cosas negativas, sigue existiendo.

4.La novela aborda la historia de un barrio y de una generación de hombres y mujeres que escogieron Cataluña como lugar para labrarse un futuro. ¿Por qué escribir de ellos?

La verdad es que la idea de escribir sobre Ciudad Satélite, el barrio ahora conocido como San Ildefonso, está en la misma raíz del proyecto. Quería hablar de esas personas que cambiaron sus vidas, sus lugares de residencia, y de paso también cambiaron el lugar al que se dirigieron: lo hicieron más abierto y mejor. Y la literatura no se ha preocupado demasiado por ellos, o al menos no por estos en concreto. Me apetecía escribir una novela con ellos, sobre ellos, sin “buenismos” nostálgicos ni consignas políticas, sólo siendo fiel a lo que recuerdo del barrio y de lo que intuyo desde mi perspectiva actual.

    5. Tigres de cristal es una novela a dos tiempos, con una trama a finales de los años setenta y otra situada en nuestros días. Tras haber profundizado en ambas épocas, ¿crees que prevalece el contraste entre ambas o bien la vaga sensación de que algunas cosas no han cambiado tanto?

Yo creo que las cosas han cambiado muchísimo, y en general, para bien. Hablaba antes de las relaciones familiares, ahora son mucho más abiertas, más sanas. Existe una mayor tolerancia en cuanto a orientación sexual, entre otros temas. Por otro lado, sí que creo que hemos cambiado una cierta solidaridad de clase por un individualismo que, a veces, se transforma en competencia. En los 70 las fábricas se paralizaban por un despido improcedente… ahora somos mucho menos combativos, quizá porque el estado del bienestar nos aplacó a todos bastante.

6.¿Qué porcentaje de culpa atribuyes al silencio cómplice del entorno de la persona acosada (compañeros de clase, amigos, etc.), que conoce el problema y no sólo no lo denuncia, sino que lo tolera y en ocasiones lo alimenta?

Los testigos silenciosos, o no tan silenciosos, son una gran parte del problema. Estoy seguro de que la manera más eficaz de combatirlo es centrarse en ellos: convencerlos de que el acoso sistemático no tiene gracia, de que la humillación de un compañero o compañera no es algo que pueda ignorarse y que dice más cosas de quien lo comete que de la víctima.

7.El filósofo Thomas Hobbes aseguraba que el ser humano es malo por naturaleza. ¿Crees que ello se puede considerar una premisa válida, o bien se trata de algunos casos excepcionales? 

Nunca he sabido contestar a esta pregunta, ya que los conceptos de bondad y maldad son bastante difusos y cambian en función de las épocas, las creencias y las costumbres, así que no son algo objetivo. Sí creo que en el ser humano hay dos instintos básicos: el de supervivencia y el de “satisfacción”. Estoy convencido de que somos egoístas por naturaleza, y no lo digo en un sentido negativo: tendemos a buscar el placer y huir del dolor. Podemos hacer daño para sobrevivir, por pura necesidad física como hacen los animales, pero también existe la posibilidad de que descubramos que herir a otros nos satisface alguna necesidad interior y que eso se convierta en una fuente de placer. La empatía, la habilidad que corregiría esto, sí que se aprende, y si nadie nos la enseña o no la practicamos, terminamos dejándonos llevar por esos impulsos de los que hablaba antes.

8.En tu novela, unos personajes son claramente identificables como víctimas, otros como verdugos. Pero existe un tercer grupo en que algún protagonista juega ambos papeles simultáneamente. ¿Debemos inferir de ello que a veces ser víctima o verdugo es cuestión de puro azar?

No es que sea azar, es un tema más de que todos cambiamos según el momento. Podemos ser víctimas de nuestro jefe y verdugos de nuestra pareja, por ejemplo… Lo que más me atraía de esta novela, cuando era sólo un proyecto en mi mente, era que el Cromañón, el verdugo acosador, se convertía en víctima, y Juanpe (con la complicidad de Víctor) realizaban el viaje contrario: de víctimas a verdugos. Eso interpela al lector, le obliga a reflexionar en esos papeles que muchas veces se otorgan sin reflexionar mucho. Un titular como: “Dos víctimas de acoso se vengan de su acosador” es muy diferente a “Dos niños de doce años agreden brutalmente a otro”, y ambos serían aplicables en este caso. La auténtica verdad siempre está en los detalles, nunca en los resúmenes o en los titulares.

9.En una etapa de tu vida has ejercido como profesor de secundaria. ¿Te has topado dentro del ámbito escolar con situaciones similares a las narradas en este libro?

La verdad es que no demasiadas. Aprovecho para comentar que no cualquier broma sobre un alumno es acoso, que los motes forman parte de las relaciones en grupo y que a veces lo cohesionan (es un lenguaje propio que los distingue de la clase de al lado). Lo digo porque para dar al acoso la verdadera importancia no hay que convertir cualquier cosa en acoso, aunque los docentes deben estar alerta para que un mote o una broma puntual no se repita de manera humillante o sin que el afectado lo desee.

10.¿Tenías a todos los personajes perfilados de inicio, o has añadido alguno de ellos a medida que el desarrollo de la trama lo exigía?

Suelo tenerlo todo muy pensado, lo que no quiere decir que no sea capaz de cambiarlo si la trama lo requiere. En esta novela lo importante eran los personajes, así que dediqué muchas horas a pensar en ellos, a ponerme en su lugar, para que a la hora de escribir fluyeran de manera natural. A mí me ayuda mucho darles muchas vueltas en la cabeza, “conocerlos” a fondo, antes de ponerme a escribir. También es bueno que se tenga una idea de lo que se quiere contar, más allá de la trama, de cuál es el mensaje de fondo: la verdad que se oculta detrás de un argumento y que el autor va descubriendo a medida que reflexiona sobre el proyecto. A veces no la sabes del todo hasta que llevas más de media novela o hasta el final, y eso te obliga a reelaborar alguna escena. Para mí lo ideal es tener las ideas claras y flexibilidad suficiente para cambiarlas.

11.¿Opinas que, como sucede en la novela, en la vida real algunas personas se sacrifican todos los días para que otras salgan indemnes?

Si se sacrifican conscientemente es porque obtienen algo a cambio, aunque sea simbólico: agradecimiento, lealtad. Si no es consciente, y hablamos en términos más sociopolíticos que individuales, ya estaríamos en temas como el primer y el tercer mundo y otras injusticias flagrantes en las que pensamos poco…

12.¿Por qué deberían nuestros lectores sumergirse en las páginas de Tigres de cristal?

Esa es siempre la pregunta más difícil. Por un lado, les diría que es la mejor novela que yo he podido escribir en este momento, que he puesto en ella todo lo que sé, literaria y emocionalmente. Creo que la historia combina temas serios con una trama adictiva, y toma recursos del género negro para contar un argumento más amplio, de mayor alcance, en el que se refleja la evolución de un barrio, de unos personajes y, en el fondo, de un país.

Texto de la entrevista: © Toni Hill y Jesús Zaplana García, 2018.

Ficha técnica del libro

Título: Tigres de cristal

Autor: Toni Hill Gumbao

ISBN: 978-84-253-5648-3

Editorial: Grijalbo

Año de edición: 2018

Nº páginas: 479

 

Impactos: 210

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