‘Estación de Cáceres’- Ángeles Navarro Peiro

Ángeles Navarro Peiro, colaboradora habitual de SNN, centra este monográfico (reseña+entrevista) para profundizar en su premiada ‘Estación de Cáceres’.

Ficha del libro

Título: Estación de Cáceres (Premio ‘Letras Cascabeleras’ 2018, modalidad de narrativa)

Autora: Ángeles Navarro Peiro

ISBN: 9788494815737

Editorial: Letras Cascabeleras

Año de edición: 2018

Nº páginas: 83

Reseña de la novela ‘Estación de Cáceres

Por Soledad García Garrido

Ángeles Navarro Peiro nació en Madrid en 1943. Doctora en Filología Semítica y catedrática emérita (primera mujer en España en conseguir la cátedra de Lengua y Literatura Hebrea) de la Facultad de Filología en la Universidad Complutense de Madrid, se ha ocupado especialmente de la investigación, docencia y estudio de la literatura escrita en hebreo durante la Edad Media, con especial dedicación a textos pertenecientes al Judaísmo hispánico. Cuenta en su haber con casi un centenar de publicaciones académicas (libros, artículos, colaboraciones, etc.). Al jubilarse en 2014, empezó a escribir ficción. Relatos suyos se pueden encontrar en obras colectivas (Queda la música, Escuela de Escritores 2013; Raíces de tinta, Diversidad Literaria 2016; Cuentos de las estaciones, Valencia Escribe 2018), y en revistas o editoriales de la red (Solo novela negra, Valencia escribe, Black and noir). Colabora en la revista Solo novela negra. Entre otras menciones, se pueden destacar: Finalista en el IX concurso de RNE-Fundación La Caixa, 2017. Primer premio del III concurso Letras Cascabeleras (2017) de narrativa por la novela corta Estación de Cáceres, publicada en mayo de 2018. Autora del libro de relatos: La Alejandrina (Madrid, 2017, Ed. Diversidad Literaria).

Estación de Cáceres es una novelita que huele a Nenuco y huele a metralla a partes iguales. Escrita con sencillez y delicadeza pasa de puntillas, debido a la longitud de la obra, por distintos conflictos de la segunda mitad del siglo XX y del momento que vivimos. Se ubican los relatos que la componen en diferentes escenarios geográficos, aunque uno solo es el que mantiene el hilo de la historia: la cafetería de la estación de trenes de Cáceres. Desde allí, don César Núñez de Toledo recordará distintos capítulos de su vida, convertido en el fotógrafo y reportero Larry Owen, así como nos hará vivir sus temores en la propia estación ante la visión de un personaje que espera en la misma, el argelino.

La novela mantiene la estructura de cuentos o relatos enmarcados, al estilo de la célebre Las mil y unas noches, de modo que Don César se convierte en Sherezade para narrar en cuentos hilados sus memorias. Pero me atrevería a decir más, Ángeles Navarro, la autora del libro, se viste de don César para dejarnos retazos de su vida que, si bien enganchan al ser leídos, dejan absorto a quien tiene el placer de escucharlos de su boca, como, por ejemplo, cuando en 1973 pasó ella sola al otro lado del muro de Berlín para consultar el manuscrito hebreo en el que se basaría su tesis doctoral y vivió en el Checkpoint Charlie una experiencia similar a la relatada en el libro.

Estación de Cáceres huele también a cine, sobre todo a cine negro. Por eso, no puedo aconsejar más que sentarse en una cómoda butaca y dejarse llevar de los fotogramas que se quedarán grabados en la retina del lector y que paladeará hasta unas horas después de finalizada la lectura.

Estación de Cáceres es clara merecedora del Primer Premio del III Concurso “Letras Cascabeleras” en la modalidad de narrativa y ha sido editada por la Asociación Cultural “Letras Cascabeleras”, cuya labor conozco y aplaudo enormemente. Presiento que las aventuras de don César no han llegado a su fin y que Ángeles Navarro, su creadora, nos dará una grata sorpresa pronto.

Texto reseña: ©Soledad García Garrido, 2018.

 

Entrevista a Ángeles Navarro Peiro

  • ¿Te documentaste realizando trabajo de campo antes de escribir la novela? ¿Has viajado a Cáceres en tren alguna vez? ¿Cómo fue la experiencia?

No tuve que documentarme apenas. Desde el principio quise que el hilo conductor del relato se desarrollara en una estación de tren de una ciudad pequeña que yo conociera. Conté además con las fotografías de todo el recinto que me proporcionó mi querida amiga cacereña, Soledad García Garrido.

Respecto a viajar en tren a Cáceres, lo he hecho varias veces. Puede resultar toda una aventura. Los retrasos y las averías ocurren casi a diario. No es inusual comenzar el viaje en tren y terminarlo en autobús. Incluso una vez tuve que caminar un rato entre las vías tirando de la maleta.

  • En ‘Estación de Cáceres’ identificamos a personajes zarandeados por la vida, marcados por oportunidades perdidas que les obligan a reinventarse y asumir las consecuencias de sus actos. ¿Crees que ese perfil de protagonista está más en boga hoy en día en literatura que el del rutilante superhéroe?

No me gusta generalizar, pero la sensación que tengo es que los superhéroes, esos seres invencibles, perfectos en sus decisiones, siempre dispuestos a hacer lo correcto y lo que es bueno para sus semejantes, son personajes relegados al mundo del cómic, e incluso en ese mundo existe actualmente una tendencia cada vez mayor a mostrar sus debilidades.

Respecto a César, el protagonista de Estación de Cáceres, quizás su principal debilidad es la cobardía. Una cobardía que no le impide exponer su vida en situaciones peligrosas —no tiene miedo ante una posible amenaza terrorista, por ejemplo—, sino que se trata de una cobardía vital, ante el amor, ante las mujeres, ante el compromiso, lo que le lleva a acabar en soledad buscando la compañía que le ofrecen los empleados de una cafetería de estación y la comunicación esporádica con viajeros accidentales.

  • Algunos fragmentos de la novela me han recordado a Agatha Christie —pienso concretamente en ‘Asesinato en el Orient Express’— o a John Le Carré; ¿ha sido algo deliberado o fruto del mero desarrollo de la trama?

No pensé en ninguno de los autores que mencionas al escribir el relato, aunque, como es sabido, lo que leemos puede influir en lo que escribimos. En mi juventud leí casi todas las novelas de Agatha Christie. Cabría preguntarse quién no las leía en aquella época. También he leído bastante de John Le Carré. Es posible que el episodio de Estación de Cáceres que se desarrolla en Berlín, «Al otro lado del muro», y que tiene lugar durante la guerra fría, pueda recordar algo las historias del novelista británico, pero de ser así, se debería a la similitud del tema y no a algo deliberado por mi parte.

  • ¿Hay algún aspecto biográfico en esta novela que nos puedas revelar, o es íntegramente fruto de tu imaginación?

Sí que lo hay y eso que la figura del protagonista nada tiene que ver conmigo. Es un hombre y periodista. Pero sí que tiene la misma edad que yo, por lo tanto conozco la época que ha vivido. Como todos los personajes que en el mundo han sido, César, mi reportero, es un ladrón de recuerdos. Me explico. Cuando ideamos un personaje, cuando va ocupando nuestra mente, pienso que pronto se encuentra a sus anchas, como en su casa, y, con mucha desvergüenza, se apodera de los recuerdos que le gustan o simplemente le convienen.

El protagonista de Estación de Cáceres se adueñó del barrio de Madrid donde se desarrolló mi niñez y juventud, el centro de la ciudad (Gran Vía, Alcalá, Puerta del Sol, calle Mayor, entre otras) así como del entorno de la Ciudad Universitaria.

También cogió lo que quiso de los recuerdos de algunos de mis viajes. Aunque él va a Israel en el año 1967 y de ese modo puede ser testigo de la Guerra de los Seis Días, yo había estado justo un año antes. Como él, hice el viaje en un barco turco desde Barcelona a Tel Aviv. Un ambiente de tensión prebélico se respiraba en Israel. Cascos azules de la ONU aparecían por todas partes. Jerusalén estaba dividida en dos, una parte árabe y una parte judía, en realidad todo el país lo estaba.

De nuevo mi personaje se apoderó de los recuerdos de un Berlín partido por el muro. Allá viajó el mismo año que lo hice yo, en diciembre de 1973, en busca de un manuscrito. Su paso al Berlín este, capital de la RDA, es similar al que viví yo. Y su miedo como el que sentí yo, sola, al atravesar un trecho de la Friedrichstrasse entre dos filas de soldados con metralletas. Por supuesto que el resto del relato, la historia de espías de «Al otro lado del muro» es ya pura ficción, a lo John Le Carré, según te pareció a ti.

  • En tu opinión, ¿cuáles son los factores que propician el gran interés que suscita el género noir dentro de la literatura actual?

Creo que la novela de intriga o suspense y la de tipo policial, que suelen englobarse dentro del género negro, siempre han despertado muchísimo interés. De hecho, durante décadas gran parte de los best sellers han pertenecido a ese género. Es cierto que últimamente proliferan los festivales y los premios literarios dedicados a temas de noir. Existe indudablemente una corriente que tiende hacia lo más oscuro del negro y que también se distingue por su forma de expresión. Creo que los escritores actuales que podríamos considerar más «noir» se esfuerzan en utilizar un lenguaje que no solo intenta ser fiel reflejo de la lengua de «la calle», sino que además pretende ser original y transgresor. Y desde luego hay quienes consiguen elaborar obras francamente interesantes, aunque quizás escapen de la comprensión del lector medio. Pero eso ya es cosa de cada escritor. Cada uno escoge a quién dirige su obra, si desea que llegue a todo el mundo, lo cual no implica en sí un descenso en la calidad literaria, o que lo que escribe quede restringido a un círculo algo menor de fans de un determinado género.

Por mi parte, puedes llamarme tranquilamente «conservadora» a este respecto, porque me encanta la novela negra/policial europea, al estilo de las obras de los quizás, para mí, más grandes, Mankel, Markaris o Camilleri. A los que añadiría Jo Nesbø, Bernard Minier, Fred Vargas, Benjamin Black, Philip Kerr, entre otros. No entro a valorar aquí a los españoles entre los que hay también, por supuesto, fantásticos novelistas negro/policiales.

  • En la novela hay un claro mensaje en torno a los prejuicios y las falsas apariencias. ¿Crees que vivimos en una sociedad superficial, donde siempre es más fácil presuponer que tomarse el tiempo de descubrir a las personas?

Pienso que más que la superficialidad, que también, lo más negativo en nuestra percepción del otro, del diferente, es el miedo. Un miedo irracional, quizá inconsciente, a que ese otro nos arrebate lo que tenemos, aunque sea poco, ya sea de modo violento o simplemente ocupando, por ejemplo, puestos de trabajo que creemos que nos corresponden. Si una persona de nuestra comunidad comete un robo, lo consideramos un acto individual, no generalizamos pensando que todos somos unos ladrones. En cambio, cuando comete el crimen alguien de una comunidad diferente, entonces ahí sí que existe el peligro de tender a la generalización: es que todos ellos son unos ladrones. Máxime si los actos cometidos por unos pocos han sido cruentos y han causado gran dolor a nuestra sociedad, entonces ya nos permitimos mirar con recelo y sospechar incluso de toda una etnia.

  • La historia deja un poso nostálgico, que invita a pensar que para César, el protagonista, cualquier tiempo pasado fue mejor; ¿te identificas con esa idea?

En absoluto. Ni mejor ni peor, solo diferente. Actualmente estoy disfrutando muchísimo de la jubilación, tanto a nivel familiar, especialmente con mis hijas y mis nietos, como personal, ya que puedo hacer lo que siempre quise y nunca conté con el tiempo suficiente para hacerlo: escribir ficción.

  • Tras una larga trayectoria de publicaciones académicas, tu carrera como escritora de ficción se ha iniciado en tiempos relativamente recientes. ¿Cuáles son tus proyectos a corto y medio plazo?

Seis mujeres escritoras de muy diferentes edades, profesiones, incluso nacionalidades, hemos elaborado un libro de relatos pertenecientes al género negro, titulado Seis tonos de negro. Algunas, como Marian Peyró, Silvia León o Yolanda Gil Jaca, son conocidas de esta revista en la que han colaborado con relatos o micros. Ahora estamos en la fase de corrección y de búsqueda de editorial. Esperemos que haya suerte y podamos verlo pronto publicado. Creo que la obra contiene textos muy buenos.

Más a largo plazo, me gustaría ampliar las andanzas del protagonista de Estación de Cáceres. Se trataría de una aventura crepuscular, quizás una irrupción del pasado de César en la ciudad de Cáceres donde vive tan apaciblemente. De hecho, ya estoy con ello. Veremos qué pasa.

  • Cuenta brevemente a nuestros lectores de SNN por qué no deberían perderse ‘Estación de Cáceres’.

Es un libro pequeño, de pocas páginas. El lenguaje es muy claro y se lee con facilidad. Además, creo que la intriga se mantiene a lo largo de toda la historia porque el comentario prácticamente unánime de quienes lo han leído es que una vez que lo empezaron a leer, les atrapó de tal modo que no lo pudieron dejar de hacerlo hasta acabarlo.

Para terminar quiero agradecer a la revista Solo novela negra y a su director, Jesús Zaplana, la oportunidad de poder presentar ante sus lectores esta última obra mía publicada, Estación de Cáceres.

  • Ha sido un verdadero placer, Ángeles. Gracias a ti.

Texto Entrevista: © Ángeles Navarro Peiro y Jesús Zaplana García, 2018.

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3 thoughts on “‘Estación de Cáceres’- Ángeles Navarro Peiro

  1. ¡Felicidades Angeles! No nos conocemos aún personalmente, espero que en algún momento nos podamos ver para poder abrazarte pero estamos siempre en contacto compartiendo. Estoy ansiosa por leer ” Estación de Cáceres”. Eres una referencia muy importante para todos los que amamos la Literatura . Besos querida maestra.

  2. ¡Felicidades Angeles! No nos conocemos aún personalmente, espero que en algún momento nos podamos ver para abrazarte pero estamos siempre en contacto compartiendo. Estoy ansiosa por leer ” Estación de Cáceres”. Eres una referencia muy importante para todos los que amamos la literatura . Besos querida maestra.

  3. Con gusto acudo a comprar el libro. Recuerdo con deleite cómo en sus clases era capaz de transportarnos y hacer un auténtico sacramento: los poemas del medievo hebreo hacían tangible lo intangible de una época.
    Gracias Ángeles.

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