Coraje de mujer (parte 2) por Violeta Evori

Cuando Maruja salió del hospital donde había estado ingresada unos meses, por su cabeza solo rondaba una obsesión y, esta era, buscar al artífice de su desgracia, para cobrarle en efectivo la deuda que había contraído con ella.

Al entrar en la sala de urgencias, los médicos creyeron en un primer momento que no existían muchas probabilidades de salvarle la pierna. Pese a que el corte era limpio, a ellos les faltaba experiencia. El único cirujano que la tenía acababa de ser trasladado a otro centro en una ciudad cercana. Confiaban en la suerte para que la mujer aguantara unas horas hasta dar con el mencionado doctor.

Compañeros dijo la Dra. Ríos alzando la voz. Si la obra de arte que aquí se necesita, no la hace el Dr. Alegre, difícilmente podremos salvarla—, no digo ya la pierna, si no a esta mujer.

Todos se miraron con caras circunspectas, porque no ignoraban cuánta razón llevaba la facultativa.

Contacten con él añadió el enfermero que cargaba con la extremidad de la joven, si tiene tiempo seguro que se brindará a hacerlo, en caso contrario, no tendrán más remedio que operar ustedes, pero por favor dense prisa, no creo que la señora pueda aguantar mucho más en esta situación. Al momento la camilla donde reposaba Maruja casi voló por los pasillos conduciéndola a los quirófanos.

Por fortuna, el médico no se había desplazado todavía a la otra ciudad. Como no podía ser de otra manera, acudió ¡ipso facto! para ponerse al mando del que había sido su equipo hasta hacía unos días.

La operación se hizo con rapidez y profesionalidad, pero una bacteria de ese tanto por ciento que suelen producirse en los hospitales se había incrustado entre las dos partes de la pierna impecablemente reconstruida. Al día siguiente, a la enferma no le bajaba la fiebre y su frecuencia cardíaca era exageradamente alta, por lo que enseguida pudieron detectar que aquella intrusa, empezaba a provocar situaciones peligrosas. La infección debía ser cortada de raíz a la mayor brevedad posible o la enferma corría el riesgo de no superarlo. De nuevo la mujer tuvo que ser trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde permaneció más tiempo del calculado en un principio.

Se cuenta en el refranero popular que: <<A quien nace para martillo, del cielo le caen los clavos>> así fue como en aquella rifa, Maruja volvió a ser la ganadora.

Mientras permaneció en la cama del hospital, no dejó de planear como iba a llevar a cabo su venganza. No pensaba esperar demasiado tiempo para realizarla, por eso, en cuanto acabó los ejercicios de rehabilitación, un día al caer la tarde se plantó en la calle parando al primer taxi que bajaba por la avenida.

¿A dónde le llevo, caballero? dijo el taxista al abrirle la puerta del coche a un hombre vestido con cazadora de piel, mostacho, perilla, gafas oscuras y una gorra de visera.

A la calle del Infierno, número 2. Por favor.

Había practicado en infinidad de ocasiones para que su voz sonara ligeramente varonil y se sentía orgullosa de los logros obtenidos.

Al bajarse del vehículo, no sin cierta dificultad, Maruja vio al camarero que salía con una bolsa de basura, momento que ella aprovechó para introducirse en el bar, dirigirse al mostrador y apoderarse del mismo sable que estuvo a punto de matarla no hacía demasiado tiempo. Un ligero malestar empezó a rondarle por la extremidad reconstruida, ella se dio un suave masaje y todo volvió a la normalidad. De inmediato salió por la puerta de atrás dirigiéndose a los servicios que se encontraban en el exterior del establecimiento y se introdujo en el de señoras, desde donde podría divisar sin ser vista todo lo que ocurriera a su alrededor. Sabía que su agresor pasaría delante de ella tarde o temprano. Era su costumbre vaciar la vejiga al dar por finalizada la juerga por ese día.

¡De pronto lo vio!

Las tripas se le revolvieron y se agarró la pierna para darse valor, mientras esperaba que el hombre se introdujera en el lavabo de caballeros.

<< ¡Maruja… ahora o nunca>>! exclamó, muerta de miedo.

Él casi no tuvo tiempo de enterarse de lo que se le venía encima, porque ella de un empujón abrió la puerta, con los dientes apretados y sujetando el arma con todas sus fuerzas, le asestó un golpe brutal cortándole, de un solo tajo, el trozo de colgajo del que siempre se había sentido tan orgulloso. El hombre cayó al suelo y empezó a revolcarse como lo que en realidad era… ¡un cochino!

Maruja cogió aquel trozo de carne. ¡Por dios… que asco! murmuró. Abrió la tapa del inodoro, lo echó dentro y, a continuación, tiró de la cadena.

<<Y ahora maldito… por ahí te pudras>>.

Se quitó el disfraz para que pudiera reconocerla. Los guantes y demás prendas las introdujo en una mochila. Dejó el sable apoyado en la pared, salió del habitáculo, cerrando la puerta y echándose la llave al bolsillo. Sabía que nunca se había hecho un duplicado.

Una sonrisa maliciosa asomó a sus labios, cuando miró al cielo cuajado de estrellas que parecían observarla.

<< ¡Ojo por ojo… diente por diente!>>. Enseguida, la joven se sintió liberada del odio que le corroía las entrañas.

De nuevo un taxista le preguntó: ¿A dónde la llevo señorita?

Al aeropuerto, si es tan amable. Gracias.

Una vez dentro del avión, Maruja solo pensaba en su madre, sabía que a ella no le gustaban las venganzas, pero en aquella ocasión estaba segura de que:

¡Había valido la pena llevarle la contraria!

 

©Relato: Violeta Evori, 2021.

 

 

 

 

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1 pensamiento sobre “Coraje de mujer (parte 2) por Violeta Evori

  1. Relato estructurado con mucha sensiblidad y sagacidad y las secuencias narrativas elaboradas con maestría y concisión.

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