Concurso Homenaje a los clásicos, Un trabajo sencillo por Jon Cabrera

Extracto del relato presentado por Jon Cabrera para el Concurso Homenaje a los clásicos

 

(Relato fuera de concurso por publicación en otro medio)

 

Un trabajo sencillo

 

—Quiero que localice al asesino de mi marido y lo traiga aquí, señor Harris. No me importa cómo lo consiga, solo quiero tenerlo ante mí para que pueda rendir cuentas.

La señora Murray no era de las que se andaban por las ramas. Apenas después de un protocolario “buenas tardes” ya había desvelado el motivo de mi visita. Acostumbrado a tratar con timadores y tramposos que ocultaban mucho más de lo mostraban, se agradecía encontrar a alguien que llamara a las cosas por su nombre.

Cuando la señora Murray insistió en vernos en su mansión de Cold Heights, acepté sin rechistar. Mi oficina en Kennelhood que, dicho sea de paso, también me servía de apartamento, no era el escenario más adecuado si quería causar buena impresión. Desde que recibí su llamada supe que no sería un caso como los demás. El perfil de la señora Murray tampoco se ajustaba al del cliente tipo. La dirección que me proporcionó para nuestro primer encuentro estaba en las antípodas de los bajos fondos propios de mi oficio. Tampoco es habitual que, en lugar del cliente en persona, fuera un mayordomo impecablemente uniformado quien se encargara de recibirme.

Con toda la formalidad que cabía esperarse, el sirviente me pidió el abrigo y me rogó que apagara el cigarrillo mientras me extendía, solícito, un cenicero. Por supuesto, accedí; también dejé en aquel recibidor cualquier atisbo de ironía y cuanto comentario mordaz se me pudiera ocurrir. Si quería que esa no fuera la única puerta que se me abriera en Cold Heights tenía que demostrar que sabía comportarme en esos ambientes.

Tuve que reprimir un gesto de sorpresa cuando entré en el salón en que me estaba aguardando la señora Murray. En esa estancia podían acomodarse holgadamente diez oficinas como la mía. No faltaba un detalle de cuanto se espera encontrar en el caserón de una familia de rancio abolengo: lámpara de araña, paredes adornadas con retratos de antepasados, muebles antiguos, alfombra kilométrica… y, en medio de la habitación, mi anfitriona. Una anciana menuda, con una expresión profundamente triste, pero con un porte que anunciaba una elegancia de las que no se aprenden. Estaba claro que no era la esposa de un nuevo rico, esa prestancia solo podía ser el resultado de generaciones sabiéndose mejor que el resto. Me esperaba, orgullosamente erguida, sentada en un sillón de esos con nombre de rey francés. Tomé asiento a su lado en una silla a juego y entonces me reveló en qué consistiría mi trabajo.

—Disculpe, señora Murray —dije haciendo acopio de todo el tacto del que era capaz—, pero, antes de entrar en detalles, me gustaría saber por qué recurre a mí.

(Continuará)

 

©Concurso Homenaje a los Clásicos: Jon Cabrera para Solo Novela Negra, 2020.

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