White & Black por Luis Pacheco Granado

La bala derribó al hombre con el machete en la mano.

Era grande, de material rojo. Cuando tú ves a un negro cargando una maleta con mucho sigilo es que está en algo malo. Sentenció la vieja de los espejuelos en la cola del pan: Con esas trenzas y la barba parece el diablo. Se persignó la gorda. El del tabaco las miró y haciendo una mueca: En mi pueblo un brujo que se vestía igual, todos los viernes santo se robaba un niño pa arrancarle el corazón: ¡Jesús María!  Entonaron aquellas. Masticando la breva ydándose importancia continuó su historia. Lo cogieron porque le robó el hijo a un capitán del ejército. Ahí sí que la policía actuó rápido. Imagínate el hijo de un jefe. Encontraron la cabecita en el refrigerador.

Al fin llegó hasta la puerta, la  maleta pesaba demasiado y venía caminando desde muy lejos. Era muy riesgoso coger un transporte público y menos un taxi, como siempre,  no tenía dinero. Con las primeras gotas de lluvia entró a la casa, no sin antes mirar a todos lados.

La pelota de colores impulsada por el niño iba de una esquina a otra, mientras la abuela con el plato de comida en una  mano y la cuchara en la otra sudaba a mares persiguiéndolo. Mira nene si no te comes toda la papa el negro aquel te va a llevar en su maleta. El pequeño quedó paralizado, levantó la cabeza y lo vio.

Varios días después en la cola de la leche. Lleva como cuatro viernes haciendo lo mismo y los sábados tempranito vuelve a salir con ella. La otra vez sentí unos gritos y quejidos, pero con esa música tan alta que pone. Los espejuelos le rodaron por la nariz. Tengo que ponerle un cordelito. A los espejuelos, claro. Si, como tú vives enfrente. Dijo la gorda mientras jugueteaba con un paquete de galletas de chocolate. Manuel las miró muy serio y quitándose el tabaco de la boca. Ese es un negro malo. Se los digo yo.  No se parece a los de la esquina. Los González, tan decentes, bien vestidos y que uno de ellos es gerente de una empresa importante  No es que sea racista, pero la verdad es que da que pensar…  ¿Les conté del brujo de mi pueblo?

Mamá me tiene predispuesta con ese tipo, tan misterioso y con esos collares. Hasta Júnior ha tenido pesadillas. Anoche se orinó en la cama y yo que pensaba que no lo iba a hacer más. Estuvo llorando todo el tiempo.  El hombre dobló el periódico y lo puso a un lado. Tu madre que lo cuide. Nosotros estamos en el trabajo todo el día. En estos tiempos hay mucha maldad en la calle. Uno no puede confiarse de nadie. Eso que me cuentas es preocupante. El tipo ese vive hace poco en el barrio y como dice tu madre que comentan que puede ser un roba niños. Debían avisarle a la policía. No dijo más y volvió al diario muy interesado en un titular escrito en grandes caracteres en la página cultural: “Nueva Revista dedicada a Solo Novela Negra ya está a la venta en todo el país”.Qué bien. Siempre me ha gustado leer de temas policiacos. Pensó mientras subía los pies en un cojín.

A los cinco minutos del hombre cerrar la puerta escucharon la música. Uno de mis nietos me dijo que eso era lok, crok o algo de eso satánico y  que tú las pones al revés y te dicen de muertes, cuerpos sin cabeza y brazos arrancados. Hoy es viernes santo. Comentó Manuel quitándose el tabaco de la boca.

El cuerpo cayó con un agujero en la frente,  mientras se escuchaba un ¡CARAJO! que fue rebotando entre las paredes y la pequeña figura que rodaba sin rumbo por el piso.

Lo mataron. El negro sacó un machete y el policía ¡PUM! El jefe lo regañó porque tenía que tirarle a una pata. El mulato hizo silencio. Fue uno de los testigos oficiales de la policía. ¿Pudieron salvar a la criatura? Lengüeteó la gorda chupando un caramelo. ¿El niño? Se sorprendió el testigo y con una amplia sonrisa en los labios. ¡Miren para allá!

Vieron el menudo cuerpo envuelto en una sábana, acompañado de dos enormes agentes. El “niño”, el “famoso niño”. ¡Es una enana! Dijo triunfal el mulato como si acabara de descubrir la teoría de la relatividad, para luego exclamar. ¡Una enana albina y se la estaba durmiendo!  Vete a saber por qué diablos siempre la traía escondida en la maleta esa.

 

Relato: © Luís Pacheco Granado, 2019.

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