“Vivir es adentrarse en una jungla”

Barroso Benavente es un escritor que se gana la vida impartiendo clases: hasta aquí nada nuevo, porque contar historias es algo más que una afición en la que el sufrimiento del autor (olviden a Pirandello) por encontrar al editor podría desembocar en ansiedad ante un panorama desalentador -la mayoría de las veces-. Pero en el caso que nos ocupa este escritor lleva unos años de intenso proceso creativo, de “darle a la tecla a ver qué sale”, usando una de sus coletillas, aunque contrariamente a lo que pudiera parecer, Barroso Benavente es un escribidor que deja poco espacio a la improvisación. Capisci?

Interior. Habitación en penumbra. Primer plano de una mesa. Un ordenador encendido, el cursor martillea, inmisericorde, el espacio en blanco, y un hombre con los ojos fijos… Continúe la historia

… de fondo suena algo de jazz clásico (años 30) y junto al teclado hay un cenicero y una taza de café. El baile está por empezar, la hora de las brujas podríamos llamarla, esa en la que los demonios y fantasmas que todos llevamos dentro salen a ajustar cuentas y cada uno los combate como puede. Ya se sabe, unos a golpe de alcohol (clásicos con tintes dickensianos de estos de derrota, bar y callejones fríos de madrugada entre la bruma), otros de la mano de ansiolíticos (la química debajo de la lengua a veces es la única solución a mano para escapar de la realidad) y la minoría, como el que suscribe, contando el martilleo del cursor sobre un fondo en blanco, como si fueran cazadores rastreando las huellas de una presa difícil sobre la nieve. Aunque en esa ocasión la presa, en gran parte al menos, somos nosotros mismos al vaciarnos sobre el papel.

Las Letras son una de las bellas Ciencias, ¿se podría decir que las consonantes maridan con las vocales precipitándose y obteniendo un sólido a partir de una disolución que se llama historia?

Yo diría que maridan para dar un sólido que llamamos tinta. El resto es el andamiaje que empleamos para construir la historia. Hablando de Ciencias, el gran Gauss decía que la demostración matemática era una obra perfecta una vez que se quitaba precisamente eso, el andamio de tachones, hipótesis y teoremas. En el caso de la literatura, viene a ser lo mismo. La historia, en según que casos, es la obra perfecta. El andamiaje lo forman los capítulos, párrafos y demás que sirven para dar forma a la tinta; y ésta es la hija bastarda del romance vocálico-consonante.

¿Negro por convicción? Supongo

Por convicción y obligación, podríamos decir. Aunque lo veamos del mismo color, hay distintos tonos de negro. Desde el negro descafeinado de Puzzo y su versión romántico del mundo del hampa, al negro sin escrúpulos de Lapidus. Sólo es cuestión de elegir uno de los extremos y decidir qué contar. El binomio convicción-obligación podría resumirse a eso. Aunque yo añadiría un par de conceptos más. Negro por necesidad, por esas ansias de ponerse de vez en cuando en la piel del malo de turno, por muy inspirado en hechos reales que se esté. Ya sabemos que lo prohibido gusta, y si no que se lo pregunten a los que levantaron un imperio con la Ley Seca. Negro porque la vida en color de rosa empalaga. O mejor dicho, decepciona. Si uno pretende que su vida sea una novela romántica, antes o después se dará de morros con la realidad. Vivir es adentrarse en una jungla. Y puestos a hacerlo, mejor con la mirada derrotada de un personaje de Chandler, un cigarrillo apagado en la boca y una petaca con ginebra para pasar el mal trago.

La vida supera al mejor de los guionistas y al peor de los escritores…

Siempre. Y más en los tiempos que vemos. La historia se repite. Es cíclica. Los que parten el bacalao siempre son los mismos y si sus métodos han sido útiles para sus propósitos una vez, lo seguirán siendo siempre.

¿Podrían vivir el kraken y las sirenas sin el otro? ¿también son objeto del deseo más negro?

Sería imposible. De hecho, el que suscribe es un kraken prendado de dos sirenas. Una de carne y hueso y otra de tinta en el brazo izquierdo. La disolución la veo complicada. Sobre el deseo, hay muchos entre nosotros, pero sobre el negro digamos que sí. Lo que sale de mi teclado muestra eso. La desesperación por verla, por reencontrarnos, o simplemente por hacerla reír. Lo único que entre nosotros hay un código propio con guiños que solo nosotros conocemos. Puede leerlo quien quiera, darle la interpretación que le parezca, pero entre este kraken y su sirena el mensaje es otro. Códigos, omertá, esas cosas negras que uno escribe pero con otros fines que van más allá de ajustar cuentas a un lengua o volcar un alijo a pie de playa.

Empiece un relato con un verso endecasílabo

Un revólver, un verso, un disparo…


La cámara se aleja. La penumbra desaparece de la habitación. El escritor apaga el ordenador, pero la historia continúa martilleando. Fundido a negro. ¿Se acaba la historia?

Nunca, siempre hay algo que contar.

El autor

Ignacio Barroso Benavente (Madrid, 1984) es licenciado en Ciencias Químicas por la UCM y doctor en Ciencia e Ingeniería de Materiales por la UC3M. En la actualidad colabora con la revista digital SoloNovelaNegra.com. También ha colaborado en revistas del género como Fiat Lux y Revista Calibre .38. Escritor insomne, con cierta adicción morbosa por esto del género negro. En su blog https://nachonoir.wixsite.com/misitio  suele colgar (con periodicidad bastante irregular) relatos al más puro estilo hardboiled (aunque alguna vez ha pecado dejándose llevar a otros registros como el relato erótico. Ha publicado Barro. Ceguera. Silencio (Amazon, 20017), Fragmentos, sueños y derrotas Vol. 1 (Amazon, 2017) y 20 Cigarrillos (Amazon, 2018).

Publicación © Solo Novela Negra- Todos los derechos reservados

 

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