Entrevistamos a Rocío Juarez por Beckett & Hawk

Rocío Juárez (Almería, 1980) es cineasta, escritora y divulgadora, una autora que ha hecho de la exploración de la conducta humana y de los conflictos sociales el eje de su trayectoria creativa. Su trabajo en el cine, la literatura y la divulgación le ha valido diversos reconocimientos y la ha consolidado como una de las voces más interesantes del panorama noir actual.

Su última obra, Palabra de asesino, propone un inquietante viaje al interior de la mente criminal a través de confesiones y testimonios inspirados en palabras reales de asesinos. Lejos de juzgar o justificar, la novela invita al lector a sostener una mirada incómoda sobre el mal y a reflexionar sobre los límites de la empatía y la comprensión.

 

1. Palabra de asesino invita al lector a escuchar la voz del criminal sin filtros. ¿Qué descubriste sobre ti misma al permanecer tanto tiempo frente a esas voces?

Cuando empecé a recopilar los testimonios reales de asesinos, a investigar no solo sus crímenes, sino también sus vidas, no lo hice con ninguna intención concreta. Simplemente quería comprender quién había detrás del crimen, conocer sus intenciones. Pero, conforme avanzaba en la escritura, ocurrió algo que no esperaba: llegó un momento en el que ya no era yo quien los miraba a ellos, sino ellos quienes me miraban a mí. Y eso es difícil de explicar. No porque llegues a empatizar con el asesino, sino porque empiezas a cuestionarte la naturaleza del mal, qué puede llevar a una persona a cometer determinadas atrocidades y hasta dónde influyen la vida y sus circunstancias.

Permanecer frente a esas voces no ha sido fácil y menos aún ponerse bajo su piel. Sin embargo, y aunque suene políticamente incorrecto, también he descubierto que las echo de menos. Palabra de asesino no cierra esa conversación; al contrario, siento que es solo el principio. Porque, más que escuchar a los asesinos, lo verdaderamente importante es escuchar todo lo que sus historias nos obligan a preguntarnos sobre la conducta humano y sobre nosotros mismos.

 

2. Tu trayectoria en el cine y la literatura parece converger en esta obra. ¿Hubo alguna escena que escribieras “viéndola” antes como cineasta que como novelista?

Todas. De hecho, quienes han leído cualquier de mis obras dicen que una de mis señas de identidad es precisamente esa: mientras leen, sienten que están viendo
de primera mano, una película. Pero no porque escriba como un guion, sino porque mi forma de escribir es muy cinematográfica. Es algo que me sale de manera natural. Cuando escribo, el lector no solo conoce lo que ocurre; puede ver cada gesto, sentir los silencios, percibir la tensión y entrar por completo en la escena. Con esa forma de narrar he creado mi propio sello personal.

El lector tiene la sensación no solo de verlo absolutamente todo, sino de vivir la historia desde dentro. En cierto modo, rompo esa cuarta pared dentro de la literatura. El lector deja de ser un observador para formar parte de lo que está ocurriendo y, en muchos momentos, acaba enfrentándose también a sus propios límites. Para mí no existe otra forma de escribir. Es la manera en la que entiendo las historias, tanto detrás de una cámara como delante de la temida página en blanco.

 

3. El libro plantea una pregunta incómoda: hasta dónde estamos dispuestos a acompañar al asesino. ¿Cuál fue tu propio límite al escribirlo?

Me encanta que me hagas esa pregunta. Ninguno. Si te enfrentas a un proyecto como este, no puedes hacerlo con límites. Tienes que estar dispuesta a descubrir incluso aquello que preferirías no haber encontrado. Creo que también se lo debemos al lector. Cuando una escribe, desnuda su mente, su alma y su corazón, y se lo entrega al lector para que lo reciba como cada uno necesite recibirlo.

Esa honestidad, para mí, es irrenunciable. Con Palabra de asesino he roto con muchas de las “normas”. He escrito sin censura, de una forma absolutamente visceral, dejando que todo lo que llevaba dentro encontrara su sitio en el papel. Probablemente sea una de las obras en las que más me he desnudado como autora. Y, curiosamente, esa libertad también ha sido una forma de reconciliarme con la escritura. Me ha hecho sentir muy bien. Ahora sé que no quiero escribir de otra manera.

 

4. ¿Crees que comprender el mal puede ayudarnos a prevenirlo o solo a mirarlo de frente con mayor honestidad?

Sí, lo creo. Comprender el mal no significa justificarlo; significa aprender a reconocerlo para poder prevenirnos de él y estar preparados cuando se cruce en nuestro camino. Pero también creo que hay que mirarlo de frente. Quizá no tanto con honestidad como con respeto. El mal merece respeto porque existe y porque ninguno de nosotros está completamente a salvo de él. A veces lo imaginamos en los grandes criminales, cuando, en realidad, también puede manifestarse cada día en formas mucho más sutiles: en la manipulación, el abuso, el narcisismo o las relaciones tóxicas.

Yo misma aplico esa idea a otros aspectos de mi vida. Siento la necesidad de conocer aquello que me inquieta, no solo para entenderlo, sino para aprender a convivir mejor con ello y estar preparada para defenderme. Porque no podemos protegernos de aquello que decidimos ignorar.
Creo que hay que ser valientes. Mirar el mal de frente, comprenderlo y respetarlo es la única forma que conozco de reducir su capacidad para sorprendernos.

 

5. Tras Septem y tu cortometraje El método M.O., ¿sientes que esta obra cierra una etapa creativa o abre una nueva exploración?

No siento que cierre una etapa; al contrario, siento que la consolida y abre una nueva. Palabra de asesino es la evolución natural de un camino que llevo recorriendo desde hace años, tanto en el cine como en la literatura. Siempre he sentido la necesidad de investigar, de comprender la mente humana y de explorar esas zonas incómodas que muchas veces preferimos evitar.
Si miro atrás, todas esas obras forman parte de un mismo universo creativo que me ha permitido dar un paso más allá, profundizar en las preguntas que realmente me interesa hacerme y plantearle al lector/espectador.
Tengo muy claro que esa es la línea por la que quiero seguir caminando. Y tengo la suerte de contar con grandes referentes y seguir aprendiendo de ellos como Francisco Pérez Caballero, Paz Velasco de la Fuente, que me impulsan a continuar por este camino. De hecho, hay nuevos proyectos en marcha que continúan esa exploración y que, poco a poco, irán viendo la luz. Así que sí, estoy convencida de que Palabra de asesino no es un punto y final, sino un punto y seguido.

 

6. ¿Qué responsabilidad ética asume un autor cuando trabaja con confesiones y testimonios inspirados en hechos reales?

Creo que la responsabilidad ética de una autora no está en ocultar el mal, sino en decidir cómo lo cuenta. En una obra inspirada en testimonios reales existe una línea muy fina que nunca debemos cruzar: la de convertir al asesino en un espectáculo o en un personaje al que admirar.
Mi responsabilidad era escribir con rigor y con respeto. Respeto hacia el lector, pero sobre todo hacia las víctimas y sus familias, porque detrás de cada una de estas historias hubo y hay, personas reales cuyas vidas quedaron destruidas y marcadas para siempre.
Mi intención nunca ha sido justificar al asesino. Tampoco juzgarlo, porque esa no es la función de la literatura. Mi propósito ha sido comprender para provocar una reflexión. Quería devolver al asesino su condición de ser humano, porque solo desde ahí podemos hacernos las preguntas verdaderamente importantes.
Si al cerrar el libro el lector admira al asesino, ¿habré fracasado como autora? Pero si por el contrario, ¿cierra el libro haciéndose más preguntas sobre el ser humano que cuando lo abrió? entonces sentiré que la literatura ha cumplido su verdadera función.

 

7. En tus textos la culpa y la redención aparecen de forma recurrente. ¿Qué te sigue fascinando de esos dos conceptos?

La culpa y la redención me fascinan porque son dos de los conceptos que mejor nos definen como seres humanos. La culpa marca el momento en el que una persona es consciente del daño que ha causado; la redención representa la posibilidad de reconstruirse a partir de ese reconocimiento. Precisamente por eso me interesan tanto la mente criminal: porque cuando la culpa no existe o no llega a aparecer, la propia idea de redención cambia por completo de significado. De ese y de muchos otros temas tuve la suerte de poder hablar con el obispo de Almería, Monseñor Antonio Gómez Cantero, que leyó el libro de manera inédita antes de su publicación cara a cara junto a mí.

Hablamos no solo de la no sensación de culpa en el asesino, sino de la búsqueda del perdón, de como la ausencia de ambas sensaciones forjan su manera de relacionarse y de actuar. Por lo que el concepto del arrepentimiento carece de significado tal y como nosotros, “las buenas personas” lo comprendemos. Así que no tengo una respuesta definitiva. Pero sí sé que seguir haciéndome esa pregunta es una de las razones por las que continúo escribiendo y filmando.

 

8. ¿Hubo alguna historia o confesión que te obligara a replantearte tus propias ideas sobre el bien y el mal?

Todas. Cada historia me obligó a replantearme mi manera de entender el bien y el mal. Y hubo algo que me acompañó durante todo el proceso creativo: después de terminar cada investigación pensaba que ya no podía encontrar nada más perturbador. Pero siempre aparecía una nueva historia que volvía a romper ese límite. Y eso fue, precisamente, lo más inquietante.

Lo que realmente cambió mi forma de mirar al ser humano fue descubrir que el bien y el mal no son dos conceptos absolutos. Entre ambos existen infinidad de matices que, muchas veces, ni siquiera somos capaces de comprender. Tendemos a pensar que todo es blanco o negro pero en realidad, la vida está llena de tonalidades grises. Eso fue, probablemente, lo que más me impactó y me preocupó: descubrir que todavía no estamos lo suficientemente preparados para comprender toda la complejidad que existe entre esos dos extremos.

Quizá por eso sé que voy a seguir escribiendo sobre ello. Porque cuanto más investigo, más consciente soy de todo lo que aún nos queda por entender.

 

9. Como divulgadora y ponente en criminología, ¿qué crees que la ficción noir puede aportar al debate social sobre la violencia?

Creo que la ficción noir tiene una enorme responsabilidad social y por eso debe estar bien construida. Como divulgadora, llevo años utilizando el cine y la literatura como herramientas para crear conciencia social y educar en valores. Siempre he creído que las historias tienen la capacidad de llegar a lugares donde, a veces, no llegan los discursos. La ficción nos permite acercarnos a determinadas realidades sin sufrirlas en primera persona. Nos da la oportunidad de reflexionar, de cuestionarnos y, en muchos casos, de reconocer señales que, fuera de una historia, quizá pasarían desapercibidas.

Siempre he defendido que comprender no es justificar. Y la ficción noir tiene precisamente esa capacidad: ayudarnos a comprender determinados comportamientos humanos sin dejar de condenar el daño que provocan. Cuando una historia consigue que el lector/espectador cierre el libro o termine de ver una película o serie con más preguntas que respuestas, creo que ha cumplido una función que va mucho más allá del entretenimiento. Al final, la violencia no desaparece por ignorarla.

Hablar de ella con rigor, con respeto y desde la reflexión también es una forma de prevención. Y si la literatura o el cine consiguen abrir ese diálogo, entonces están aportando mucho más que una buena historia.

 

10. Si pudieras formular una única pregunta a cualquiera de los asesinos cuyas voces resuenan en el libro, ¿cuál sería? ¿Crees que, si alguien o algo hubiera llegado a tiempo a tu vida, hoy no estaríamos teniendo esta conversación?

Creo que esa respuesta nos enseñaría mucho más sobre la condición humana que cualquier confesión sobre el propio asesinato. Nos obligaría a reflexionar sobre la importancia de la prevención, de la educación, del entorno, de las oportunidades y de todas esas personas que, a veces, llegan demasiado tarde o, simplemente, nunca llegan. No busco justificar a quien ha cometido un crimen.

Busco comprender si, en algún momento, todavía existía otra posibilidad. Porque, si somos capaces de descubrir dónde empezó realmente la fractura, quizá algún día también seamos capaces de evitar que otras historias terminen de la misma manera.

 

©Entrevista: Beckett & Hawk, 2026.

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