I jornada negro-criminal, Rincón de los Cronopios (relato destacado) por Luis Pacheco y Madelaine Anaya

A continuación les presentamos el cuento de Madelaine Anaya Núñez, nacida en la provincia de Santiago de Cuba, pero en la actualidad residente en el municipio. Primero de Enero, antiguo Violeta, de la provincia Ciego de Ávila, donde se desempeña como promotora cultural de la casa de cultura de dicha localidad. Hace poco  se incorporó a nuestro proyecto literario y tiene grandes aspiraciones con su obra. El cuento, Atrapada, fue seleccionado como el más destacado del concurso que lanzamos para la Jornada.

 

Atrapada

Autora Madelaine Anaya Núñez

 

  Presurosa ha tomado el primer atajo, camina por entre los árboles de guayaba y café que rodean el lugar haciendo parecer el sitio más lejano  y solitario.  Atrás quedaron  sus tres pequeños hijos, al cuidado de una vecina. Es el cumpleaños de su mamá y quiere visitarla aunque sea por corto tiempo, sabe que en casa es imprescindible, es madre soltera y con ello tiene la responsabilidad de todo. Camina con un poco de dificultad para no ser herida por  la maleza que ha crecido en la orilla del camino formando una gran espesura. Su mirada distingue la figura de alguien un poco más allá a la distancia.

Ya un poco más cerca lo reconoce y reconoce a Alexey el primo. Lo saluda, pero realmente le teme al tiempo  y a la salida del sol. Necesita aprovechar la frescura de la mañana, por lo que después de un gesto de despedida le da la espalda y  se dispone a continuar, pero es interrumpida por sus manos con las que intenta retenerla. Qué quieres?  le pregunta con sorpresa, una extraña sensación le recorre el cuerpo, pero no tiene tiempo de pensar se ha pegado a ella,  la aprieta  con violencia mientras la besa, dejando su saliva que ella siente pegajosa en sus labios. Lo aparta con asco y repulsión está llena de ira. Soy tu prima, nos une la misma sangre. La mira y se ríe con una risa llena de sarcasmo. Eso no me importa, no podrás escapar de mí, ya verás. Ella ha logrado desprenderse, suda copiosamente, su corazón late desordenado, solo quiere alejarse, huir de sus cochinos deseos.

Apretando su mochila contra el pecho  se aleja sin dejar de mirar atrás. Él ha quedado  maquinando en su cabeza ideas diabólicas. La sigue con la mirada y en el momento en que deja de verla ocultada por los árboles, emprende una veloz carrera, conoce la zona por lo que  le corta el paso y la derriba de una patada en el abdomen reventándole el páncreas. Se envuelven en una batalla terrible. Ella se defiende, con sus uñas, le arranca pedazos de  piel de la cara y brazos, pero es golpeada una y otra vez por sus puños y pies. Además agarra un trozo de madera con el que le destroza la pierna derecha. La nariz está deformada y comienza a inflamarse, muelas y dientes han sido arrancados, su mano izquierda cuelga, un golpe  a   fragmentado  su hueso. El  grito de dolor se eleva al cielo como un animal herido. Desenfrenado  la desnuda y toma su cuerpo.

Quiere apartarlo, pelear por su vida, pero ya no hay fuerzas para luchar. Después de hacer lo que quiso con su  cuerpo la alza como a un saco de patatas, camina con ella a cuestas que aprieta con fuerza los ojos. Siente su cuerpo caer bruscamente, desesperada estira su brazo sano logrando aferrarse al antebrazo de su agresor. La vuelve a golpear con fuerza para que lo suelte. La tierra que sobre ella va cayendo la hace comprender con horror que la está enterrando viva, quiere gritar, pero no puede sus palabras  se acumulan en su garganta volviéndose un nudo. El asesino ha formado una capa de tierra sobre ella y la sella con piedras y ramas. No lo sabe pero está en el interior del  hueco de una vieja letrina. A su mente vienen los rostros de sus pequeños a los que no verá más. Quiere respirar pero no puede, ya no hay oxígeno, su nariz ha aspirado tierra en su lucha por un poco de aliento, su cuerpo afiebrado, dolido, roto. Aprieta impotente los dedos y siente algo entre ellos.

Es la pulsera con el nombre de su asesino.

 

©Relato: Madelaine Anaya Núñez, presentado por Luís Pacheco, 2021.

 

 

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