Flores Cortadas de Karin Slaugther por Joel Rodríguez Alemán

Vaya la verdad por delante: debo confesar que no llevo demasiado tiempo siguiendo el panorama literario del género negro-criminal. Sin embargo, en lo poco que llevo, no había oído hablar aún de Flores cortadas. Esta novela la recomendó el gran Roberto Martínez Guzmán en este post, y me picó tanto la curiosidad que decidí no esperar más y leerla de inmediato.
Y ya te adelanto que tú también deberías hacerlo.

Desde el comienzo de la novela queda claro que la historia está marcada por la tragedia. Por un lado, tenemos un padre destrozado por la desaparición de su hija, que, a pesar de los años que han pasado, sigue investigando el caso por su cuenta, cuando la policía ya lo ha abandonado. Por otro, tenemos a Claire, una mujer felizmente casada cuyo marido muere apuñalado en un callejón (no te preocupes, que no es spoiler, la novela no ha hecho más que empezar). Por último, tenemos a Lydia, una madre soltera resentida consigo misma y con el mundo a su alrededor.
Y con este punto de partida, ambas tragedias, la desaparición del pasado y el crimen del presente, van a poner patas arriba el mundo de nuestros protagonistas.

Karin Slaughter entiende como nadie la psicología humana, y lo demuestra con creces en esta novela. Se toma su tiempo para describir el torrente de pensamientos y emociones por el que se dejan llevar los personajes, y eso hace que los conozcamos como si los hubiéramos creado nosotros.
Sabemos cuáles son sus ideas, sus dudas, sus inseguridades, cuán satisfechos están (o no) con su trabajo, su físico o su matrimonio, entre otras cosas.

Las muertes descritas en la novela afectan seriamente a los personajes. Podemos sentir la sensación de vacío, o el vértigo que produce ver las estancias de la casa donde solía estar esa persona que ya no volverá. Pero además, y esto es muy interesante, podemos ver cómo estas tragedias cambian a las personas, cómo las convicciones más profundas pueden estallar en mil pedazos cuando, lo que le pasa a otros, de repente te pasa a ti.

Flores cortadas retrata la peor cara del ser humano: el rencor, la envidia, la falsedad, la violencia (en especial en algunas escenas francamente perturbadoras), la indolencia, la falta de empatía, los prejuicios contra las mujeres (imposible soslayar las varias escenas de reivindicación feminista) o contra los latinos… Por momentos uno siente como si los únicos personajes positivos de la novela fueran aquellos en los que el narrador decide centrar el punto de vista, y el resto fuesen enemigos, seres odiosos y despreciables. Y, sin embargo, los protagonistas también están lejos de ser perfectos.
Algunos son envidiosos y anestesian sus frustraciones con adiciones de diversa índole, y otros le ocultan cosas a su pareja porque prefieren esconder secretos a afrontar verdades. En ese sentido, la autora huye por completo de los maniqueísmos. Ningún personaje es completamente bueno o malvado. Incluso los más viles pueden demostrar, en determinados momentos, que tienen su corazoncito.

Por suerte, a diferencia de otras novelas en las que la tragedia se lo come todo y no hay hueco para la esperanza (como, por ejemplo, Soledad), aquí al menos hay espacio para el amor, tanto el conyugal como el familiar. Porque las tragedias duelen, pero si tenemos a alguien a nuestro lado para ayudarnos a superarlas, duelen menos.
Poco más puedo añadir. Si disfrutas con historias que te golpean duro pero de las que sales al otro lado siendo un poquito más humano, lee Flores cortadas. No te arrepentirás.

 

©Reseña: Joel Rodríguez Alemán, 2020.

 

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