LOS ASESINATOS SILENCIOSOS de A. G. Macdonell por Elena Rodríguez

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Reseña de Los asesinatos silenciosos de A.G. Macdonell por Elena Rodríguez Herrero

 

G. MACDONELL (Poona, 1895-Oxford, 1941) nació en la India, en el seno de una familia de origen escocés. Muy pronto se trasladó a Inglaterra, donde completó sus estudios y se incorporó a la Royal Field Artillery como teniente durante la Primera Guerra Mundial. Trabajó como periodista para diversos medios y comenzó su carrera como escritor de novelas detectivescas, firmadas con distintos seudónimos. Fuera del género, destaca especialmente Inglaterra, su Inglaterra (1933), delicioso clásico de la literatura humorística británica.

Sinopsis de Los asesinatos silenciosos:

“Un anciano vagabundo es encontrado sin vida en la carretera entre King’s Langley y Berkhampstead. La única pista, atada al último botón de su andrajoso abrigo, es un pedazo de cartón en el que aparece escrita la palabra «Tres». Poco después, Aloysius Skinner, presidente de la compañía Cochinilla Imperial, muere a causa de un misterioso disparo mientras viaja en el asiento trasero de un taxi. Junto a su cuerpo la policía descubre otra nota similar, solo el número varía: «Cuatro». La situación se vuelve aún más inquietante cuando un profesor de literatura clásica, Oliver Maddock, es asesinado durante una celebración familiar, engrosando así el macabro grupo con el número «Cinco».

El inspector Dewar y el superintendente Bone, de Scotland Yard, tendrán que atar todos los cabos de una nebulosa trama cuyas ramificaciones se extienden desde la campiña inglesa hasta la lejana Sudáfrica, a la vez que plantea dos acuciantes enigmas: ¿Dónde están las víctimas «Uno» y «Dos»? y, sobre todo, ¿hasta dónde llegará la mortal secuencia del asesino silencioso? “

 

Estamos en el año 1929, y la historia comienza cuando se descubre el cadáver de un vagabundo en una cuneta. Ha sido apuñalado y prendido a su abrigo se descubre un cuadrado de cartón con la palabra “Tres”. Al vagabundo en cuestión le llamaban Sam el Engreído, tenía sesenta y seis años, decían que sabía leer y escribir y los demás hombres de su comunidad de vagabundos no le tenían en mucha estima. Se interrogó a sus conocidos pero no encontraron ninguna razón por la cual ese hombre venido a menos podría haberle importado a alguien como para haberlo asesinado.

Lamentablemente, la muerte de un vagabundo en una cuneta, tampoco suscitó el interés del público durante mucho tiempo, y ahí quedó en el olvido.

Pero todas las alarmas saltaron cuando dos meses después se produjo otro extraño crimen: Aloysius Skinner, un rico e influyente empresario fue asesinado mientras iba en un taxi por el centro de Londres de un disparo con una pistola de aire comprimido. Le dispararon a través de la ventanilla bajada del vehículo mientras estaba parado en un atasco. Pero lo que desconcertó a la policía fue que se encontró un cuadrado de cartón con la palabra “Cuatro” escrito en él.

Este asesinato sí impactó entre el público, los medios de comunicación y Scotland Yard por la notoriedad de este personaje.

Nadie podía creer que hubiera ninguna relación entre los dos asesinatos pero, un mes después, se cometería otro crimen igual de increíble: Oliver Maddock, un solitario y erudito profesor de literatura, es asesinado durante una velada en la propiedad de su hermano Henry Maddock, un acaudalado y algo agresivo hombre de negocios.

Antes de disparar sobre Oliver M., se oye una voz desconocida que dice:“… Eres el número cinco de mi lista.”

Y de esta forma, Scotland Yard se encuentra con uno de los casos más sorprendentes que se ha visto hasta entonces.

Aquí, entran en escena nuestros dos protagonistas; por un lado tenemos al inspector Dewar, un escocés que viajó a Londres para labrarse un futuro y se unió al Cuerpo de Policía Metropolitana. Dewar es un hombre tenaz, constante, que vive por y para su trabajo. No tiene ninguna pareja y tampoco se le conocen aficiones fuera de su trabajo. Es entregado y sigue las pistas hasta llegar al final. No se caracteriza por ser muy inteligente ni audaz, pero su mayor virtud es ser muy perseverante.

Y por otro lado tenemos al superintendente Bone, un hombre grande, tranquilo, metódico y al cual sí nos lo retratan destacando su gran inteligencia. Permanece “acoplado” cómodamente en su despacho organizando, cuestionando, pensando,… pero cuando las cosas se ponen feas, no duda en salir a realizar trabajo de campo.

Juntos (y con la ayuda de otros entregados agentes de Scotland Yard ) intentarán unir todos los hilos de este enredado caso. Por que a ver: ¿Qué pueden tener en común el asesinato de un vagabundo, un gran empresario de la City londinense y un solitario e instruido “ratón de biblioteca”?. ¿Son esa serie de números (Tres, Cuatro, Cinco) un verdadero nexo de unión entre los crímenes o es mera casualidad?. Además está la circunstancia de que las balas que asesinaron al empresario y al profesor de literatura habían salido de la misma pistola según las pruebas efectuadas por la policía.

Y, ¿Por qué la serie de asesinatos (si en verdad es una serie) comienza por el número tres?. ¿Y las víctimas número “Uno” y “Dos” no existen, o aún no han sido descubiertas?.

Como vemos tenemos muchísimos interrogantes en esta historia, y la labor de Dewar y Bone será ir investigando, recrear la vida de las víctimas, buscar nexos de unión y dejar de lado las pistas falsas que puedan llevarles al fracaso. Y todo esto será una carrera contra el criminal porque no saben hasta cuando (o hasta que número) seguirá asesinando.

Se despliegan ante nosotros varias líneas de investigación, además de alguna que otra trama paralela, que harán que esta historia sea muy rica en matices y sumamente adictiva.

La perseverancia y lo metódico de nuestros dos investigadores hará que nos encontremos ante una novela “muy detectivesca”, entendiendo esto como que cada personaje implicado será investigado, desmenuzada su vida, sus relaciones, etc,… hasta formarse un perfil preciso de cada una de las personas.

Recorrerán los lugares del crimen, se entrevistarán con todos y cada uno de los posibles testigos, sospechosos, familiares,… Vamos, un sin fin de trabajo policial pero que será narrado de una forma tan dinámica que no podremos dejar de leer y querer “seguir investigando y atando cabos”.

Para ser una novela policíaca de corte clásico de principios del siglo XX (aunque hay que reconocer que fue la época dorada de la novela policíaca y de misterio) me ha impresionado por lo bien que está escrita y por lo adictiva que es. Otras novelas de esta época son más sencillas y lineales en sus tramas, y aunque entretenidas, no destacan por su complejidad ni te hacen pensar. Pero esta sí.

Aunque está escrita hace casi un siglo, ha sabido mantenerse muy bien a lo largo del tiempo, la historia no ha quedado nada anticuada, sino que es una lectura que me parece “moderna” para su época por su desarrollo, su trama y por esos avances policiales que salen en la novela (recopilación de pruebas, pruebas balísticas, pruebas forenses,…).

Y el final no defrauda. A veces estas novelas más clásicas pecan de unas resoluciones un poco simplistas, pero aquí nos encontramos con un giro final que le da más acción si cabe y hace que te “bebas” literalmente los últimos capítulos.

Califiqué esta novela con 4.75 estrellas en Goodreads (es la primera vez que pongo tantos decimales), porque me ha sorprendido mucho para bien, y no me esperaba esta historia tan apasionante. Los 0.25 que le faltan para llegar a 5 estrellas es por dos razones: la primera porque hay partes de la historia que pueden llegar a ser un poco repetitivas, aunque supongo que es debido a que la investigación es tan exhaustiva que a veces se ponen a dar vueltas sobre los mismos datos para que no pierdas la cuenta (que hacía el personaje tal en 1906, y donde estaba este otro entre 1900 y 1905, y que sucedió entre 1901,….), aunque no es un gran inconveniente y la dinámica no se pierde. Y el segundo motivo, igual os parece banal, es más bien estético. Se trata de su portada. Su portada, como todas las de esta editorial es muy “chula”, muy años 20 y todo eso. Pero amigos de Siruela, ¿qué tiene que ver la imagen de la portada con la historia?. Ya se que esto es algo muy superficial, pero yo me he sorprendido a mi misma mirando de vez en cuando la imagen de portada sin encontrar mucha relación con lo que estaba leyendo (por ejemplo, esas dos mujeres elegantes que salen, y en la historia, lo que son mujeres protagonistas hay pocas). Pero bueno, eso es una impresión mía, y a lo mejor sí tiene su relación y yo no la he visto. Y no es que yo vaya comparando las portadas con la historia que contienen, pero no sé por qué en este caso me ha llamado la atención ese detalle.

Y hasta aquí la reseña de Los asesinatos silenciosos. Dejadme en comentarios que os ha parecido la reseña, si os ha llamado la atención esta historia y si desperté vuestro “gusanillo” de leerla. Decidme también, si la habéis leído, si os ha impresionado tanto como a mí o pensáis que hay novelas de esta época dorada de la novela policíaca que la superan. Y por favor, decidme también si la portada os ha parecido acorde con la historia (ya os digo que a lo mejor he sido yo la que no la ha relacionado bien) o no.

Sin más, me despido con un saludo hasta la próxima reseña.

 

©Reseña: Elena Rodriguez, 2024.

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