En la mente del asesino, Charles Manson por Natalia Gómez Navajas

Relato basado en declaraciones de Charles Mason

 

Fui un niño de la calle.

Mi madre, Kathleen Maddox, escapó de casa a los quince años de edad. A sus dieciséis, nací. Nunca conocí a mi padre.

Pese a ser alcohólica y prostituta, mi único deseo era estar con ella. Tuvo que sacrificarse para conseguir dinero y poder comer.

Pasó cinco años en la cárcel por robo a mano armada. Yo la visitaba en un cuarto de aquella prisión.

En una ocasión, me vendió por una jarra de cerveza.

He tenido que aprender a vivir. La mayoría de mi vida ha transcurrido entre barrotes, al principio en hogares de acogida, más tarde, en prisión.

Todos y cada uno de vosotros habéis intentado acabar conmigo, cada día durante los últimos veinticinco años. Pero todavía estoy aquí.

La única manera de que puedas estar exento de la vida o de la muerte, es que estés dispuesto a entregarte a ti mismo a una causa. No puedes pelear una revolución, no puedes hacer nada a menos que estés dispuesto a redimirte a ti mismo por esa causa.

Eres lo que crees. Pierde la fe en lo que eres y ya no serás. Yo nunca he perdido la fe.

Los psiquiatras intentan hurgar en mi mente sin saber que en mi interior está todo, el bien y el mal: un sueño que no has soñado, un mundo que no has conquistado. Mi mente no tiene fin.

Me he convertido en algo así como una leyenda. He llegado a ser más famoso que Jesucristo.

Me preguntan por unos crímenes que no cometí. Yo no rompí la ley.

Quieren saber quién soy.

No soy nadie. Soy un vagabundo, un zángano, un indigente. Y una cuchilla de afeitar si te acercas demasiado.

¿Qué les di?

Aquellos jóvenes estaban solos y yo les abrí mis brazos y mi corazón. Los abandonasteis y después me convertisteis en el responsable de su conducta.

En mí encontraron algo nuevo. Todo lo que hago es siempre algo nuevo.

Soy amigo de todo lo que veo. De todo lo que conozco y siento.

Los chicos vinieron y dijeron podemos hacer tal cosa y yo les dije haced lo que tengáis que hacer.

Pero, si vas a hacer algo, deja algo mágico. Hazlo bien. Deja una señal para que el mundo sepa que estuviste allí.

Si vas a hacer algo, que sea con el alma y con el corazón.

Y te cuestionas por qué no me impactaron las muertes. Mira a tu alrededor y pregunta si a alguien le conmueve lo que ocurre aquí a diario. Vivo rodeado de sangre. Cada día le disparan a alguien, lo acuchillan o le dan una paliza. No me quita el sueño. Podrías apilar cien cadáveres frente a mi celda y no me afectará lo más mínimo.

Mi mente no está configurada de esta manera.

Creo en mí. Vivo y muero por mi palabra. Estoy ligado a mi palabra.

Me han tratado de chalado. El mundo de la locura es mucho más grande que el de la sensatez. La cordura es un mundo muy pequeño, la enajenación, un universo.

Creéis que habéis firmado mi final, que estoy sentenciado de por vida en una celda oscura y solitaria. Para mí esto es el principio. Aquí hay un mundo en el que me siento libre. Vivo en el inframundo.

 

©En la mente del asesino, Natalia Gómez Navajas, 2020.

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