Vidas perfectas o perfectas mentiras por Ana Arroyo

Una generación de usuarios de redes sociales nos ha traído una obsesión por retratar “vidas perfectas”. Pero es lo que persiste detrás del filtro, oculto en el recorte ingenioso y distorsionado por los “desenfoques”, lo que ha hecho que el género del domestic noir  sea tan popular.

El domestic noir aprovecha los temores cotidianos que todos hemos experimentado: un niño desaparecido en un supermercado, un ser querido que llega tarde a casa en una noche fría y húmeda, el sonido de las sirenas a las 3.00 de la mañana…Nos encantan estas historias por la misma razón por la que nos detenemos ante escenas de accidentes con una mezcla de fascinación y horror. En el fondo nos acecha la idea que alguien que amamos podría estar acostado debajo de la sábana blanca.

Cuántas veces hemos leído la historia de la pareja perfecta que encaja la ruptura de un matrimonio que parece perfecto desde el exterior pero que continúa profundizando en la infidelidad, mentiras y misterios.
En “La chica del tren”, Rachel es alcohólica y propensa a los “apagones”, por lo que hay grandes lagunas en su memoria. En “Perdida”, los lectores inicialmente dependen de las entradas engañosas del diario de la psicópata Amy Dunne. En  “No confíes en nadie”, Christine sufre de una amnesia paralizante que limpia sus recuerdos cada vez que duerme. Esta forma de contar historias obliga a los lectores a cuestionarse constantemente qué creer.

Diría que nuestro creciente apetito por el domestic noir es el resultado directo del aumento de Facebookers, Instagrammers y Snapchatters, que están empeñados en retratar sus vidas “perfectas”.
En esta era de las redes sociales, todos somos, esencialmente, narradores poco confiables de nuestras propias vidas. Las fotos se editan, recortan, difuminan y presentan. Las publicaciones se filtran y recortan, la información se selecciona cuidadosamente. Esta realidad fabricada nos hace ansiosos por discernir la verdad de lo que se esconde en algún lugar de las omisiones.

Creo que esta fascinación tiene que ver con una cierta sensación de estar pasando por una racha desagradable que existe en las personas, lo que les da curiosidad por saber si cada la relación es tan perfecta como parece en el exterior. Pero esta fascinación, que no es nueva, sólo se ha vuelto más voraz a medida que tenemos constantemente nuestras vidas cotidianas expuestas en las redes sociales. De hecho, con el filtro correcto, el recorte correcto, la exposición correcta, la vida puede parecer perfecta.

El domestic noir rompe todo esto. Debajo de las fachadas brillante hay grietas, fisuras. Pequeñas, pero ahí están. Escribir una historia de domestic noir es como editar una imagen antes de publicarla en las redes sociales. Cortas tu brazo haciéndote un selfie para que parezca como si dicha foto estuviera tomada por una misteriosa segunda persona, filtras el cielo gris para que parezca azul, borras las partes que no quieres que la gente vea. Tomas la realidad y la adaptas hasta que estés satisfecho con su nueva versión. Un poco más soleado, un poco más brillante, un poco más perfecto.

Estás diciendo la verdad, pero no toda.

 

©Artículo: Ana Arroyo, 2020.

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