Un poeta en el II Certamen de novela negra “Guadalajara en Negro”

Una invitación del director y el redactor de la revista Solo Novela Negra. Una invitación al II Certamen de novela negra en Guadalajara. ¿Y qué pinto, yo…? Escribo poesía, no diría que sea negra, sí erótica, ¿es suficiente dicha afinidad? Dudaba, pero la amistad tuerce la objetividad de toda decisión. Y me acerqué.

El Teatro Moderno de Guadalajara, escenificación de soledades bajo el ámbar de un bourbon ¿sería así?, ¿algo parecido?

Englobo la novela negra con la policiaca, con el añadido del alma a rescatar, alma no de la víctima, sino del asesino no siempre comprendido o del detective hundido tal cual asesino. Es mi presentación. ¡A qué esconderme!

Mi ensoñación, en mi escaso saber e interés, un personaje tierno, el detective o similar que ya no reclama ni el gozo ni las miserias terrenales, descorazonado y roto no por estos o aquellos, sino por una sensibilidad que no encuentra huecos en los que aposentar una pareja estable, una familia indefinida o una rutina prudente. Su propia sombra carece de cobijo escrito. Mis tintes son poéticos, ¡lo sé! ¿Y qué esperabais?

Un Teatro Moderno que me recibe con esa puerta de misterio, no siempre abierta. Entras y la realización de la escena te roba la imaginación. Entre sombras de butacas cuando el fondo define a los personajes, escritores del alma perdida. Al amparo de una luz que los diferencia.

¿Qué es el género negro?

Es luz de claroscuros, ni blanco ni negro, cuerpo y alma, ley y justicia. Un moderador rompe lanzas y provoca, Anxo, y los autores lo afirman, Natalia, Marto, etc. Ya en otras mesas, Javier, Joan, Laura etc., otros buscando en la duda, Beckett & Hawk, ect. Todo mezclado y aleado en una sala donde los escritores surgen sentados en un sofá central y unas sillas laterales, y se entregan al misterio de su ánima o de sus tripas.

Es respuesta que no deriva de la pregunta o de la propia respuesta sino del sentir que a cada uno le brota de la boca, pero también de sus miradas furtivas o implicadas sin medida, de sus gestos, trasladándote razones de boca y sensaciones que ni ellos entienden.

¿Es el “porqué” de una decisión aleatoria? El “porqué” del asesino cuya razón del nefando decae absurda, desproporcionada, irrazonable, cuando la alternativa era posible y viable, y la pregunta de la escritora, Ana, rompe su coraza de neutralidad, se niega a ser aséptica. Marcos se mantiene.

¿Es el “porqué” del alma profunda? El ánima del ser humano cuando yace en un infierno terrenal, irremediable e inmisericorde. Y aparece el monstruo escondido bajo la piel y sus mil maneras de maldad. Y el autor crea su antítesis: un personaje llamado a bajar a los infiernos y desenmascarar al monstruo, y entenderlo, e incluso comprenderlo.

Y en la bajada a los infiernos acontece que la persona antitética reconoce parte de sus propios infiernos, y eso lo hace diferente, porque entiende, porque comprende, porque mira a los ojos al monstruo y lo reconoce. Son almas paralelas. Pero uno de ellos no ha cruzado el río Rubicón. Uno de ellos engulle sus infiernos sin escupirlos fuera; no sacará su monstruo, porque no sale de su interior, no hay otra razón, siquiera la busca.

Y, sin embargo, esperará en la barra de un bar en penumbra, como el Teatro Moderno de Guadalajara, con un buen bourbon, desconozco si mezclado o en pureza extrema, a que vengan a buscarle. Lo necesitan, exclusivamente para desenmascarar al monstruo. Viven en infiernos parecidos, se reconocen. Luego lo que sea la sociedad distópica lo ignorará.

Una mesa tras otra, cada obra con sus oscuridades de temerosas a pavorosas: “El último barco”; “Cazaré el monstruo por ti”; “El error de Clara Ulman”; “PERDICIÓN. El asesino de la Polaroid”; “Espacio: mi expediente favorito”; “Más allá del crimen”; “La ceguera del cangrejo”. Y de todo ello quedo confuso con este batiburrillo a cuestas.

¿Y qué esperabais?

Escribo poesía, y además erótica. Si a esta la convirtiera en “negra” seguiría sin entender vuestras almas. Pero, he quedado alterado, afectado…

La pregunta:

¿Qué es la novela negra?

Ya no me parece tan baladí, incluso me atormenta, no tanto para instruirme en tal género, sino por respirar sus jadeos. Desconozco si Beatriz Gómez Lorenzo, organizadora del evento, en su tensión con los personajes que transcurren no se habrá mareado.

En el Teatro Moderno de Guadalajara, la calima de la novela negra ha enturbiado mi mente. La calina del ambiente, la bondad y la maldad del alma en una vida de claroscuros ha definido el certamen y, cuando me voy, me acompaña, y ya no sé si debo buscar razón o simple resentimiento.

Seguiré con la poesía, la pureza del negro se me escapa, y de los claroscuros reniego. Nunca tendré cabida, o…

 

Artículo: © Luis Ezquerra, 2019.

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