¿Pueden combinar la ciencia ficción y la fantasía con la literatura negra? por Osvaldo Reyes

Muchos escritores argumentan que el género negro es el último bastión para hacerle frente a los problemas sociales. Una ventana por la cual mirar los conflictos de la vida moderna y llevárselos al lector que no los conoce o que se niega a aceptarlos. Por medio del uso de las palabras, las acciones de un investigador nos llevan por los oscuros corredores del crimen o por los recodos de las decisiones propiciadas por el deseo de unos pocos de obtener un beneficio, sin importar las consecuencias.

            Si es así, si el género negro es un reflejo de la sociedad y sus libros la herramienta más pura de crítica social, pensar en una novela negra que incluya elementos irreales sería una contradicción. Después de todo. ¿cómo puede un libro ser real e incluir elementos de ciencia ficción o fantasía?

            Si piensa así, tenemos mucho que discutir.

            La fusión de géneros no es un obstáculo para llevar el mensaje que el autor quiera transmitir y la literatura mundial contiene ejemplos brillantes de cómo dos estilos disímiles pueden combinarse para satisfacer a los lectores más fieles de cada extremo del conflicto.

            Es importante aclarar que una novela, por incluir un crimen, no se convierte en literatura negra. En su acepción más pura debe haber un delito, que puede ir del asesinato al chantaje, una víctima, un investigador y una búsqueda por la verdad. La crítica social no es indispensable, pero para fines de este artículo, y para no discutir con los más puristas, incluiré ese criterio en la definición.

            Quiero empezar con un clásico de la literatura fantástica. La saga de Vlad Taltos de Steven Brust. No todos sus libros combinan estos elementos que mencioné, pero los tres primeros tienen un aura de novela detectivesca que es imposible ignorar. Las historias se desarrollan en un planeta ficticio controlado por los dragerianos, una raza de criaturas humanoides modificadas genéticamente. Toda la sociedad está dividida en castas, cada una con peculiaridades y habilidades diferentes (por ejemplo, los Dragones son guerreros estrategas, mientras que los Teclas son los trabajadores). Los humanos que residen en Dragaera se conocen como orientales y son considerados una raza menor dentro del imperio. La única forma de un oriental de escalar y salir del fango al que están rezagados es comprando un título nobiliario de la casa Jhereg (la única que los vende, ya que está conformada por los comerciantes y, en la curiosa mente del autor, por los encargados de los bajos mundos del crimen). En este escenario tenemos a Vlad Taltos, un humano con un título de la casa Jhereg. Es hábil con las armas, es imaginativo y no tiene reparos en matar dragerianos, por lo que pronto se gana un puesto como asesino a sueldo.

            ¿Dónde entra el elemento negro? En Jhereg, el primero de los libros, un lord drageriano, perteneciente a los Jhereg, los estafa y huye con una fortuna. Vlad es contratado para cazarlo y matarlo, pero hay un problema. Mellar, el ladrón, es huésped de lord Morrolan en el castillo Negro. Mientras esté allí, es intocable. Si cualquier Jhereg se atreviera a matar a un huésped de Morrolan en su casa, siendo él un dragón, sería una declaración de guerra. La primera en siglos (y los recuerdos de la última casi llevaron al imperio al suelo). De esta manera Vlad Taltos, quien de paso es amigo de Morrolan, debe encontrar una forma de encargarse de su blanco. En el camino va descubriendo la verdadera razón del robo, con lo que se devela una trama de venganza y odio. Es una novela que, quitando el elemento fantástico, incluye un investigador (Vlad), un crimen (el robo), una víctima (la casa Jhereg) y una búsqueda de la verdad siguiendo las pistas dejadas a lo largo de la vida de Mellar. Un trabajo detectivesco de primera y un motivo oculto que, una vez se metan en la historia, les volará la cabeza. Por si eso fuera poco, existe la crítica social. Los humanos son tratados como basura por la simple razón de ser diferentes. El drageriano promedio vive siglos, mide más de dos metros y puede hacer magia, aunque algunos orientales, como Vlad, pueden hacer brujería (no es lo mismo), lo que le permite tener un familiar. Un jhereg, que no es más que una serpiente con alas, conectada telepáticamente con Vlad y capaz de un nivel de sarcasmo que sería la envidia de Bernie Gunther.

“No importa que tan sutil sea un hechicero,

un puñal en la espalda siempre dañará su estilo”.

Vlad Taltos (Jhereg).

            En una línea similar pueden leer “Bajos fondos” de Daniel Polanski. En esta obra el autor nos presenta al Guardián. Un antiguo operativo de la Casa Negra, una especie de policía secreta, que tras caer en desgracia regresa a los callejones de Rigus, la ciudad más prospera de las Trece Tierras, para volverse un jefe criminal. El Guardián es un canalla, cínico y drogadicto, pero encontrar el cadáver de una niña lo lleva a embarcarse en una investigación para atrapar al culpable. Es una mezcla de novela negra hard boiled con fantasía oscura. El Guardián no es una buena persona, pero es perseverante y lo impulsa el deseo de saber la verdad en una parte de la ciudad donde a nadie le importa lo que pase con sus habitantes. Tiene los elementos criminales y, disfrazado en este ambiente urbano decadente, presenta un reflejo de la vida en los guetos, en las favelas y en las barriadas brujas de decenas de ciudades en todo el mundo.

“Mi cuarto es el tipo de lugar que es mejor ver medio dormido o

en el estupor de una borrachera…Aun para mis estándares

el lugar es un basurero y mis estándares son mínimos”.

El Guardián (Bajos fondos).

            Un ejemplo más moderno de esta fusión de géneros la pueden encontrar en la pluma de Nora Roberts. La autora norteamericana firma con el seudónimo de J.D.Robbs una serie de procedimientos policiales ambientados a mediados del siglo XXI en Nueva York. Con títulos que siempre llevan las palabras “En muerte”, la serie nos presenta a la teniente Eve Dallas y a su compañera Delia Peabody, resolviendo casos que incluyen clonación, control mental, drogas para prolongar la vida y métodos futuristas de diagnóstico policiaco, lo que le permite grandes licencias literarias, sin que las obras pierdan los elementos requeridos del género. La crítica social se presenta en esta sociedad futura, donde el abuso de poder y la investigación científica sin control son solo algunos de los problemas con los que tiene que lidiar Dallas.

“Muñecas, Dallas. ¿Sabes? Como las muñecas Barbie. ¿Nunca tuviste muñecas?”

“Las muñecas son como pequeñas personas muertas. Tengo suficientes muertos, gracias”.

Peabody y Dallas (Origen en la muerte).

            ¿Qué tal los universos alternativos, ahora que están de moda los multiversos? En “Construido para matar” de Adam Christopher, una novela ambientada en Los Ángeles de 1960, nos presentan a Ray (nombre verdadero: Raymond Electromatic), un robot diseñado para hacer de detective privado/asesino a sueldo. El único robot aun activo en la ciudad. Con un humor negro muy acorde con Marlowe y con una cinta de memoria de 24 horas, lo que garantiza la privacidad absoluta de sus clientes, lo contratan para encontrar a una estrella de cine desaparecida y matarla. La trama incluye políticos, comunistas y estrellas de cine. Creo que Chandler, de estar vivo, hubiera disfrutado esta parodia futurista de sus libros. No hay un elemento claro de crítica social, pero como dije al principio, no es indispensable.

“Las máquinas no pueden mentir” dije mintiendo a través de todos mis circuitos.

Raymond Electromatic (Construido para matar).

            Todos estos ejemplos nos muestran que la literatura negra puede mutar y fusionarse con tantos géneros como los escritores puedan inventar. No importa lo que esté de moda, siempre se puede mezclar con un crimen y usarlo como herramienta para que la trama, por sencilla o elemental que parezca, lleve un mensaje. Estas amalgamas de géneros permiten que lectores con ciertas predilecciones exploren nuevas áreas, nuevos estilos. Algunos de ellos descubrirán que no les gusta la literatura negra, pero otros encontrarán un nuevo mundo. Uno donde no importa si metemos manipulación genética, vampiros o la nebulosa de Andrómeda. Estos lectores de mentes amplias e imaginaciones inquisitivas se identificarán con los personajes y sus problemas, los harán suyos y empezarán a ver su entorno con un lente distinto.

            Si la idea del autor es llevar un mensaje social por medio de un secuestro, ¿qué diferencia hace que el crimen lo cometa un robot o una minoría alienígena, en un mundo donde romper la etiqueta espacial conlleva severos castigos, como en “Desaparecidos” de Kristine Kathryn Rusch?

“Cariño, las víctimas son víctimas cuando se quedan calladas.

Ganan poder cuando hablan”.

Kristine Kathryn Rusch.

            Si el escritor quiere entretener y para hacerlo inventa a un detective capaz de hablar con fantasmas en un Londres ficticio con brutales asesinatos cometidos por fuerzas sobrenaturales, como en “Ríos de Londres” de Ben Aaronovitch, entonces el autor puede dormir tranquilo si eso es lo que consigue en el lector.

“El samaritanismo en Londres es considerado un deporte extremo.

Como luchar con cocodrilos”.

Ben Aaronovitch.

 ¿Todos los amantes del género negro podrán aceptar estas combinaciones? Por supuesto que no, pero no importa.  Los puristas, los creyentes del hard boiled realista y crudo, tienen decenas de libros a los cuales ponerle la mira. Los amantes de los juegos de enigma y misterios resueltos en las últimas páginas, tienen de donde escoger.

Y en el medio de los dos, todo lo que queda es la imaginación de un escritor y el amor por la lectura de una persona. Un binomio perfecto que solo puede sostenerse si ambos están dispuestos a experimentar un poco.

Algunas veces, lo consiguen.

 

©Artículo: Osvaldo Reyes, 2020.

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