Novela negra a la japonesa por Alejandro Moreno

La chica de Kyushu, novela negra a la japonesa.

 

Japón siempre ha sido una tierra que ha despertado por occidente una mezcla de curiosidad y admiración. Es una cultura con unas tradiciones muy arraigadas que solemos asociar con los samuráis, más tarde con la tecnología y finalmente con el manga y el frikismo en general. Además, en los últimos años, su gastronomía ha crecido en popularidad y los amantes del sushi (y otras variedades) se cuentan por millones. ¿Y qué pasa con la literatura? ¿No hay acaso buenos autores en el país nipón cuyas obras merezcan poblar nuestras estanterías? Pues seguro que sí, y de eso te voy a hablar hoy.

Nunca he sido seguidor de la cultura japonesa, lo admito. Lo único que he consumido fueron algunos dibujos animados cuando era niño como Bola de Dragón, Musculman o Doctor Slump. Tampoco me entusiasma su gastronomía, o por lo menos la que he probado. Y de literatura solo conocía, y de oídas, a Murakami.

El pasado diciembre visité una librería de barrio y me dejé aconsejar por la librera (https://www.solonovelanegra.es/davides-y-goliats-por-alejandro-moreno/). Cuando me recomendó La chica de Kyushu, una novela negra japonesa, no me lo pensé y decidí que era una buena oportunidad para leer algo diferente y aprender un poco sobre esa cultura que tantos seguidores tiene y de la que desconocía prácticamente todo.

La chica de Kyushu es una novela negra escrita por Seicho Matsumoto en el año 1960. Cuenta la historia de Kiriko Yanagida, una joven humilde de la isla de Kyushu que hace uso de gran parte de sus ahorros para viajar hasta Tokio a solicitar la ayuda del famoso abogado Kinzo Otsuka para que defienda al hermano de Kiriko de un crimen del que ha sido acusado y del que la joven está convencida de que su hermano es inocente. El abogado rechazará el caso y esto desatará una serie de catástrofes que alcanzarán, en mayor o menos medida, a todos los personajes que van apareciendo en la novela.

La historia que cuenta La chica de Kyushu es una historia dura en la que la venganza y la diferencia entre las distintas clases sociales queda muy patente. Teniendo en cuenta que la novela fue escrita hace sesenta años y que además desconozco también cómo era entonces la sociedad nipona, puede que me haya perdido muchas referencias y no haya pillado algunas cosas relevantes. Pero creo que algo que me ha quedado claro es que, en la cultura japonesa, y en esta novela en particular, el honor y la reputación es algo muy importante, algo que marca las acciones de sus ciudadanos.

En la novela hay un crimen, un crimen que marca el inicio de toda la trama. Y ese crimen es narrado de una manera muy peculiar. Al principio, por Kiriko, más tarde por otro personaje a raíz de las noticias en los periódicos que va leyendo y que cuentan el suceso; y más adelante mediante el sumario del caso judicial al que accede un tercer personaje. Por momentos puede parecer un tanto repetitivo el contar de nuevo la versión de lo ocurrido desde distintos puntos de vista. Pero es algo necesario para apreciar los matices y las pequeñas pistas que el escritor va introduciendo. Pero el crimen no es lo importante, es la excusa para mostrarnos un retrato de la sociedad que se está recuperando de los estragos de la Segunda Guerra Mundial.

La primera parte de la novela se toma su tiempo y puede llegar a parecer aburrida ante tanta repetición de los hechos. Sin embargo, en el tramo final todo se acelera y lo contado con anterioridad cobrará sentido porque ya conocemos a los personajes y empatizamos con ellos y lo que les sucede. No quiero describir mucho más de la trama porque sería entrar en zona de spoilers y siempre trato de evitarlos.

El mensaje que me queda presente, independientemente del crimen en sí, es que el autor plantea unos temas muy interesantes: ¿Es el dinero el que marca quien tiene derecho a una defensa justa? Cuando el sistema falla ¿está justificada la venganza?

Existen algunos temas secundarios que me han llamado la atención. Por ejemplo, que al ser una historia escrita hace tantos años, en aquella época no había tecnología tan desarrollada como hoy en día para resolver crímenes (ADN, huellas dactilares…) y que la sociedad no hacía uso de internet o teléfonos móviles. De ser así, el caso se habría resuelto enseguida. Por eso, es de agradecer encontrase con este tipo de novelas y comprobar cómo se hacían las cosas antes y en una sociedad tan diferente a la nuestra. También me llamó la atención el hecho de que el autor no les ponga nombre a las ciudades, ni a las calles o edificios y haga referencia a ellos solo con letras: la ciudad de K, la calle XX… No sé si es algo típico de la literatura japonesa, del autor o de esta novela en concreto. Me llevó un tiempo darme cuenta de que era una manera de ocultar el nombre de los lugares, no que se llamaran así. Y la última cosa que me chocó, y que es muy importante en la trama, es la extraña relación de las camareras de los bares con sus clientes.

En definitiva, una novela negra diferente, que me ha gustado mucho, que te muestra cómo era la sociedad japonesa hace sesenta años, aunque se debe leer con pausa y saboreando cada párrafo. La chica de Kyushu no es una lectura para lectores con prisa.

 

 

Título: La chica de Kyushu

Editorial: Libros del Asteroide

Edición: diciembre 2017 (2ª edición)

Páginas: 264

 

©Reseña: Alejandro Moreno, 2020.

Impactos: 288

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