Muerte de un poeta por Beckett & Hawk

Después de visitar este verano Granada no he tenido más remedio que leer “Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca (1898-1936)” de Ian Gibson. Y es que uno de vez en cuando deja la novela negra para dar rienda suelta a la inquietud que mueve a todo lector, inquietud de explorar otros géneros literarios.

Me ha parecido un libro que nos conduce a una época que navega desde una edad dorada de las letras españolas al desastre de una guerra civil, un libro bien documentado, entretenido, bien escrito.  Un libro que refleja una época donde resurge la figura de un Lorca descomunal. No he sido un incondicional de Lorca, prefiero su faceta de dramaturgo a la de poeta, yo he sido siempre mucho más de Machado, o de algunos otros grandes poetas de su generación. He preferido la sensibilidad de Cernuda o Alberti, la suavidad de Aleixandre o Salinas. Pero no me atrevería a negar la grandeza de un Lorca que fue genio y figura. No he de ocultar tampoco mi interés por un Lorca más humano, me interesa mucho más el personaje que el escritor. Y quizás eso tiene una explicación si acudo a mi faceta de lector empedernido del género negro.

Al leer el libro de Gibson lo he procesado con categorías de novela negra, he visto una víctima, un Federico que caminaba entre la vida y la muerte, un Federico objeto de una ira indecente que suele castigar con el desprecio que a veces desprende el poder. He visto su miedo, su incertidumbre y su desesperación al ver que el final llegaba. He visto unos asesinos, unos culpables sin escrúpulos que sesgaban una vida, que cometían un asesinato dando rienda suelta a la miseria que se oculta dentro del ser humano. He visto una sociedad rota, deshumanizada, podrida, ruin, como esa sociedad que siempre pretende atacar la novela negra.

Este verano en Granada todo me recordaba a él, a sus días recorriendo aquellas calles estrechas y empedradas del Albaicín, aquellos paseos por una ciudad hecha para la poesía y para la vida. Pero una ciudad también donde la muerte es capaz de fluir y a veces de una manera tan descarnada e injusta como aquella madrugada en la que mataron a Federico García Lorca.

Yo soy un amante de la novela negra, y eso me rehabilita para ser un lector total. Porque en la novela negra también podemos ver como pasa la vida, como llega la muerte… tan callando, como decía el bueno de Jorge Manrique. Y es que las categorías de la novela negra son las mismas que las de la literatura universal, un análisis del ser humano y del mundo que vamos construyendo a nuestro alrededor, un mundo de luces y sombras, de ventanas abiertas y de puertas que nunca se abren.

Por eso la muerte de un poeta es una novela negra que nunca tendría que haber leído, siempre prefiero un buen libro de Chandler o de Connolly si me apuráis.

 

©Artículo: Beckett & Hawk, 2020.

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