Femme fatale, camino a la perdición por J. A. Beckett

     Hoy quiero hablaros de arquetipos en la novela negra, y más concretamente el de la femme fatale. Me encantan esos personajes femeninos que te arrastran hacia un camino de perdición, ese tipo de mujer que consigue que nuestro detective sea capaz de dudar, que consigue que el tipo duro saque su corazón a relucir y que sus defensas, siempre altas, consigan que desaparezcan como un trozo de mantequilla en la sartén.

     Es un tipo de personaje que no quiero que desaparezca, es un personaje que en un mundo tan negro como el nuestro consigue que acabe saliendo el sol. Son mujeres con carácter, con personalidad, con un mundo interior muy rico y lleno de matices, una especie de ave fénix que siempre acaba resurgiendo de sus cenizas, aquellas que nos dejan una historia repleta generalmente de una paleta de negros y grises que tiñen nuestra realidad.

 

 

     La femme fatale es siempre ese contrapunto que da equilibrio a la novela y que casi siempre acaba con el protagonismo de nuestro detective. Porque esa mujer nos hace bailar al son que ella misma toca, porque se sabe diferente, se sabe con poder y que dentro de su mundo misterioso siempre sabe dejar una puerta abierta para que acabemos entrando. Y cuando acabamos traspasando la puerta nos damos cuenta de una sola cosa: estamos irremediablemente perdidos.

     Con la femme fatale nunca tenemos las cosas claras, no sabemos en qué equipo juega, ni lo que piensa realmente y ni tan siquiera si nos podemos fiar. Solo tenemos claro que usa unas armas muy potentes, aquellas que disparan directamente al corazón de nuestro detective. La femme fatale reivindica el papel de la mujer, que deja de ser víctima para coger las riendas de la situación y para convertir el café aguado americano en un expreso con intenso sabor y aroma. Es sin duda un personaje que hemos aprendido a amar, porque nos ha quitado la fe en el más allá y nos ha dado la realidad de unos ojos y unos labios que solo son el reflejo de una oración que nunca llegaremos a rezar.

     Es el tipo de mujer que todas las mujeres quieren ser y que todos los hombres quisieran tener, es la vela en una tarta que quisiéramos soplar, el Manhattan que quisiéramos beber y la música que quisiéramos escuchar.

 

 

     La femme fatale es un arquetipo que rompe fronteras, es un icono que ha traspasado el mundo de la literatura y que ha sabido llegar al mundo del cine para quedarse. Porque en el cine la fuerza visual ha sabido sustituir a la imaginación que nos han dado las palabras. Porque hemos descubierto que la mujer fatal no sólo tiene estética, también tiene cabeza, y los grandes clásicos de la novela negra lo sabían y lo han explotado a las mil maravillas.

     Estas simples reflexiones quieren ser un homenaje a un arquetipo de la novela negra que quiere romper con el papel de mujer-víctima para convertirla en alguien con fuerza, coraje, inteligencia, pero también con errores, emociones y sentimientos que hacen que la novela negra sea no solo el reflejo de una sociedad, sino el espejo donde las personas son capaces de mirarse.

     Y Supongo que Chandler tendría algo que decir.

     Amén.

 

Artículo: © J. A. Beckett, 2019.

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