Entrevistamos a Jon Arretxe

Jon Arretxe entrevistado con motivo de la presentación de su reciente novela LA BANDA DE ARRUTI

por Miguel Izu


Jon Arretxe está presentando estos días la edición en castellano de su última novela, La banda de Arruti. El 19 de abril lo hizo en Pamplona y el 24 en Alsasua (muy cerca de Arbizu, la localidad navarra donde reside). Como no pude asistir a ninguna, le pido una entrevista y nos reunimos en Pamplona, en una cafetería cercana al lugar donde acude a los ensayos de la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera, en la que canta como bajo, el día anterior a su presentación en Basauri, su pueblo natal y escenario de la novela.

¿No te has atrevido ir en primer lugar a Basauri?

Tenía que ir a Basauri, eso estaba clarísimo, pero con un poco de miedo…

Dice que en Basauri tiene que ir con cuidado, a ver cómo se toman la imagen del pueblo y de los personajes de la novela basados en vecinos reales, alguno todavía amigo suyo pese a haberla leído y estar retratado con su apellido auténtico, de otros ha cambiado el nombre para protegerse.

En otros libros te has ido a escribir al lugar de los hechos. ¿En Basauri también?

Sí, estoy perdiendo categoría, antes me iba a Estambul o París, ahora me voy a Bilbao o Basauri. No lo necesitaba, ya me lo conozco de sobra, pero también me he ido a Basauri a escribir, al piso de mi hermano, sobre todo porque en mi casa no puedo escribir tranquilo, con los críos hay demasiado jaleo.

Como en los libros anteriores, has escrito en euskera y ahora se publica la traducción. Sueles decir que no te gusta traducirte a ti mismo.

No, no me gusta, por una parte por vagancia y por otra, la principal, que lo intenté una vez con un libro infantil, pensé que sería fácil, me costó mucho y, aunque creía que estaba impecable, por si acaso se lo di a leer a gente de fuera, de Madrid, que no conoce el euskera, y se partía el culo. Aquí estamos acostumbrados a hablar un castellano distinto, con giros influidos por el euskera, que nos suena normal, pero a la gente de fuera no le suena tan bien, le hace gracia. Así que desde entonces hago que me lo traduzca un profesional. Traducir es muy difícil, es un trabajo que respeto mucho, sobre todo traducir del euskera, que tiene unas estructuras muy distintas a las lenguas romances.

¿Y luego repasas y corriges la traducción?

Sí, y le meto muchas cosas. He tenido cinco traductores, pero ahora me traduce mi mujer, con lo cual mejora mucho el texto, lo hace con cariño y tiene inventiva, incluso añade cosas de su cosecha, hay confianza y se nota en el resultado.

En castellano el libro es corto, 168 páginas. ¿En euskera te sale más corto o más largo?

Me sale más corto todavía, siempre, por las propias características de la lengua, que admite menos frases subordinadas que el castellano, menos relativos, y exige frases más concretas.

¿Cuál fue esa primera idea que suele dar lugar a un libro?

Pues se me ocurrió en la piscina, nadando. Tenía claro que empezaba con un delincuente que sale de la cárcel, la cárcel es uno de esos elementos de identidad de Basauri, con otros servicios que desde Bilbao nos han enviado hacia la periferia. Luego se reúne con su antigua banda… y a partir de ahí me lancé a ver qué salía. La mayor parte de los escritores utilizáis una escaleta, un esquema que luego se va rellenando, sabiendo lo que va a pasar, pero yo no suelo hacerlo así. Yo voy escribiendo según se me van ocurriendo cosas, y en este libro me ha resultado muy fácil ir avanzando.

Estamos de acuerdo en que cada escritor tiene su estilo, hay quienes necesitamos tener el esquema previo hecho (le cuento que mi primera media novela fracasó porque, al llegar a la mitad, no supe seguir), y quienes van escribiendo sin saber cómo acaba su historia. Jon dice que a él siempre le ha funcionado empezar sin tener un guión, que nunca se ha atascado.

Mi teoría es que si yo no sé lo que va a pasar, el lector tampoco va a saberlo y siempre le vas a sorprender.

Sigues, en esta novela, en el mundo que te gusta, el de los delincuentes.

Sí, a mí no me gusta que los protagonistas sean los buenos, los policías, me gustan más los malos.

Y además, te gustan los malos muy malos, asesinos fríos, pero también bastante cutres  y torpes, y resultan muy divertidos ya que los describes con bastante ironía.

Eso es imprescindible en la novela negra, el humor tiene que aparecer por algún sitio, es uno de los ingredientes.

Sí, novela negra y humor negro suelen ir unidos, probablemente para quitar hierro a la sangre y la crueldad.

Yo me tengo que divertir escribiendo, y prefiero esos delincuentes barriobajeros, en el fondo unos pringados, que son mucho más divertidos que los que llevan esmoquin. En esta novela, que me ha salido de un tirón, me lo he pasado pipa, como nunca.

Vuelves a presentar a unos africanos…

Guineanos, que son los que andan traficando en San Francisco, en Bilbao, así como la prostitución la llevan los nigerianos, están especializados.

De vez en cuando sale el debate de si se puede hacer novela negra en un entorno rural, o si necesita del entorno urbano. Tú sueles ser más urbano…

Sí, y Basauri ahora es un lugar totalmente urbano, lo rural ha quedado ya barrido desde los años sesenta. Yo me siento más a gusto con la novela negra urbana.

Pero, viviendo en un pueblo, rodeado de vacas…

Ovejas, en Arbizu, y sobre todo en el pueblo de al lado, Etxarri, hay más ovejas.

Pues rodeado de ovejas, ¿no te planteas hacer una novela negra rural?

Yo siempre he dicho que no lo haría nunca, pero sin embargo lo estoy intentando ahora mismo, por variar, siempre me ha gustado variar de escenario o de género, pero no me sale, ahí estoy, con el primer párrafo escrito hace tiempo, que como siempre me parece genial, pero no avanzo. Salgo al balcón en Arbizu, veo la sierra de Aralar, la sierra de Urbasa, las ovejas, los pastores, y no se me ocurre nada. En cambio, en Basauri o Bilbao veo pasar a la gente y se me ocurren muchas ideas.

Así que no sabemos si habrá una novela rural de Jon Arretxe.

Voy a intentarlo, estoy en ello, me lo he tomado como un desafío.

            Tras reflexionar sobre que, en realidad, las ciudades de tamaño medio o pequeño que conocemos están más cerca de los pueblos que de los barrios peligrosos de las grandes capitales europeas típicas de la novela negra (“Bilbao, si no fuera por el barrio de San Francisco…”, dice), me cuenta que los que están encantados con su novela ubicada en Basauri son los sanfaustines, los de las peñas de las fiestas de San Fausto que aparecen retratadas en La banda de Arruti.

El resto no sé cómo se lo tomará, incluso mi madre ya me está echando la bronca. “¿Pero cómo puedes poner estas cosas de tu pueblo?”.

¿Volverás a Basauri en otra novela?

Ya veremos, en principio no tengo idea de seguir en Basauri, pero todo puede ser.

            Le hago ver que se ha unido a la larga serie de escritores que han (hemos) puesto un crimen en las fiestas de un pueblo o ciudad, ya que hay novelas negras ambientadas en los sanfermines de Pamplona (Las lágrimas de Hemingway, Un extraño lugar para morir, El asesinato de Caravinagre), en las Fallas de Valencia (O el toro te mata a ti, El jardín de cartón), en las fiestas de la Blanca de Vitoria-Gazteiz (El silencio de la ciudad blanca), la Semana Santa sevillana y la Feria de Abril (El ciego de Sevilla) o el Carnaval de Nueva Orleans (Tras el objetivo), es casi un subgénero, “crimen en las fiestas de mi pueblo”.

Lo de las fiestas se me ocurrió sobre la marcha, me puse en la puerta de la cárcel a observar el pueblo, vi el mercado, unos aldeanos, y pensé en meter ese ambiente de zurracapote y de la Escarabillera [personaje de las fiestas de Basauri], y todo lo demás.

¿Y tú que piensas de las fiestas de tu pueblo? Porque en el libro hay personajes a favor y en contra, como sucede con todas las fiestas populares.

A mí lo que me han gustado siempre son los sanfaustines, los actos paralelos, o para-lelos, que los escriben así, como el encierro [sin toros, con cuernos portados a mano] que se lleva haciendo treinta años, aunque está decayendo porque los corredores se van haciendo viejos.

Aunque tus novelas suelan ser cortas, creo que La banda de Arruti no necesita más páginas para contar la historia. ¿Te pones calendario para sacarlas?

Yo vivo de esto, así que necesito sacar como mínimo una al año. Se me va acumulando el trabajo porque tengo hijos pequeños que me chupan el tiempo, a lo mejor por eso hago las novelas cada vez más cortas [risas].


Sinopsis:

En esta ocasión, el escritor viajero Jon Arretxe sitúa el desarrollo de esta novela en su localidad natal, Basauri. La tentativa de apropiación de un hipotético botín, resultado de un atraco con final un tanto confuso, da pie a una serie de acontecimientos que desembocan en un desenlace inesperado. Una trama repleta de intrigas, embrollos y mentiras secuenciados con un marcado carácter cinematográfico, y que, sin embargo, culmina en una persecución fuera de todos los esquemas a los que nos tiene acostumbrados el cine estadounidense.

Arruti, Urrutxurtu, Delgado y Ereño son los personajes, amigos desde su paso por el instituto, que conforman esta singular banda. Una banda, la de Arruti, que aglutina a una serie de mendas pretendidamente malvados que no dejan de sorprender al lector por su estupidez e ingenuidad. Un grupo social que forma parte de ese submundo transgresor que tanto gusta y tan bien describe el autor.

© Miguel Izu – Pamplona

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