El ser y la nada, la esencia de la novela negra

La novela negra es una senda que va a parar a muchos caminos, por eso siempre es necesario saber hacia dónde se camina y saber que camino, escoger.  Nuestros zapatos que están acostumbrados a surcar esos caminos, tenemos nuestra propia visión de la novela negra. Quizás fermentada después de ver tantos eventos que rodean a la novela negra y después de ver que no nos conducen a ninguna parte y que no aportan nada al lector ni al género en sí. Estamos un poco hartos de ver como se repiten las mismas cosas en diferentes lugares.

En realidad, nadie es capaz de definir lo que es la novela negra y lo que llega a significar en la literatura, y lo que le aleja y les acerca a géneros tan próximos como el thriller, la intriga o la novela policíaca. Por eso la definición se hace solo en comparación con otros géneros, hemos visto como en Granada Noir se hacía una aproximación entre el Western y la novela negra. Posiblemente muy razonada, pero carente de sentido.

Los clichés son muy peligrosos, y son utilizados por editoriales, escritores y libreros que califican de novela negra a libros que sin duda se parecen tanto como la ginebra a un refresco, aunque después se acaben uniendo y el resultado sea fantástico. Pero señores, cada uno es una cosa diferente. No nos engañemos, y lo que es más, no engañemos al lector.

Uno de esos clichés que se repiten de manera continuada y machacona, es que la base de la novela negra es la crítica a la sociedad. Seguramente ese razonamiento se ha extendido como un eco incesante por todas las mentes intelectualoides que rodean a este género. Nosotros defendemos otra posición, otra manera más profunda de entenderlo. La novela negra es el arquetipo del alma humana, la novela negra desnuda al hombre para mostrarlo tal y como es. Rescata la mítica y el símbolo de lo que representa la vida misma, y lo que la enfrenta a la muerte, la violencia, la justicia y la ley.

Es el hombre lo que le interesa a la novela negra, el hombre y su relación con los grandes enigmas que rodean su vida. Si alguien ha leído “Hamlet” de Shakespeare, sabrá de lo que estoy hablando, el hombre frente a la muerte, frente a la injusticia, frente a la razón, frente a la locura. Eso es. “Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser” (acto 4º, escena 5ª). Otro referente es “Crimen y castigo” de Dostoievski, donde el asesinato de una avara anciana despierta la duda, el temor, la angustia y el arrepentimiento del protagonista: “El que comete un crimen procede de modo muy distinto… Algún día lo contaré todo detalladamente… ¿Fue a la vieja a quien maté? No, me asesiné a mí mismo, no a ella, y me perdí para siempre… Fue el diablo el que mató a la vieja y no yo.” Hay que sentir la vida metiendo los dedos en nuestras heridas y entonces sentiremos la esencia de la voluntad del hombre frente al vacío, frente a la nada.

Por eso, admiro a los loros, esas aves que son capaces de repetir cosas que no entienden. Y eso tiene su valor. Pero la novela negra necesita más silencios que palabras huecas, necesita más honestidad que mentira. Porque la novela negra busca la esencia del hombre, busca la muerte para encontrar la fuerza de la vida. Dijo Dostoievski en su “Crimen y castigo” “Cuanto más bebo, más sufro. Por eso, para sentir más, para sufrir más, me entrego a la bebida. Yo bebo para sufrir más profundamente.” Yo, sin embargo, leo novela negra para saber cómo es el hombre, como es la vida, como soy yo.

 

©Artículo: Beckett & Hawk, 2019.

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