El género negro engloba la ética y la estética del perdedor

IGNACIO BARROSO BENAVENTE| Madrid

El género negro engloba la ética y la estética del perdedor

David Cruz Barrio, autor de Sentenza (Amargord Ediciones, 2015) es un hombre de silencios más que de palabras. Por ello, antes de entrar en materia, montemos un poco la escena. Paciencia, ahora se entenderá el por qué de este desliz literario.

Zona centro de Madrid. A esa hora en la que la gente de bien está en su casa cenando. Dos tipos entramos en un bar. La mesa más alejada de la entrada es la nuestra. La conversación trata de temas banales mientras nos sirven la comanda. Después, empieza el baile.

Como no podía ser de otra manera, la primera pregunta es certera. Un disparo a quemarropa por mi parte.

 

¿Qué englobarías y qué echarías fuera de esto que denominan género negro?

Silencio reflexivo y la respuesta no se hace esperar.

La ética y la estética del perdedor. Para mí eso es el género negro. Personajes clásicos, muy del estilo Raymond Chandler. Gente que ha comido tanta mierda que está de vuelta de todo en la vida. Alguien que podríamos describir con una frase del tipo “he tragado mucha mierda como para que ahora vengas tú, muñeca”.

A nivel nacional me gustan los personajes como Germán Areta en El crack. Gente que, por ejemplo, a diferencia de un Marlowe americano, engloba cierta nostalgia en lo que hace. Que camina entre lo bueno y lo malo, pero le falta esa actitud de inmoralidad que tanto vende, y ha vendido, al otro lado del charco.

¿Qué destacarías del género? Sé que suena a tópico, pero más allá de la estética, ¿qué resaltarías de los personajes del mundo noir? y, más aún, ¿qué echas en falta?

Me gustan las novelas con tintes clásicos. Ya sabes. Detectives bien elaborados, narrados con un estilo indirecto libre. Algo que es difícil de conseguir, pero que si se logra es tremendo. Tenemos novelas que trascienden en género y van más allá, como algunas de las novelas de Rafael Reig o Marta Sanz.

Siempre he dicho que la novela negra es el negativo de la sociedad.

Eso es. Una novela bien construida permite a los personajes desenvolverse en un entorno político, por poner un ejemplo, desde dentro. Protegiendo al narrador, que a fin de cuentas no es más que el instrumento que usamos para contar la historia y no tiene (o no debe) involucrarse en el marco histórico o político en el que se desarrolla la trama.

Hacemos una pausa. Momento de pasar página en el cuaderno de notas y salir a echar un cigarro. Él ha dejado el vicio, pero tolera el humo. La conversación prosigue a pie de calle, aunque en este caso nos centramos más en otros derroteros más profanos. En concreto sobre la figura romántica que nos ha vendido el cine del mundo del hampa. Los Corleone y compañía que en pantalla venden, pero nos alejan bastante de la realidad cotidiana en la que nombres como Riina y Provenzano no tardan en salir a flote, trayendo consigo a otros que no encajaban en sus planes y negocios. Falcone, Borselino, Terranova….

Y de vuelta a nuestra mesa, retomamos esto donde lo dejamos. Vuelvo a la carga. La pregunta anterior ha quedado en el limbo.

Lo que más hecho en falta es el ambiente rural en las novelas. Lo urbanita está ya muy trillado. Callejones oscuros. Noches. Asfalto… Una buena novela construida en un ambiente de la España profunda puede tener mucho gancho. Es una vida al margen de la ley, bromea. Caza furtiva… Abuelos puteros… Puede dar mucho juego.

Eso sí, en esto soy rígido. Frases cortas. Contundentes. No me veo a Marcel Proust escribiendo novela negra. Frases lánguidas, largas, en las le pierdes de vista al sujeto… No. Tiene que ser algo más al estilo de Don Winslow en El Poder del Perro. Atrapar al lector con una prosa explosiva y, aquí sonreímos los dos, con una historia coherente y bien tramada.

El terreno está preparado para entrar a matar, y me dispongo a ello. Guardamos silencio unos segundos. Podríamos decir que para crear atmósfera, pero la realidad es otra. Los dos estamos pendientes de la pantalla de nuestros móviles. El tiempo apremia.

En tu última novela publicada, Sentenza, Michele Partino, narra en primera persona el día a día de un mafioso visto desde dentro de la Cosa Nostra. Háblanos de él.

Pretendía que Partino contara la vida de un mafioso desde sus orígenes hasta el desenlace de la historia. Evitar caer en el cliché romántico de Puzzo y dejar que hablara él mismo. A fin de cuentas no es más que un trabajo para ellos. Igual que un fontanero puede contarte su día a día, lo que buscaba era eso. Alguien que desde dentro transmitiera al lector ese mundo con una perspectiva distinta. Ni buenos ni malos. Sólo unos cabrones que se mueven en torno al dinero.

Antes me contabas sobre lo explotado que está el género urbanita. Tu novela se puede dividir en dos bloques claramente diferenciados. Los orígenes y las consecuencias, el nacer de un mafioso en un ambiente deprimido como es el pueblo natal de Partino y su progresión hasta estar en la cima de la Cosa Nostra en Palermo.

Así es. La primera parte encierra la esencia, el origen como bien dices. Estamos hablando de gente que viene del pueblo, de pasar hambre, de soñar con dinero y oportunidades que nunca llegan. Ese trasfondo marca su carácter despojándoles de escrúpulos. Por eso, cuando empiezan a ascender dentro de la Mafia y acaban colonizando Palermo, hay dos mundos distintos en la segunda parte de la novela. Gente que las ha pasado putas y tiene una mentalidad clara en la vida: el dinero lo es todo. Y el ambiente de la ciudad en el que se encuentran: oportunidades de hacer más dinero. La pescadilla que se muerde la cola.

La conversación no da para mucho más. Es tarde. Los camareros nos miran con cara de tenemos que cerrar. Pagamos y salimos a la calle. Hace frío y no hay ni un alma. Por momentos parece que nos encontramos en esa atmósfera de oscuridad y frases certeras de la que hemos estado hablando. La realidad a veces supera la ficción y, tal ver por ello, de cuando en cuando los dos miramos por encima del hombro antes de despedirnos con un apretón de manos.

 

David Cruz Barrio (Madrid, 1977). Es Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense de Madrid (2004), donde previamente realizó el primer ciclo de Filología eslava. En 2006 completó los estudios del Doctorado y obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados. Su primera obra publicada, Dostoievski, un absoluto en la modernidad, fue galardonada con el Premio Dámaso Alonso de Ensayo 2006. También es autor del ensayo La recepción crítica de Dostoievski en España (2009) y de la novela Sentenza (Amargor Ediciones, 2015). Su última novela La i griega, fue finalista de la XXX edición de los Premios literarios Jaén (2014), y de nuevo, finalista en el VII Certamen Médico de las Artes (2015). Actualmente trabaja como profesor en talleres literarios y cursos de escritura creativa.

© Solo Novela Negra. 2017. Todos los derechos reservados.

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