Camilleri, el maestro que aspiraba a cantar historias por Vicente González

En no pocas entrevistas Camilleri declaró que siempre aspiró a ser un “Cantastorie” (lo podríamos traducir como un “canta historias”) un equivalente moderno de los juglares medievales o los aedos helenos. Con su habitual ironía, el autor siciliano solía corregirse y añadir que “mejor” un “Cuenta historias”, ya que cantaba fatal. En su despacho, donde él se sentaba al ordenador para escribir sus novelas y relatos, tenía un “bando” de 1950 que su editora, Elvira Sellerio, le había regalado. El “bando” era la tela que utilizaba el “canta historias” en sus relatos. En él se veía los cuadros numerados de los treinta dibujos de un episodio de crónica negra que el “canta historias” iría describiendo y señalando con un bastón.

    Y es que Camilleri, ya fuera por su pasado de poeta o su larga carrera en el mundo del teatro, leía todo lo que escribía en voz alta, como si fuera música, incluso marcaba el ritmo con el pie. De esta forma detectaba lo que interrumpía, retardaba la acción y si sabía que había algo que no iba, pero no conseguía localizarlo recurría a sus amigos o a su esposa. “Escribo, pero como si hablase. Le pregunto a los amigos, a las personas cercanas “¿Qué te parece esta página?” Necesito adivinar el juicio en sus caras, busco la reacción inmediata. Como hacen los “canta historias”. Su mujer, Rosetta Dello Siesto le escuchaba, pero no le respondía (ventajas de estar casados más de 60 años) simplemente le gruñía en el punto exacto que la escena no funcionaba. Camilleri se irritaba porque ella tenía razón, corregía el texto con un bolígrafo y reescribía la página al ordenador. Luego la imprimía “porque el ordenador esconde los errores”. Releía la página por la tarde y continuaba el proceso creativo.

     Siguió con su método aún en sus últimas obras, cuando le falló la vista y se sintió más que nunca ese “Cantastorie”. Dictaba sus novelas a su asistente Valentina Alferj. Visualizaba los capítulos como escenas teatrales, avanzaba y retiraba personajes y les hacía hablar. Si se perdía le solicitaba a Valentina que le releyera las últimas palabras para retomar el hilo de la historia. Con noventa y tres años, presentando el espectáculo “La autodefensa de Caín”, en las Termas de Caracalla, afirmaba “Si pudiera me gustaría terminar mi carrera sentado en una plaza contando historias y al finalizar mi cuento, pasar entre el público con la gorra en la mano”.

Fuentes:

“Tutto Camilleri” Gianni Bonina – Editorial Sellerio (2012)

https://amillionsteps.velasca.com/it/la-semplicita-grandi-andrea-camilleri-cantastorie-ironico/

https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20190717/ernest-alos-sobre-camilleri-legado-cajon-casa-7557351

Entrevista de Fabio Fazio a Camilleri en el programa “Che tempo che fa?”

 

 

©Artículo: Vicente González, 2020.

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