Taxi – reseña

Taxi, de Carlos Zanón

por Txema Arinas

Tengo para mí, después de leer Taxi (2017), que en la narrativa de Carlos Zanón el poeta lucha constantemente por sobreponerse al narrador. Ni siquiera creo que le interese de verdad el género negro si no es como subterfugio para poder expresarse a través de éste como lo que de verdad es: un poeta. Por eso en Taxi nos ofrece este poema épico sobre un Ulises que deambula a lo largo de su particular Mediterráneo viviendo todo tipo de aventuras y relacionándose con todo tipo de personajes que su atinada prosa convierte en personajes de una gran epopeya. Sólo que Zanón se distingue de Homero en que su taxista es un antihéroe que no quiere regresar a Ítaca, que retrasa todo lo que puede su reencuentro con Penélope, en este caso su mujer Lola, para evitar enfrentarse al siempre temible “tenemos que hablar”. Y entretanto ese barco en forma de taxi que maneja el protagonista recorre de un extremo a otro ese Mediterráneo que es Barcelona, frecuentado todo tipo de ambientes, los cuales van desde los más pijos con el mito sexual de la mujer de clase alta aparentemente inalcanzable al lumpen puro y duro con sus yonkis a modo de zombis de nuestra época y camellos de medio pelo con pujos de hombres de negocios, putas y macarras de todo tipo y pelaje y siempre una historia que contar, ex policías reconvertidos en taberneros cornudos y siempre corruptos o dispuesto a serlo ya por norma, compañeros que hacen sus pinitos en eso de la delincuencia, inmigrantes musulmanes tan integrados como a punto de desintegrarse.    En resumen, Zanón nos presenta un variopinto elenco de personajes cuyas peripecias vitales servirán para que este Ulises contemporáneo consiga soslayar durante todo el tiempo que retrasa el regreso a Ítaca el forzoso examen de conciencia que debe hacer antes de enfrentarse a la realidad de un matrimonio que ha llegado a su fin porque hace tiempo ya que hace aguas por culpa  no tanto de sus múltiples infidelidades como de la indolencia en la que parecer instalado hacia todo lo que lo rodea. De ese modo, esos personajes con los que el protagonista tendrá que lidiar a lo largo de los siete días y siete noches que dura su Odisea barcelonesa también lo arrastrarán a formar parte de asuntos turbios como aquel en el que se está metida una compañera taxista por un asunto de drogas o ese otro del hermano yihadista de otro compañero y sin embargo amigo. Y lo hará porque Sandino, que así se llama el prota en homenaje al disco Sandinista de los Clash, nota tan musical como generacional a tener en cuenta, es un hombre aparentemente vencido, sí, pero también sensible e idealista que se resiste a caer en ese desabrimiento hacia el prójimo que parece ser norma entre la gente de la calle donde desarrolla su oficio, ese individualismo feroz que hace del colega, del vecino, el cliente siempre un extraño más o menos sospechoso, de cualquier otro semejante en suma, un enemigo o una víctima en potencia. Sandino se niega a igualarse con los individuos de corazón de piedra, ya por mera codicia, mala sangre o puede que ya sólo baqueados por la necesidad de resolver el día a día, y no duda en ayudar al que tiene al lado aunque descubra una y otra vez haber sido engañado y utilizado por aquellos en los que todavía confiaba, poco, pero confiaba.

Sandino es un nostálgico de lo que pudo ser y no ha sido, de un futuro que no se atrevió a emprender porque vaciló y al final se decantó por la salida más fácil y segura del medio de vida de sus mayores; para qué más, debió decirse aquel que tantos sueños tuvo, aquel que por estudios y capacidad podía haber aspirado a algo presumidamente mejor. Un taxista atormentado por sus remordimientos, los fantasmas familiares y su incapacidad para resistirse a las tentaciones de la carne o de los paraísos tóxicos, que recorre Barcelona al volante de un taxi convertido en un ojo caleidoscópico cuyas imágenes traslada al papel en forma de poesía.

Y de ese modo, y como ya antes con sus anteriores novelas, Zanón se convierte en el último cronista de una ciudad ya antes convertida en fuente inagotable de literatura al estilo de Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza, González Ledesma, Andreu Martín y otros. Un narrador de ese lado, no menos conocido porque de él ya han dado debida cuenta los autores antes citados, pero si puesto al día y creo yo que del modo más eficaz, de la ciudad donde bulle la verdadera vida de sus habitantes, donde se palpa lo urbano en su forma más genuina. No obstante, Zanón nos presenta este enésimo retrato de Barcelona con trazos por momentos intensamente líricos, puede según en cuál de ellos incluso en exceso con el consecuente problema de ralentizar la historia e incluso reiterarse en demasía, y aun y todo en conjunto no por épico menos desmitificador, y siempre a partir de lo cotidiano, de esa otra Barcelona al  Odisea de un Ulises que sólo es héroe en la medida que su empeño en salir adelante a pesar de tanta fatiga vital y tanta adversidad en razón de sus propias debilidades, nos lo hacen heroico, que es la manera un tanto grandilocuente de decir que cercano, demasiado cercano, acaso también digno de nuestra compasión y/o comprensión.

Un relato cuya eficacia ya no reside en el atractivo de la trama negra como en su anterior y premiada novela, Yo fui Jonnhy Thunders (2013), y en la que Barcelona y esa mirada poética también están presentes, sino en su apuesta ya sin complejos, puede que sin autolimitaciones para no extraviarse del género negro al que se adscribe como narrador, por una narrativa donde la fuerza de las imágenes, la pelea en cada frase con el lenguaje para apurar el tono del relato, así como la hondura de las descripciones de los personajes y sobre todo el empeño de darle a su protagonista en particular, y al resto del personajes en general, una aureola de autenticidad, dejan ya definitivamente en segundo plano la trama exclusivamente negra. Todo esto y más hacen de Taxi la novela más conseguida de su autor, tanto como poder asegurar sin miedo a caer en las exageraciones a las que servidor es tan proclive, que Carlos Zanón es uno de los contados escritores españoles de novela negra que han revolucionado de verdad el género en castellano proporcionándole esa respetabilidad literaria de la que parecía carecer. Y también, esto ya a mi juicio, el enésimo ejemplo de que el irresistible embrujo de la novela negra como género tan o más digno que otro cualquiera, incluso de la novela llamada tan pomposamente literaria sin más, reside precisamente en que lo negro debe ser poco más que una escusa, una coartada, para ofrecer una obra cuyo principal atractivo esté siempre muy por encima de una mera trama policial que sólo ofrece entretenimiento.

Texto © Txema Arinas. 2018


páginas: 368 – Tapa blanda – Editorial: PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA. CASTELLANO ISBN: 9788498388190

SIPNOSIS

«Tenemos que hablar», le dice Lola a su marido durante el desayuno. Él le responde que lo harán por la noche, cuando acabe su jornada en el taxi. Sandino es un hombre melancólico, que duda en regresar a casa porque teme que Lola, harta de sus infidelidades, lo deje. No está muy seguro de si desea que eso suceda, como tampoco sabe si le gusta ser taxista, si es capaz de querer a alguien o si todo consiste en seguir rodando y chocando, como una bola en una mesa de billar llamada Barcelona. Durante siete días y sus seis noches, Sandino recorre las calles y los barrios como un muñeco roto que huye de sí mismo, un depredador que deambula sin rumbo fijo, de sitio en sitio, a criterio siempre del cliente, del tedio o de la ocasión de cauterizar la herida de la forma más carnal. Y mientras dura su particular odisea, en su mente se mezclan y entrelazan las historias de pasajeros, amigos y enemigos, una maraña de recuerdos y fantasmas del pasado que dibujan un mapa existencial de su vida, de la vida de la ciudad y de los personajes que la habitan. Tal vez así, en su fuga hacia la nada, Sandino logre liberarse de sus ataduras, de sus amores espurios y del entorno que lo atenaza para llegar a algún lugar en el que nunca ha estado. La fuerza narrativa, el ritmo hipnótico imbuido de ecos musicales y el profundo calado psicológico.

Sobre el Autor:

CARLOS ZANÓN.  Ver ficha en Autores

Sobre el reseñador:

TXEMA ARINAS. Ver ficha en Autores 

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