Si te dicen que leí por Beckett & Hawk

Tenía 14 años. Aún lo recuerdo como si fuera ayer. Yo tenía esa sed insaciable que solo un libro podría calmar, era como asomarse a un acantilado frente a un mar inmenso y azul que azotaba mis pies con un aire cálido y puro. Mar que me envolvía en palabras que yo nunca había conocido. Recuerdo esa época porque devoré sin compasión libros como “1984”, “Un mundo feliz” “El guardián entre el centeno” “La vida es sueño” “Ulises” “La conjura de los necios” “La perla” “El señor de las moscas” …

Llegué aquella tarde a la biblioteca buscando nuevas sensaciones, buscando entre las estanterías algo que la realidad no podía darme, tratando de rescatar sueños que yo no podría vivir nunca. No sé cómo ocurrió, pero entre mis manos apareció un libro que yo no buscaba. Se llamaba “El sueño eterno” de un tal Raymond Chandler. El título me gustó. La bibliotecaria me miró sonriendo y me dijo que era algo diferente a lo que había leído hasta entonces.

Y efectivamente, era algo distinto a lo que estaba buscando. Lo devoré en pocos días y dejó en mi alma esa semilla que siempre deja algo importante. Aquel libro me abrió los ojos a un género nuevo. Gracias a él descubrí un género inagotable, que no solo me aportaba buena literatura si no que conseguía entretenerme. Conseguía que las tardes de aquel verano se llenaran de historias repletas de misterios, venganzas, justicia, policías, asesinos, vida y muerte.

Desde entonces nunca he dejado ese género, nunca he dejado la novela negra. Por mis manos fueron pasando desde los clásicos hasta los contemporáneos. Yo fui lector cuando la novela negra era considerada serie B y soy lector ahora que la novela negra y policíaca ocupa los primeros puestos en ventas y estanterías.

Han pasado ya muchos años desde que leí por primera vez una novela negra, pero sigo asomándome a ese acantilado de palabras, sigo buscando nuevas historias, nuevas sensaciones, nuevos personajes que me arrastren hasta ese profundo abismo donde habitan los libros que algún día alguien escribió. Sigo navegando por ese mar inmenso buscando alejarme por unos momentos de una realidad, de la que a veces, es difícil escapar.

Yo tenía 14 años y buscaba una ventana hacia donde mirar. Los libros forman parte de mi vida y la vida forma parte de los libros. Yo tenía 14 años y una sed difícil de calmar.

 

©Artículo: Beckett & Hawk, 2021.

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