Reseña SANGRE DE MI SANGRE de Rebeca Tabales por Rafael Guerrero

 

DATOS BIBLIOGRÁFICOS

 

Título: Sangre de mi sangre

Autora: Rebeca Tabales

Sello: EDICIONES B

Fecha publicación: 01/2019

Idioma: Español

Formato, páginas: E-BOOK EPUB, 304

ISBN: 9788466665308

Género: Suspense

Colección: La Trama

 

 

SINOPSIS

Rut es psicóloga forense independiente. Piensa que a sus treinta y cinco su trabajo debería resultar más lucrativo y menos insignificante. Su corazón está dividido entre un detective sedentario, un policía tuerto y su hija, contestona y enganchada a los videojuegos.

Javier ha vivido, a los siete años, más de lo que muchos adultos soportarían; un día empieza a actuar como un perro rabioso. Tiene un secreto que contar, pero nadie le escucha.

Alberta es la sombra de la mujer seductora y rebelde que fue. Es grosera, cínica y autodestructiva. Ha agotado todas las ayudas y ha alejado todas las bondades. Tiene un secreto que preferiría olvidar.

Un día, Rut se cruza en la vida de Javier y Alberta.

BIO

Rebeca Tabales (Madrid, 1981) es novelista, poeta, documentalista y licenciada en psicología. Su primera publicación fue en la antología: Periféricos. Quince poetas, de Ignacio Elguero (Universidad Popular José Hierro, 2003). Obtuvo el XIII Ateneo Joven de Sevilla con su primera novela: Eres bella y brutal (Algaida, 2008). Fue documentalista y ayudante de guion de la serie de TVE Seis Hermanas, que noveló en 2015, y autora también de Cartas de la Madame inglesa (Planeta, 2017) y de Sangre de mi sangre (Ediciones B, 2019).

“Sangre de mi sangre”

Autora: Rebeca Tabales

Ediciones B, 2019

Por Rafael Guerrero

Perturbadora. Dejo aquí esta palabra y más adelante la retomaré para explicar el motivo de esa calificación y por qué soltarla así, sin su contexto, sin su correspondiente perfil psicológico anexo. Sí, quiero generar intriga, no me escondo, va en el género. En qué género, se dirán.

   El del thriller psicológico versión noir, la madre de todas las batallas internas. Una etiqueta editorial y comercial conformada por dos conceptos ya de por sí complejos y espinosos que aquí en España hemos adoptado en su terminología anglosajona y en la mayoría de los casos clonado. Es normal, lo que acojona a las ánimas, acojona en Iowa y en Madrid.

   Quizá lo podríamos haber denominado ‘novelas de mentes jodidas” aunque entiendo que ese lema resultaría poco vendible para los editores y libreros. Imagínense preguntando por la estantería de las ‘mentes jodidas’, parece lógico que el dependiente de turno mantuviese a duras penas una sonrisa forzada mientras pulsa disimuladamente el botón de alarma que alerta veladamente a la policía. Yo lo haría, me refiero a preguntar por las mentes jodidas, me va la marcha.

   Ya hay que tener valor, pues, para enfrentar la suma de esos dos formatos cuando a uno y otro les han dado tres vueltas al cuentakilómetros (se ha escrito todo al cubo) y hasta los corderos en silencio se han sentido protagonistas entre tanta ponzoña humana. Ya hay que tener valor para hacerlo, narrarlos y salir indemne e incluso con laureles literarios del envite como le ocurre a Rebeca Tabares, la autora de “Sangre de mi sangre” y de los jirones de piel propios que se ha debido dejar en esta obra.

   Como detective privado puedo confirmar que hasta las introspecciones más discretas y sutiles dejan huellas y rastros a poco que rasques, señales de quién estuvo dónde y con qué heridas se le premió durante la aventura. Pero no, el adjetivo inicial no va por ahí aunque ese trabajo de campo —de cuerpo y entrañas, en realidad­— supongo que habrá contribuido bastante a fermentar la atmósfera que envuelve o contamina —escasa diferencia hay en estas lides— la historia, los personajes, a las dos narradoras, el barrio madrileño de Tetuán, el Pekín irrespirable o las camas frías, y a convertir la sucesión de tramas en un recorrido adictivo, extenuante y a la postre, ahora sí, perturbador.

   Muy bien escrita de principio a fin, con un logrado equilibrio entre forma y fondo, sin concesiones a lo facilón, cuidando el lenguaje sin rehuir los tecnicismos profesionales (son varios los palos que se tocan: loqueros, forenses, maderos, huelebraguetas) ni regodearse en ellos para marcar distancia con el lector. No hace falta tener el diccionario a mano para entender las vicisitudes, casi mejor un ansiolítico o un Macallan sin hielo.   De hecho, a ese lector se le introduce amablemente dentro del frenópatico emocional y allí se queda, perdido y con miedo, sin instrucciones ni indicaciones para escapar. Para cuando pretende darse cuenta de qué sucede ya es parte de lo que sucede. Ahí la trampa, ahí el éxito incontestable de la urdidora, que no contenta con manejar los hilos de la ficción se dedica de paso a enredar con los nuestros.

   Tensión, angustia, identificación con los roles que se vuelven en tu contra y te abofetean cuando descubres que estás defendiendo a un hijo de puta, que estás atrapado en y por la corriente, que ya no lees sino que participas como tarado invitado, ya no estás disfrutando ni sufriendo, ya no eres un testigo desde la mampara protectora sino una mente jodida más surcando capítulos a merced de tus fantasmas. Te han calado, el perfil psicológico ahora es el tuyo, es tu retrato, tu lado oscuro reflejado en un espejo que no responde a tus movimientos sino a tus pulsiones reprimidas: tu mierda te está mirando de frente, eres sangre de su sangre.

   En este sentido me gustaría destacar lo muy acertado del juego creativo en el que se alterna la tercera persona de un relator omnisciente y la primera persona de Rut (sin hache), la protagonista, la guía en este proceloso laberinto de mentes muy jodidas, incluida la suya. También los diálogos, con un pulso notable para captar el habla coloquial de adolescentes, tarumbas, maltratadores, abuelos, colegas de trabajo, polis, víctimas y niños rotos; verosímiles aun en situaciones límites (el trap rimado tras una agresión física es oro puro, deshago de verdad, exorcismo de urgencia, supervivencia, tra-tra).

   Y es que esa reacción absurda, inesperada e injustificada hasta para quien la encarna, preludia perfectamente esta otra reflexión que unas páginas después revela el secreto para afrontar cualquier drama por oscuro y espeso que sea: “Conserva el humor y ese es un refugio desde el que puede reconstruirse todo”. Perturbadora y a muchos ratos divertida. O sea, brillante.

   Coméntenlo con su psicólogo si no me creen.

 

Reseña: ©Rafael Guerrero, 2019.

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