LA LETRA Y LA CIUDAD de Randa Jebrouni por Ahmed Oubali
La letra y la ciudad, su trama en Tánger,
de Randa Jebrouni:
una lectura hauntológica
Ahmed Oubali
RESUMEN
El amplio y riguroso corpus de crítica literaria (tesis, artículos académicos, conferencias, etc.) que la doctora Randa Jebrouni ha consagrado a la ciudad de Tánger es hoy de notoriedad internacional. La autora la ha explorado, representada en la literatura mundial (2020), desde el orientalismo decimonónico hasta la narrativa beat, pasando por la literatura colonial, poscolonial y testimonial, esquivando enfoques sensacionalistas y centrándose en los aspectos sociopolíticos, comparatistas o imagológicos.
El presente estudio, que brilla por su ausencia en la investigación académica, propone una lectura hauntológica de este corpus, con intención de realzar aspectos desafiantes del mismo, que quedan ocultos a un examen literal. Con 2
el paradigma de hauntología —formulado por Jacques Derrida y desarrollado posteriormente por Mark Fisher, Avery Gordon y otros— pretendo reinterpretar la ciudad como espacio fascinante y espectral donde confluyen temporalidades dislocadas, promesas incumplidas, memorias superpuestas, fantasmas culturales que retornan bajo nuevas formas narrativas, mientras que la persistencia del pasado, que configura la ciudad, tiende a diluir su presente y su futuro en una estructura temporal desajustada. En este sentido, la hauntología permite iluminar cómo dichas narrativas construyen una ciudad siempre diferida, suspendida entre ruina y promesa, memoria y deseo, desaparición y supervivencia simbólica.
Palabras clave: Hauntología; Tánger; Randa Jebrouni; Hechizo; Literatura comparada.
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ABSTRACT:The Letter and the City, Its Plot in Tangier,
by Randa Jebrouni: A Hauntological Reading
The extensive and rigorous corpus of literary criticism (doctoral dissertations, academic articles, conference papers, etc.) that Dr. Randa Jebrouni has devoted to the city of Tangier now enjoys international recognition. The author has explored it, as represented in world literature (2020), from nineteenth-century Orientalism to Beat narrative, including colonial, postcolonial, and testimonial literature, avoiding sensationalist approaches and focusing instead on sociopolitical, comparative, and imagological dimensions.
The present study, which is conspicuous by its absence in academic research, proposes a hauntological reading of this corpus, with the aim of highlighting its most challenging aspects that remain hidden from a literal examination. Drawing on the paradigm of hauntology —formulated by Jacques Derrida and subsequently developed by Mark Fisher, Avery Gordon, and others—, I seek to reinterpret the city as a fascinating and spectral space in which dislocated temporalities converge: unfulfilled promises, layered memories, and cultural ghosts that return in new narrative forms. At the same time, the persistence of the past —shaping the city’s configuration— tends to dissolve its present and future within a disjointed temporal structure. In this sense, hauntology makes it possible to illuminate how these narratives construct a city that is perpetually deferred, suspended between ruin and promise, memory and desire, disappearance and symbolic survival.
Keywords: Hauntology; Tangier; Randa Jebrouni; Spell; Comparative Literature. 3
INTRODUCCIÓN
Mucho se ha escrito sobre Tánger y el hechizo que provoca en artistas, escritores y viajeros. Desde los relatos cosmopolitas del periodo internacional hasta las evocaciones nostálgicas del siglo XX, la ciudad ha sido convertida en escenario mítico, enclave exótico, umbral entre continentes y laboratorio de modernidades. Tánger ha fascinado a figuras tan diversas como Paul Bowles, William S. Burroughs, Mohamed Chukri o Jean Genet, y su magnetismo ha alimentado una vasta producción literaria, memorialística y cinematográfica. Sin embargo, pese a la abundancia de textos y aproximaciones ensayísticas e historiográficas, faltaba hasta ahora un estudio académico de conjunto, sistemático y metodológicamente coherente que abordara el imaginario tangerino desde una perspectiva crítica innovadora capaz de dar cuenta de la compleja temporalidad que atraviesa la ciudad.
La obra de Randa Jebrouni* viene a llenar este vacío. Se trata de una investigación rigurosa, sólidamente documentada y conceptualmente ambiciosa, realizada por una autora reconocida por su precisión filológica, su profundidad hermenéutica y su capacidad de articular teoría y análisis textual con brillo y extraordinaria solvencia. Su estudio no solo normaliza y unifica un corpus disperso, sino que lo somete a un examen transversal que ilumina dimensiones hasta ahora apenas esbozadas: Tánger es abordado desde la historia cultural, la nostalgia colonial, el cosmopolitismo, la mitificación orientalista, la memoria y los estudios poscoloniales y el boom literario que conoce en la actualidad. El resultado es una obra que deja al lector y al académico especializado profundamente interpelados, intelectualmente estimulados y críticamente desafiados.
La lectura hauntológica propuesta de esta obra tiene como finalidad específica realzar de manera sistemática, la persistencia espectral que atraviesa las representaciones de la ciudad.
- La necesidad de una lectura hauntológica 4
No existe hasta la fecha ningún estudio dedicado a Tánger que adopte explícitamente una perspectiva hauntológica como eje vertebrador de análisis.
Esta noción, formulada por Jacques Derrida en Spectres de Marx y posteriormente reelaborada en clave cultural por Mark Fisher y Avery Gordon, ofrece el marco hermenéutico idóneo para abordar el caso tangerino.
La hipótesis central de este estudio sostiene que Tánger no se limita a ser representada como ciudad histórica o espacio exótico, sino que aparece recurrentemente como estructura espectral: un lugar donde el pasado no desaparece, sino que persiste e insiste; donde las promesas modernas se suspenden; donde lo colonial, lo internacional y lo marginal coexisten en un presente desajustado.
La hauntología no se entiende aquí como metáfora decorativa, ni como lectura alegórica, sino como categoría ontológico-temporal que permite pensar la ciudad como palimpsesto de presencias ausentes. Siguiendo la noción derridiana del tiempo “out of joint”, Tánger emerge como espacio donde la linealidad histórica se fractura y donde la memoria no se clausura, sino que retorna bajo formas sintomáticas, melancólicas o fantasmáticas.
Consecuentemente, la crítica a los estudios literarios sobre Tánger —y la obra de Jebrouni puede considerarse el mejor ejemplo— no convoca otra lectura interpretativa posible que la hauntológica: la ciudad aparece constantemente como espacio de superposición temporal, como escenario de ruinas activas, como enclave donde el pasado colonial, el mito internacional y la modernidad fallida no se suceden, sino que coexisten espectralmente. La narrativa tangerina está atravesada por regresos, repeticiones, nostalgias ambiguas y presencias que no terminan de desvanecerse. No se trata simplemente de memoria, sino de una temporalidad dislocada, de una ciudad que se experimenta como eco, como resto, como promesa incumplida.
En este sentido, considero que la hauntología no es una opción interpretativa entre otras: es la clave hermenéutica que la propia obra citada exige. 5
Dada la amplitud del corpus analizado por Jebrouni, no me resulta posible abordar todos los temas expuestos.
Me concentraré, por tanto, en aquellos núcleos recurrentes que permiten articular una lectura hauntológica coherente de la representación literaria de Tánger. Estos temas no deben entenderse como compartimentos estancos, sino como dimensiones interrelacionadas de una misma constelación espectral, lo cual justifica que use repeticiones de términos clave y reiteraciones lexicales.
- El marco teórico encuentra su concreción en nueve temas fundamentales y representativos de la obra, que estructurarán el análisis en el marco práctico:
- El embrujo espectral de la ciudad: Tánger se configura como espacio liminar, atravesado por presencias invisibles, por figuras del pasado que habitan el presente. La ciudad no es solo escenario, sino entidad espectral que actúa sobre quienes la narran, alterando su identidad.
- Fascinación, sueño y narcotización: Desde las ensoñaciones orientalistas hasta las experiencias vinculadas al kif y a la cultura beat, Tánger aparece como ciudad del trance y la temporalidad suspendida y alterado.
- Topofilia y psicogeografía: El vínculo afectivo con el espacio urbano y la experiencia errante de sus calles revelan una geografía emocional (entre espacio, memoria y subjetividad) donde la ciudad se convierte en mapa interior.
- Memoria colonial y postcolonial: El estatuto internacional de Tánger y su condición de enclave diplomático generan una memoria ambivalente: nostalgia cosmopolita y trauma histórico conviven en tensión permanente.
- Metamorfosis urbana y espectros del presente: La transformación arquitectónica y social produce una sensación de pérdida, donde cada nueva construcción parece erigirse sobre un vacío no resuelto.
- Tánger como mito urbano y laboratorio literario: La ciudad funciona como espacio de experimentación narrativa y como mito transnacional, capaz de reinventarse en cada texto.
- Representaciones y heterotopías: ambivalencia y nostalgia reflexiva: Tánger se presenta como otro espacio, espacio otro, 6
heterotópico, simultáneamente real e imaginado, donde la nostalgia no es ingenua, sino consciente de su propia construcción.
- El cine y el vampirismo emocional: Las representaciones cinematográficas y literarias sugieren una dinámica de absorción: la ciudad como entidad que seduce, consume y vampiriza a quienes la habitan.
- El hechizo transhistórico y atemporal: Finalmente, el imaginario tangerino se revela como fenómeno que desborda épocas concretas: el hechizo no pertenece a un periodo, sino que se reactiva constantemente bajo nuevas formas, nuevas capas simbólicas y espaciales.
Esta selección de temas demuestra que Tánger no es únicamente un espacio geográfico, ni un motivo literario recurrente, sino una constelación espectral donde convergen historia, deseo, mito y memoria. La ciudad se convierte, así, en paradigma de una modernidad inacabada y en laboratorio privilegiado para una lectura hauntológica que aprestigia e ilumina tanto su pasado, como su persistente actualidad.
- Marco teórico
- Definición del concepto
El término hauntología fue acuñado por Jacques Derrida (1993). Se trata de un neologismo que juega fonéticamente con “ontología” y “haunting” (embrujar, acechar, hechizar, fascinar), proponiendo una filosofía del ser atravesada por la espectralidad. Para Derrida, el presente nunca es plenamente presente: está habitado por espectros o ausencias activas, por aquello que no está del todo vivo ni del todo muerto. La hauntología cuestiona, así, la metafísica de la presencia y la linealidad temporal, introduciendo la idea de una atemporalidad: El tiempo no coincide consigo mismo: se encuentra “out of joint”1. El espectro no constituye
1 En Spectres de Marx, Derrida introduce el neologismo ‘hauntologie’ como desplazamiento irónico de la ontología clásica. Desde las primeras páginas, el filósofo sostiene que el presente no se constituye como plenitud autosuficiente, sino como espacio atravesado por retornos, promesas incumplidas y presencias diferidas. La célebre fórmula shakesperiana —“the time is out of joint”— le permite conceptualizar una temporalidad desajustada, estructuralmente abierta a lo que ya 7
no está y a lo que todavía no ha llegado. La espectralidad no es aquí un motivo temático, sino la condición misma de posibilidad de la historicidad: todo presente está habitado por lo que no coincide consigo mismo (pp. 12–15). Esta formulación resulta decisiva para nuestra lectura de Tánger: la ciudad no se describe como enclave histórico estable, sino como presente fracturado donde el estatuto internacional, el cosmopolitismo y el colonialismo sobreviven como restos activos que desarticulan la linealidad del tiempo urbano.
una simple metáfora literaria, sino una categoría crítica que permite pensar las herencias históricas, las deudas políticas y las expectativas incumplidas de la modernidad.
La espectralidad, por ende, no se reduce a una figura de fantasmas; constituye una categoría crítica para pensar las herencias históricas y religiosas, las deudas políticas y las promesas no realizadas de la modernidad. El espectro es aquello que insiste sin resolverse, que nos interpela desde una posición liminal. En términos derridianos, convivimos con fantasmas porque toda estructura social y cultural está atravesada por restos y supervivencias. En este sentido, la hauntología no es simplemente una teoría nostálgica del pasado que nos embruja u obsesiona, sino una reflexión sobre la persistencia, la no clausura histórica y la inestabilidad constitutiva del presente.
Esta categoría, como veremos, resulta particularmente pertinente para comprender una ciudad como Tánger, cuya identidad literaria se ha configurado a partir de capas históricas que nunca desaparecen del todo: ocupaciones sucesivas (greco-romana, portuguesa, española, inglesa), estatuto internacional (1923–1956), bohemia beat, industrialización textil, expansión portuaria contemporánea y procesos acelerados de globalización. Ninguna de estas etapas desaparece por completo; todas permanecen como estratos activos en la imaginación cultural.
- Origen y desarrollo de concepto: principales teóricos y líneas de debate
La formulación inicial de hauntología surge como respuesta tanto al colapso del bloque soviético como al discurso triunfalista del “fin de la historia”. Frente a la proclamación de una victoria definitiva del capitalismo liberal, Derrida introduce la figura del espectro para señalar que ninguna formación histórica logra clausurar completamente sus 8
antagonismos. El espectro no es simplemente una metáfora: constituye una categoría ontológica que cuestiona la primacía de la presencia y la linealidad temporal. La hauntología —juego fonético con ontología— propone así una lógica del ser como siempre ya habitado por lo ausente, por aquello que insiste sin actualizarse plenamente.
En Derrida, el espectro encarna una doble temporalidad: remite al pasado que retorna, pero también al futuro que no ha llegado. La herencia marxista, lejos de desaparecer tras la caída del Muro de Berlín, persiste como exigencia ética. De ahí que la hauntología no sea una teoría melancólica del residuo, sino una política de la responsabilidad: convivimos con espectros porque toda comunidad está estructurada por deudas no saldadas.
A partir de esta matriz inicial, el concepto fue desplazándose hacia otros campos disciplinarios, donde adquirió modulaciones específicas.
Una de las reapropiaciones más influyentes es la de Mark Fisher. En Ghosts of My Life (2014), la hauntología deja de ser exclusivamente una categoría filosófica para convertirse en una herramienta crítica del análisis cultural contemporáneo. Fisher parte de un diagnóstico: el capitalismo tardío ha cancelado la imaginación del futuro. La cultura ya no produce novedades radicales, sino variaciones nostálgicas de estilos pretéritos en lugar de rupturas innovadoras. La proliferación de estéticas retro, remakes y reciclajes musicales evidencia que vivimos rodeados de “futuros perdidos”, es decir, de expectativas históricas que no llegaron a cumplirse2.
2 Fisher traslada la hauntología al análisis cultural contemporáneo, especialmente en este libro, donde examina la proliferación de estéticas retro en la música y el arte. Para él, la cultura del siglo XXI no produce nuevas utopías, sino que recicla formas pasadas, como si estuviera atrapada en una repetición melancólica. El concepto de “futuros perdidos” designa precisamente esa experiencia colectiva de promesas modernistas que no se realizaron. La hauntología deviene, así, diagnóstico político y estético de una modernidad agotada y obsoleta (pp. 23–40). Aplicado a Tánger, este diagnóstico ilumina la persistencia del mito internacional como futuro abortado: la ciudad aparece suspendida entre la promesa cosmopolita y su clausura, convertida en archivo melancólico de modernidades truncadas.
El desplazamiento operado por Fisher es significativo. Mientras que Derrida subraya la persistencia de la herencia marxista como espectro 9
ético-político, Fisher identifica en la cultura popular una sensación generalizada de estancamiento temporal. La hauntología ya no remite únicamente a la deuda con el pasado, sino al duelo por futuros que nunca se materializan. Así, la música electrónica, los paisajes sonoros granulados o las imágenes de ruinas industriales se convierten en síntomas de una sensibilidad histórica marcada por la repetición y la impotencia imaginativa.
Este giro cultural encuentra resonancias en la obra de Fredric Jameson, quien define su análisis del posmodernismo como “lógica cultural del capitalismo tardío” (1991), anticipando muchos de sus presupuestos. La temporalidad se vuelve plana, reciclable, sin horizonte utópico. Desde esta perspectiva, la hauntología puede leerse como un desarrollo posterior de la crítica jamesoniana: la cultura posmoderna está vampirizada y semiotizada por espectros, porque ha perdido la capacidad de proyectar un futuro novedoso, asequible y coherente3.
3 En su obra, Jameson describe, concretamente, la “crisis de historicidad” propia del posmodernismo. El fenómeno del “nostalgia film” ilustra, según él, una relación superficial con el pasado, convertido en estilo y simulacro (pp. 70–85) . Aunque Jameson no utiliza el término hauntología, su análisis anticipa la problemática de una temporalidad donde el pasado retorna despojado de espesor histórico, como imagen estetizada. Esta lógica resulta clave para comprender ciertas representaciones mitificadas del Tánger internacional, cuya imagen literaria y cinematográfica oscila entre decorado exótico y reliquia glamurizada, vaciada de conflicto.
4 Žižek plantea que la ideología opera a través de estructuras fantasmales que organizan la realidad social. El fantasma no es una ilusión secundaria, sino el marco que sostiene el deseo y la cohesión simbólica (pp. 40–56). Aplicado al imaginario tangerino, ello implica que la ciudad funciona como escenario donde Occidente proyecta sus fantasmas coloniales, sexuales y culturales, configurando una fantasía geopolítica persistente. La “ciudad libre” deviene así pantalla ideológica donde se dramatizan deseos de transgresión y decadencia
Por su parte, Slavoj Žižek introduce otra inflexión relevante al interpretar la espectralidad desde el psicoanálisis. Para el autor (1989), el espectro no es simplemente el retorno de lo reprimido, sino la manifestación de una inconsistencia estructural en el orden simbólico. La ideología opera de manera fantasmal: organiza la realidad social a través de ficciones que determinan nuestras prácticas4. Desde este ángulo de la espectralidad, la hauntología no solo interpreta fenómenos culturales, 10
sino que permite desmitificar y deconstruir la dimensión del poder y su subjetividad.
A su vez, Avery Gordon amplía el campo hacia una sociología de la espectralidad. En Ghostly Matters (1997), los fantasmas aparecen como síntomas de mentiras e injusticias históricas no resueltas —esclavitud, racismo, violencia estatal, abusos sexuales— que persisten en el presente. Lo espectral se convierte en categoría metodológica para detectar aquello que el discurso oficial intenta suprimir. En lugar de reducir el fantasma a metáforas literarias, Gordon lo concibe como una presencia social efectiva: El espectro señala que algo ha quedado sin resolver y exige reconocimiento y trato. Esta perspectiva resulta particularmente fecunda para estudios urbanos y poscoloniales, donde las ciudades (como Tánger) funcionan como archivos de exclusiones acumuladas5.
5 Gordon define el ‘haunting’ como categoría sociológica capaz de detectar la persistencia de violencias históricas no resueltas (pp. 22–34). El espectro señala aquello que el discurso oficial ha intentado clausurar, pero que retorna como inquietud y malestar social. En Tánger, esta noción permite leer la ciudad como espacio donde el colonialismo, la marginalidad y las jerarquías internacionales continúan ejerciendo efectos estructurales invisibilizados por la narrativa cosmopolita.
6 Martin Hägglund relee a Derrida subrayando que la espectralidad no es solo fenómeno histórico, sino condición ontológica de la temporalidad finita (pp. 101–120). Toda presencia está atravesada por diferimiento (différance) y vulnerabilidad; vivir es siempre exponerse a la pérdida. Esta radicalización filosófica refuerza la lectura de Tánger como ciudad donde la inestabilidad no es contingente ni meramente política, sino constitutiva de su experiencia histórica y urbana.
Martin Hägglund (2008), en cambio, problematiza la dimensión ontológica del espectro. Su lectura enfatiza la temporalidad radical y la finitud como condiciones estructurales de la existencia. La espectralidad no es solo un fenómeno histórico específico, sino manifestación de la vulnerabilidad constitutiva del tiempo. De este modo, Hägglund desplaza la hauntología hacia una reflexión más abstracta sobre la vida y la muerte, subrayando la imposibilidad de una presencia plena6.
Finalmente, Katy Shaw (2018) contribuye a sistematizar la hauntología como enfoque interdisciplinario consolidado. Su trabajo evidencia cómo el concepto ha sido adoptado en estudios literarios, culturales y 11
mediáticos, especialmente en contextos de crisis económica, colapso ecológico y precariedad social7. La hauntología se convierte, aquí, en un paradigma interpretativo capaz de articular memoria, trauma y espacialidad.
7 Katy Shaw sistematiza la hauntología como enfoque consolidado en los estudios literarios contemporáneos. En su obra (pp. 12–33), demuestra cómo, en contextos de crisis económica y precariedad cultural, la espectralidad se convierte en lente privilegiada para analizar narrativas de ruina y repetición. Su trabajo legitima metodológicamente la aplicación del marco hauntológico a estudios urbanos, reforzando la pertinencia teórica de leer Tánger como ciudad-texto atravesada por restos y discontinuidades.
En síntesis, el desarrollo de la hauntología revela tensiones productivas: entre ontología y materialismo histórico, entre crítica cultural y ética política, entre metáfora y método. Sin embargo, en todas sus variantes persiste un núcleo común: el presente está estructuralmente habitado por ausencias activas y temporalidades superpuestas que impiden cualquier clausura definitiva del sentido.
- Aplicaciones de la hauntología: cine, música y literatura
La expansión del concepto más allá de la filosofía ha permitido identificar una estética hauntológica en diversos ámbitos culturales.
En el cine, por ejemplo, la espectralidad se manifiesta tanto a nivel temático como formal. No se trata únicamente de relatos de fantasmas, sino de películas que exploran la memoria, la ruina y la persistencia de imágenes del pasado. El uso de archivos, metraje encontrado (found footage), paisajes industriales abandonados o narrativas fragmentadas produce una experiencia temporal desajustada. El espectador se enfrenta a imágenes que parecen sobrevivir a su propio contexto histórico, generando una sensación de anacronismo permanente. La imagen cinematográfica funciona como superficie donde se inscriben memorias latentes.
Asimismo, el cine de la modernidad tardía muestra una fascinación creciente por ciudades en decadencia, espacios fronterizos y territorios suspendidos entre abandono y transformación. Estas representaciones visuales articulan una sensibilidad donde el espacio urbano aparece 12
como depósito de temporalidades acumuladas, articulando una sensibilidad donde el presente nunca es autosuficiente… La hauntología, en este sentido, ofrece un marco teórico para comprender cómo la imagen cinematográfica puede funcionar como superficie de inscripción de memorias latentes.
En música, la categoría ha encontrado uno de sus campos de aplicación más fértiles. Fisher (2014) analiza sonoridades que evocan deterioro tecnológico: vinilos rayados, cintas magnetofónicas degradadas, reverberaciones que simulan lejanía temporal. Estas estrategias estéticas producen una sensación de distancia histórica, incluso cuando se trata de composiciones contemporáneas. El oyente experimenta una nostalgia por algo que quizá nunca existió plenamente. La hauntología musical no remite a un pasado concreto, sino a futuros prometidos por la modernidad tecnológica que quedaron truncados —por ejemplo, la modernidad tecnológica del siglo XX que no llegó a materializarse.
En literatura, las aplicaciones han sido igualmente diversas. La narrativa contemporánea ha explorado con frecuencia la memoria traumática, las ciudades marcadas por la violencia o los espacios donde coexisten múltiples capas históricas. La novela urbana, en particular, ofrece un terreno privilegiado para la lectura hauntológica. La ciudad emerge como palimpsesto: cada edificio, cada calle, cada topónimo condensa historias superpuestas. El texto literario no solo describe un espacio, sino que lo activa como archivo espectral, como es el caso de Tánger.
En contextos poscoloniales, la hauntología permite repensar la persistencia de estructuras coloniales en el presente. Las antiguas metrópolis y las ciudades periféricas conservan huellas arquitectónicas, lingüísticas y simbólicas que continúan organizando la experiencia contemporánea. El fantasma colonial no es una reliquia, sino una presencia activa que condiciona identidades y narrativas.
Por tanto, la hauntología no se limita a identificar temas fantasmales, sino que examina cómo las obras culturales construyen temporalidades dislocadas, cómo producen la sensación de que algo ausente insiste en hacerse oír. Este enfoque resulta especialmente pertinente para el análisis de ciudades literarias, como Tánger, cuya identidad se ha forjado a partir de sucesivas mitificaciones y rupturas históricas. 13
- El futuro de la hauntología: hacia una crítica de la espacialidad espectral
Lejos de agotarse como moda teórica asociada a la década de 1990, la hauntología ha demostrado una notable capacidad de adaptación. En la actualidad, su potencial crítico se expande hacia nuevos ámbitos.
En primer lugar, los estudios urbanos han incorporado la noción de espectralidad para analizar procesos de gentrificación, turistificación y transformación neoliberal de las ciudades. Los barrios desplazados, las arquitecturas demolidas y las comunidades expulsadas generan paisajes donde lo ausente se hace perceptible precisamente a través de su desaparición.
En segundo lugar, la digitalización de la memoria plantea interrogantes inéditos. Los archivos virtuales, las redes sociales y la persistencia de datos en la nube configuran una nueva forma de espectralidad tecnológica. El pasado ya no se limita a ruinas materiales; circula como huella digital permanente, configurando un pasado que no se borra, sino que retorna bajo modalidades inmateriales. La hauntología puede, así, dialogar con estudios sobre memoria tecnológica y cultura de archivo.
Asimismo, el contexto del Antropoceno introduce una dimensión ecológica. Las ruinas industriales, los territorios contaminados y los paisajes devastados por el extractivismo producen una experiencia espectral del entorno. El planeta mismo aparece como archivo de catástrofes acumuladas. En este marco, la hauntología se articula con la ecocrítica para pensar la persistencia de daños irreversibles.
Finalmente, en un mundo marcado por migraciones masivas, fronteras inestables y crisis identitarias, la espectralidad se vincula con la experiencia del desplazamiento. Las ciudades portuarias, los enclaves internacionales y los territorios fronterizos constituyen espacios privilegiados para explorar cómo la memoria, la promesa y la pérdida coexisten en tensión permanente.
El porvenir de la hauntología, por tanto, no reside en su cristalización como escuela cerrada, sino en su capacidad para interrogar las formas contemporáneas de temporalidad y espacialidad. Allí donde el presente se revela incompleto, allí donde el pasado retorna como exigencia o 14
donde el futuro aparece bloqueado, la categoría de espectralidad conserva su potencia crítica.
- Marco práctico
Procedo ahora a interpretar los principales ejes recurrentes de la obra de Randa Jebrouni, aplicando los conceptos de la hauntología, expuestos supra.
- El embrujo espectral de la ciudad
- Fascinación, sueño y narcotización
- Topofilia y psicogeografía
- Memoria colonial y postcolonial
- Metamorfosis urbana y espectros del presente
- Tánger como mito urbano y laboratorio literario
- Representaciones y heterotopías: ambivalencia y nostalgia reflexiva
- El cine y el vampirismo emocional
- El hechizo transhistórico y atemporal
- Tánger como ciudad espectral:
cosmopolitismo, interzona y temporalidad dislocada
Aplicar la hauntología al corpus propuesto implica desplazar el foco desde la mera representación espacial hacia la comprensión de Tánger como configuración temporalmente desajustada. La ciudad no aparece simplemente como escenario narrativo o turístico, sino como Interzone espectral, un lugar donde distintas capas históricas no se suceden linealmente, sino que coexisten en tensión permanente.
Desde el siglo XIX —momento en que comienza a configurarse textualmente la imagen cosmopolita— Tánger se construye como ciudad del umbral. La progresiva pérdida de centralidad de los habitantes autóctonos frente a la invasiva presencia europea no solo produce un cambio demográfico, sino una reconfiguración simbólica: la ciudad deja de pertenecer exclusivamente a quienes la habitan para convertirse en objeto de deseo y proyección exterior de todo tipo de vicio. En términos 15
hauntológicos, asistimos a una expropiación espectral: Tánger es narrada desde fuera y, al serlo, se convierte en fantasma de sí misma.
El período internacional constituye el núcleo más evidente de esta espectrología urbana. Administrada por múltiples potencias, Tánger no fue colonia convencional, sino enclave jurídico excepcional, una heterotopía política o —en términos de la autora— un laboratorio heterotópico. Este estatuto singular generó una atmósfera que la literatura mundial no dejó de mitificar persistentemente: contrabando, espionaje, prostitución, bohemia, libertades ambiguas. Sin embargo, lo decisivo es que este momento histórico no desaparece tras 1956; retorna constantemente como nostalgia estilizada, como válvula de consuelo, como mito reiterado en textos españoles, marroquíes y anglosajones.
Aquí se manifiesta con claridad la lógica espectral formulada por Jacques Derrida: el Tánger internacional no está presente, pero tampoco ausente. Funciona como promesa incumplida de cosmopolitismo absoluto, como utopía libertaria que el presente no logra replicar. De ahí que el viaje contemporáneo a la ciudad esté atravesado por la recuperación de ese mito. El turista y el escritor buscan una ciudad que ya no existe, pero cuya huella fascinadora organiza su experiencia: La ciudad se percibe como “atemporal, encantada y fragmentaria”, donde el pasado convive con el presente, pero vampirizándolo: En su obra, la autora muestra cómo escritores y turistas experimentan la ciudad como un ‘lugar que hipnotiza y seduce’, un escenario donde lo histórico y lo mítico se entrelazan con la experiencia personal.
La literatura española del siglo XIX y XX describe con frecuencia el ‘efecto narcótico del sol tangerino’, asociado a la feminización del espacio y la temporalidad onírica. Desde una perspectiva hauntológica, el Tánger internacional no desaparece tras la independencia marroquí: retorna como espectro y mito, revelando la experiencia de un tiempo suspendido.
En La vida perra de Juanita Narboni (Vázquez, 1976), la ciudad aparece como escenario de una memoria herida del período internacional8. En
8 Para Ángel Vázquez, la clausura del Tánger internacional se inscribe en la subjetividad fracturada de la protagonista. La diégesis no narra simplemente una decadencia histórica, sino la persistencia psíquica de un mundo desaparecido que 16
continúa organizando su identidad. El espectro del cosmopolitismo perdido estructura la memoria narrativa y convierte la ciudad en espacio espectral de duelo interminable, encarnando literariamente la hauntología urbana
En mi artículo, «La vida perra de Juanita Narboni: la diégesis de una neurosis», presenté un estudio crítico sobre esta novela, analizando cómo la narración intradiegética y homodiegética de Juanita refleja su inestabilidad psicológica y su neurosis en el contexto del Tánger internacional, utilizando herramientas narratológicas y freudianas para explorar la psique del personaje y su malestar existencial. Disponible en:
https://ahmedoubali.blogspot.com/2018/03/
https://www.academia.edu/48792369/La_vida_perra_de_Juanita_Narboni_La_di%C3%A9gesis_de_una_neurosis
En libro también: Iniciación al análisis semiótico de textos (2023).
9 Goytisolo articula, desde el exilio tangerino, un gesto de demolición simbólica de la tradición española (pp. 55–78) . El pasado imperial retorna como espectro que debe ser exorcizado mediante la reescritura y la blasfemia literaria. Tánger funciona como espacio liminar y extraterritorial desde donde confrontar la memoria nacional, intensificando su carácter heterotópico y espectral.
10 En Let It Come Down, Bowles construye Tánger como espacio de desorientación moral y desintegración subjetiva. La ciudad actúa como catalizador de la pérdida de referencias ontológicas del protagonista. En El cielo protector (adaptada al cine por Bernardo Bertolucci en 1990), el viaje hacia el desierto anticipa esa desorientación ontológica (pp. 33–50). Tánger emerge, así, como umbral hacia la disolución del sujeto moderno.
11 Burroughs ficcionaliza Tánger bajo la forma de Interzone, territorio de fragmentación lingüística, corporal y política. La ciudad aparece como geografía alucinatoria donde las categorías racionales se disuelven, anticipando una estética
Reivindicación del Conde Don Julián (Goytisolo, 1970), Tánger se configura como espacio de exilio y ruptura con la tradición nacional española9. Por su parte, Paul Bowles, en Let It Come Down (1952), construye un Tánger suspendido entre fascinación, degradación moral y perdición existencial10, mientras que William S. Burroughs, en Naked Lunch (1959), lo convierte en “Interzone”: espacio de disolución identitaria y crítica del orden occidental.
Sin embargo, desde una lectura hauntológica, la Interzone no es solo lugar de experimentación contracultural, sino espectro del orden colonial y del capitalismo global. La “nada” que Burroughs percibe es la expresión literaria de un vacío estructural y caótico producido por la superposición de soberanías y la fragmentación jurídica11. 17
espectral que subvierte la linealidad narrativa y convierte el espacio urbano en laboratorio de dislocación temporal.
12 La noción de “presencia ausente” formulada por Avery Gordon permite interpretar Tánger como archivo vivo de violencias coloniales y desigualdades estructurales no plenamente simbolizadas. La ciudad deviene así espacio donde lo reprimido histórico insiste en hacerse visible, cuestionando la narrativa turística y nostálgica.
13 Choukri representa la marginalidad urbana como experiencia corporal extrema. La pobreza y la violencia no aparecen como meros contextos sociales, sino como espectros estructurales de la modernidad marroquí, inscribiendo el trauma en el cuerpo del narrador. Frente al mito cosmopolita, emerge un Tánger subalterno cuya materialidad desestabiliza toda idealización.
En Identidades opresivas (2025), analizo varios relatos de mi autoría, ubicados en Tánger – estudios sobre delincuencia, sexo, prostitución masculina, homicidio y depravación del ser. Algunos relatos, como «Aquella noche en Tánger» (2014); «Tánger tiene mil ojos» (2022) están ya disponibles en la web Solonovelangera:
La hauntología muestra que este imaginario no es simple nostalgia. Se trata de la persistencia de una promesa cosmopolita que el presente no logra reproducir. El visitante contemporáneo que llega a Tánger, en busca de experiencias exóticas y hedónicas, encuentra inexorablemente el objeto deseado: una ciudad embrujada y hechicera, una trampa, una Calipso imposible de abandonar. En realidad, el embrujo comienza antes del viaje, porque la ciudad es ya espectro mediado por mitos, literatura, cine y prensa.
Los autores marroquíes, por su parte, nacidos en Tánger, perciben la ciudad como un ‘espacio de memoria colectiva’, donde los fantasmas del pasado colonial conviven con la vida cotidiana y la topografía histórica.
El concepto de “nostalgia reflexiva”, acuñado en el corpus, se corresponde con la hauntología de Avery Gordon: los escritores construyen relatos donde ‘la emoción se superpone al tiempo lineal’12, experimentando catarsis y reconstrucción de la memoria urbana. La medina, laberíntica y delirante, encarna esta temporalidad dislocada y acumulativa: pasado andalusí idealizado, precariedad presente y futuro migratorio bloqueado (Mohamed Choukri, 2012). No se trata simplemente de exotismo, sino de una experiencia donde el tiempo no fluye linealmente, sino que se sedimenta, se acumula y se repite sin cesar, como en un eterno retorno13. 18
- Fascinación, sueño y narcotización:
la ciudad como experiencia sensorial
Uno de los ejes fundamentales del corpus es la insistencia en la dimensión onírica de Tánger, ligada a su atemporalidad. La feminización de la ciudad, la referencia a un sol narcótico, la descripción sensorial de sus calles y mercados configuran una estética del embrujo.
Desde la hauntología, este embrujo puede interpretarse como experiencia de desajuste temporal. El visitante percibe que el tiempo no fluye según la racionalidad productiva moderna. El tópico según el cual “el árabe no posee sentido del tiempo” no es más que proyección orientalista (Edward S. W. 2002) de esta sensación de suspensión14.
14 En Orientalismo, Edward Said demuestra cómo el discurso colonial construye al Oriente como alteridad atemporal. La atribución según la cual “el árabe no posee sentido del tiempo” constituye una proyección ideológica que deshistoriza al Otro y legitima la dominación imperial. Esta crítica permite releer el imaginario tangerino como producto de una mirada orientalizante que congela la ciudad en un tiempo mítico.
Sin embargo, la repetición de clichés —minaretes, palmeras, mujeres veladas— no agota el fenómeno espectral. El cliché mismo es espectral: sobrevive a contextos ideológicos diversos, desde el romanticismo colonial hasta la contracultura beat. La ciudad parece siempre ya narrada, ya vista, amada y odiada.
La iconosfera transmedial (literatura, prensa, cine) construye un archivo acumulativo. Cada nueva representación se superpone a las anteriores, generando una experiencia de déjà vu cultural.
Desde la hauntología, este embrujo puede leerse como forma de espectralización perceptiva y propioceptiva: El visitante experimenta Tánger como si estuviera fuera del tiempo histórico ordinario. El efecto narcótico no es solo climático o sensual, sino narrativo. La ciudad induce una suspensión de la racionalidad moderna y activa una disposición a la fantasía y la perversión.
Incluso la nostalgia reflexiva, que normalmente impregna las biografías literarias, es manipulada por esta lógica. Nacer o vivir en Tánger no implica simplemente pertenecer a un lugar, sino cargar con una memoria que exige ser narrada y sublimada. En términos de la autora, la escritura funciona como catarsis y reconstrucción del ser. Pero esta restitución nunca logra estabilizar la ciudad: siempre queda un resto, una pérdida, una imposibilidad de coincidencia entre recuerdo y presente. 19
- Topofilia y psicogeografía: amor fantasmal
El corpus evidencia una topofilia intensa —definida y conceptualizada por Yi-Fu Tuan (2007) como vínculo afectivo con un lugar específico— que se articula a través de tres factores: la delimitación geográfica, la memoria de los viajes y la proximidad al agua. En Tánger, esta topofilia se manifiesta como un acontecimiento literario, donde la experiencia sensorial del espacio se convierte en materia narrativa. En clave hauntológica, la topofilia tangerina es el amor a un espacio atravesado por ausencias en las que los autores literarios perciben fantasmas urbanos y culturales que perviven más allá de la experiencia directa. El contraste entre cartografía y recorrido revela esta tensión. El mapa promete control racional; el paseo produce deriva y sorpresa: la psicogeografía convierte la ciudad en experiencia lúdica, pero teñida por la conciencia de una pérdida. El primer encuentro con Tánger —ese “acontecimiento” perturbador inicial, sea turístico, comercial, artístico o carnal— adquiere carácter fundacional neurótico, casi mítico. No importa el tiempo de residencia, sino la intensidad del impacto, espetral en su esencia.
El escritor siente que la ciudad le habla desde múltiples capas temporales. De ahí, la recurrencia de metáforas laberínticas, caleidoscópicas e interzonales. Tánger parece ofrecer “todo lo que uno busca”: historia sólida, nostalgia, pintura y cine, mito y documento, placer y dolor subliminales.
Y esta abundancia es precisamente la señal de su fascinación ontológica.
La medina delirante, cautivadora y psicogeográfica funciona como interior espejado: cada calle remite a otra ciudad mediterránea —Alejandría (L. Durrell, 1960); Estambul; París— estableciendo túneles imaginarios. Tánger se convierte en nodo de una red espectral transnacional. No es solo ciudad; es condensación de otras ciudades soñadas. El corpus lo indica explícitamente: “el tiempo de residencia no determina la creación, sino el impacto de las primeras vivencias”, tal como lo señalan varios autores españoles contemporáneos.
- Memoria colonial, postcolonial, neocolonial: persistencia de la herida
20
La pregunta sobre el estatuto colonial de Tánger introduce otra dimensión espectral. El “predominio universal colonialista” del período internacional generó un cosmopolitismo administrado, una fábrica cultural de heterotopías.
El contrabando, la prostitución y el espionaje no son simples anécdotas pintorescas: constituyen síntomas de una soberanía fragmentada. La ciudad aparece como periferia permisiva del sistema global. Esta ambigüedad produce fascinación y rechazo simultáneos: ciudad de amor y odio, como en La vida perra de Juanita Narboni.
La literatura posterior no logra desprenderse de esa herencia. Incluso cuando adopta una mirada topofílica y aparentemente desideologizada, el pasado colonial retorna, como un deseo reprimido freudiano15. La nostalgia por la arquitectura de los años 50, por ejemplo, revela un duelo por una modernidad perdida. Muchos españoles encuentran en esos edificios lo que fue demolido en la Península. El espectro no es solo marroquí; es también español.
15 La lógica del “retorno de lo reprimido”, formulada por Freud en La interpretación de los sueños (2022), describe el mecanismo por el cual aquello excluido del discurso consciente reaparece bajo forma sintomática. Esta categoría ilumina el modo en que el pasado colonial retorna en el imaginario tangerino como deseo irresistible e inconsciente, configurando una economía libidinal del recuerdo.
En contraste, la literatura marroquí reciente sí aborda la demolición literal de la memoria urbana: barrios destruidos, azulejos rotos, ruinas junto a la kasbah. Esta destrucción urbana contemporánea reactiva la lógica hauntológica: mientras se construyen puertos y carreteras, se borran huellas materiales. La ciudad se reescribe sobre sus restos.
El pasado colonial de Tánger (estancia internacional, influencia española, portuguesa e inglesa) sigue presente en la literatura. La hauntología permite analizar cómo los fantasmas coloniales perviven en las representaciones de la ciudad:
*La ciudad internacional como “predominio universal colonialista”.
*Las arquitecturas de los años 50, la influencia de la burguesía catalana y las lecturas orientalistas como evidencia de un «capital simbólico colonial». 21
*Los autores contemporáneos marroquíes reinterpretan estos espacios desde un «punto de vista postcolonial», considerando la marginalidad, la pobreza y las transformaciones urbanas (Achille Mbembe, 2001; Homi Bhabha, 1994/2002).
Esta dimensión postcolonial conecta con la hauntología: los fantasmas del pasado vampirizan el presente, y la literatura se convierte en un espacio para revisar, criticar y deconstruir/reconstituir la memoria urbana y social.
- Metamorfosis urbana y espectros del presente
La ciudad contemporánea de Tánger ha sufrido transformaciones: demolición de barrios, construcción de nuevos puertos y conjuntos residenciales, expansión industrial. Si el Tánger internacional constituye el gran espectro del pasado, el contemporáneo produce nuevos fantasmas. La multiplicación de puertos, zonas francas, polígonos industriales y barrios periféricos como Beni Makada, Ben Diban o Bir Chifa no solo transforma la morfología urbana, sino que altera la experiencia temporal de la ciudad. Sin embargo, la memoria histórica persiste, especialmente en la literatura marroquí: los barrios antiguos, la medina y los espacios periféricos son representados como «heterotopías vivientes» —en el sentido sugerido por Michel Foucault (1984)16—, donde conviven fantasmas del pasado y nuevas realidades sociales.
16 En la conferencia “Des espaces autres”, Michel Foucault define las heterotopías como espacios reales que funcionan como contra-espacios (pp. 46–49), donde se yuxtaponen temporalidades y órdenes incompatibles. Tánger, especialmente en su etapa internacional, puede leerse como heterotopía urbana donde convergen jurisdicciones, lenguas y memorias dispares. La ciudad no es simple enclave geopolítico, sino dispositivo espacial que materializa la coexistencia conflictiva de múltiples regímenes temporales.
La literatura española contemporánea se centra más en el «encanto topofílico», mientras que la marroquí aborda «la precariedad y la memoria histórica», evidenciando un contraste entre nostalgia y crítica social. La aparición de nuevas figuras —como la radicalización periférica— introduce fantasmas geopolíticos que reactivan la condición fronteriza de la ciudad. 22
Desde una perspectiva hauntológica, la metamorfosis planetaria que atraviesa Tánger —industrialización textil, crecimiento demográfico acelerado en los años setenta, expansión periurbana— genera una tensión entre memoria patrimonial y modernización acelerada. Mientras la ciudad se proyecta hacia el futuro mediante infraestructuras globales (puertos, carreteras, polos industriales), simultáneamente destruye fragmentos materiales de su pasado: barrios clandestinos demolidos, casas derruidas en Hafa, azulejos rotos junto a la muralla de la kasbah.
- Tánger como mito urbano y laboratorio literario
Uno de los conceptos más sugerentes del corpus es el de Tánger como laboratorio literario, donde autores y cineastas construyen versiones heterogéneas de la ciudad: la Tánger del ensueño (Bowles), la Interzone beat (Burroughs), la ciudad del exilio (Goytisolo), la marginalidad autobiográfica (Choukri).
La frontera no es solo geográfica (el Estrecho), sino ontológica y hauntológica. Tánger es descrita como “ville du passage”, “medinat al Bougaz”, ciudad inclinada sobre el mar. Esa inclinación física hacia el agua simboliza su orientación hacia lo otro, hacia el tránsito permanente. El embrujo que ejerce sobre escritores y turistas proviene precisamente de esta inestabilidad: la ciudad nunca se presenta como totalidad cerrada:
* La medina, Msallah, Dradeb… cada lugar se convierte en un espectro que trasciende el tiempo y la geografía, conectando a los vivos con los fantasmas de los colonizadores, comerciantes y escritores.
*El niño Choukri recogiendo alimentos en la basura y el artista Jean Genet (1986) encarnan polos aparentemente opuestos que, sin embargo, coexisten en el mismo espacio urbano. La ciudad admite simultáneamente marginalidad extrema y sofisticación literaria. Esta coexistencia produce un efecto espectral: lo sublime y lo abyecto se reflejan mutuamente.
*La figura del flâneur reaparece en la medina, pero ya no como paseante burgués decimonónico, sino como sujeto desplazado que deambula entre ruinas y mercados, entre zocos y cafés históricos. La errancia se convierte en método de conocimiento. Sin embargo, esta 23
errancia está siempre atravesada por el recuerdo de otras ciudades mediterráneas: Tánger funciona como espejo de una mediterraneidad espectral compartida.
El hechizo radica, según la autora, en la sensación de estar en un lugar que concentra muchos lugares. Cada calle parece abrir un túnel subterráneo hacia otra geografía cultural. La ciudad actúa como nodo de una red imaginaria donde convergen cosmopolitismo, exilio, contracultura y poscolonialidad.
- Representaciones, ambivalencia afectiva y nostalgia reflexiva
La literatura examinada revela una constante ambivalencia afectiva. Tánger es ciudad amada y odiada, deseada y maldita, simultáneamente. En La vida perra de Juanita Narboni, la relación con la ciudad está marcada por tensiones entre pertenencia y rechazo. En Reivindicación del Conde Don Julián, Tánger es espacio de exilio y ruptura con la tradición española.
Desde la hauntología, esta ambivalencia puede leerse como síntoma de una relación no resuelta con el pasado. Amar Tánger implica amar también su historia colonial y sus mitos; odiarla implica reconocer las violencias y exclusiones que esa historia comporta. La nostalgia reflexiva que atraviesa las biografías literarias no es simple añoranza; es conciencia crítica de una pérdida.
El viaje contemporáneo a la ciudad reproduce este esquema. El visitante busca la ciudad blanca, mediterránea y luminosa, pero encuentra también el Oriente oscuro, surreal y lúgubre de Las Mil y Una Noches. La coexistencia de ambas imágenes intensifica el embrujo. La ciudad no se deja fijar en una sola representación; se desliza entre ellas como un fantasma, una Calipso ávida de perversiones prohibidas e inhibidas.
- El cine y el vampirismo emocional
La literatura contemporánea, junto con el cine, configura Tánger como un espacio hipnotizador, un ambiente negro propicio al delito y la delincuencia: La referencia a Only Lovers Left Alive (Jim Jarmusch, 24
2013) ofrece una síntesis visual de esta lógica17. La vampiresa políglota, que viste caftán marroquí y desea permanecer eternamente en Tánger, convierte la ciudad en espacio de inmortalidad melancólica y de deseos insaciables. La figura del vampiro —ser suspendido entre vida y muerte— encarna literalmente la hauntología. Tánger aparece como refugio melancólico frente a la decadencia contemporánea, una válvula de escape para almas marginales que buscan escapar del deterioro del mundo contemporáneo. La ciudad ofrece una libertad animal, una suspensión del tiempo histórico ordinario. Sin embargo, esta eternidad es ambivalente: se trata de una eternidad nostálgica, sostenida por la memoria de la época internacional y por la estética de un B-movie que remite a mitos pasados.
17 En Only Lovers Left Alive, Jarmusch representa Tánger como enclave suspendido en el tiempo. La ciudad aparece atravesada por una melancolía transhistórica, donde la cultura europea decadente y la memoria literaria se entrelazan en clave vampírica. Esta figuración cinematográfica refuerza la lectura hauntológica del espacio urbano: Tánger deviene ciudad nocturna habitada por supervivencias culturales que resisten a desaparecer
Respecto a la literatura de Intriga, suspense y ambiente negro de la ciudad, se recomienda leer las siguientes obras:
Dickson, Carter (1953); Halloran, Mark (1955); Madrid, Juan (1997); Reverte, J. M. (2001); Arretxe Pérez, Jon (2011); Palomar, Ramón (2013); Énard, Mathias (2013); Martínez, Iñaki (2016); Víctor del Árbol (2017); Mangan, Christine (2018); Oubali, Ahmed (2014; 2019; 2022).
Véase también mi estudio sobre El arte de matar con palabras: Narratología de la mente asesina (2025), en el que analizo algunos de estos relatos.
En inglés, hay una lista impresionante de obras, de las cuales selecciono solo tres:
–Dickson, Carter. Behind the Crimson Blind. London: The Thriller Book Club, 1953.
( Una novela policíaca con el detective Sir Henry Merrivale en vacaciones en Tánger, resolviendo una serie de crímenes intrincados en la ciudad puerto).
–Hughes, John Harlan. Dead in Tangier. Editorial: Indenpendently published, 2018.
(Un thriller con un detective italiano en la Tánger Internacional de los años 30, investigando asesinatos en el contexto político-social de la época).
–Hamdouchi, Abdelilah. Whitefly. Editorial: Hoopoe, 2016.
(Crimen policial contemporáneo con el detective Khalid Ibrahim (Laafrit) resolviendo una serie de muertes en Tánger, entradas de cuerpos desde el Atlántico, narcotráfico y contrabando. El crimen se inserta en el espacio urbano y social de la ciudad, con detectives profesionales, procedimiento y trama noir, combinando realismo social con tensión policíaca).
El contrabando y los ecos de la Interzone reaparecen en clave estilizada. La película confirma que el embrujo tangerino no pertenece exclusivamente a la literatura, sino que atraviesa el imaginario global 25
contemporáneo. Tánger continúa siendo soñada como ciudad fuera del tiempo, como enclave donde el pasado se resiste a desaparecer.
El imaginario cinematográfico confirma que el embrujo tangerino trasciende la literatura y circula en el imaginario global.
- El hechizo transhistórico: Tánger atemporal
A lo largo del corpus analizado, la ciudad suscita una fascinación persistente. Escritores del XIX, viajeros coloniales, autores beat, narradores españoles actuales, novelistas marroquíes contemporáneos y cineastas internacionales participan en la construcción de este hechizo, del que no pueden deshacerse.
La hauntología permite comprender que dicho embrujo no se debe únicamente a la geografía o al clima, sino a la experiencia de la temporalidad desajustada que la ciudad produce. Tánger parece ofrecer acceso simultáneo a múltiples tiempos: el mito andalusí, la ocupación portuguesa e inglesa, la etapa internacional, la bohemia beat, la industrialización textil, la periferia migratoria, la globalización portuaria…
El visitante y el escritor no recorren solo calles; atraviesan capas temporales. Cada atardecer en el Hafa convoca fantasmas de viajeros anteriores. Cada demolición activa la memoria de lo perdido. Cada nuevo puerto promete un futuro que, quizás, será también espectro para generaciones venideras.
En este sentido, Tánger no es solo objeto de una lectura hauntológica: es, en sí misma, una ciudad que produce hauntología. Su identidad literaria se construye como archivo espectral donde el pasado no cesa de retornar y el futuro aparece siempre diferido.
CONCLUSIÓN
La aplicación del paradigma hauntológico al corpus literario de Randa Jebrouni sobre Tánger permite reformular de manera sustantiva la comprensión crítica de la ciudad, desplazándola de categorías convencionales —exotismo, cosmopolitismo, frontera— hacia una interpretación estructuralmente espectral. Tánger no se configura 26
únicamente como escenario narrativo, sino como espacio donde las temporalidades se superponen, se friccionan y se interpelan mutuamente. El presente nunca aparece aislado: está habitado por restos activos, por promesas incumplidas y por memorias que rehúsan clausurarse.
El período internacional actúa como gran fantasma organizador del imaginario urbano, pero no agota su complejidad. La herencia colonial, la bohemia beat, la nostalgia española, la memoria marroquí, las transformaciones neoliberales y la expansión portuaria contemporánea coexisten como capas activas de un palimpsesto en permanente reescritura. En este sentido, Tánger no es simplemente representada por la literatura mundial: es invocada. Cada texto reactiva sus espectros, rearticula sus mitos y contribuye a mantener abierta su identidad narrativa.
La lectura hauntológica ha permitido identificar varios núcleos fundamentales. En primer lugar, la persistencia de lo ausente: la ciudad internacional, la experiencia colonial y la contracultura beat no desaparecen, sino que retornan como fuerzas imaginarias que estructuran la percepción contemporánea. En segundo lugar, la intersección entre topofilia y psicogeografía revela que la relación afectiva con Tánger no se dirige a una presencia estable, sino a un espacio atravesado por ausencias y pérdidas. La ciudad es amada precisamente por su inestabilidad, por su condición de umbral. En tercer lugar, la relectura postcolonial permite comprender cómo los textos marroquíes y españoles negocian la herencia colonial, evidenciando tensiones entre nostalgia y crítica, entre fascinación y herida histórica.
El embrujo que Tánger ejerce sobre escritores, viajeros y cineastas no constituye un mero efecto pintoresco. Deriva de la experiencia de una temporalidad desajustada que sustrae la ciudad del tiempo homogéneo de la modernidad. Habitar o narrar Tánger implica atravesar capas temporales simultáneas: el mito andalusí, la ocupación europea, el estatuto internacional, la marginalidad urbana, la globalización contemporánea. La ciudad funciona así como heterotopía viva y como archivo espectral donde memoria, deseo y pérdida coexisten. 27
Desde el punto de vista metodológico, este estudio propone una cartografía hauntológica que articula los temas de la obra de Randa Jebrouni (literatura comparada, análisis espacial y teoría crítica), ofreciendo un modelo replicable para otras ciudades fronterizas o cosmopolitas. La integración de narrativa española y marroquí, junto con referencias cinematográficas, ha permitido observar la coexistencia de múltiples “Tángeres”: la ciudad mítica, la ciudad colonial, la ciudad beat, la ciudad demolida y la ciudad globalizada.
El resultado final de este estudio es una cartografía hauntológica de Tánger: una ciudad que no solo se representa, sino que se invoca. Cada calle, plaza y zoco se convierte en espacio donde confluyen historias, deseos y memorias; cada demolición, construcción o puerto proyecta fantasmas de lo que fue y promesas de lo que podría ser. Tánger aparece como protagonista espectral, capaz de influir en la percepción de autores, cineastas y visitantes, creando un palimpsesto emocional y cultural donde la literatura y la memoria urbana dialogan con la realidad contemporánea.
Esta cartografía invita al lector a transitarla, a experimentar Tánger como espacio donde la historia se siente, el mito se camina y la literatura se vive. Descubrirá que la ciudad se revela como un fantasma luminoso del Mediterráneo, un laboratorio de experiencias, y un escenario donde lo ausente sigue moldeando lo presente y futuro.
En última instancia, Tánger se revela como protagonista fantasmática de su propia historia. No es un objeto pasivo de representación, sino un agente simbólico que moldea percepciones, deseos y relatos. Su identidad literaria se construye como proceso abierto, nunca clausurado. Mientras existan textos que la recorran y memorias que la reactiven, la ciudad continuará inclinándose sobre el Estrecho como figura fascinante y ambigua del Mediterráneo: un espacio donde el pasado no cesa de retornar y donde el futuro permanece siempre diferido. 28
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* DRA. RANDA JEBROUNI
Es presidenta fundadora de la Asociación de Amistad y Solidaridad entre Marruecos y América Latina, y profesora investigadora del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad Abdelmalek Essaâdi de Tetuán. Doctora en Letras Modernas con una tesis titulada «Representaciones tangerinas en las narrativas española y marroquí actuales”. Ha obtenido un máster en Cultura Hispánica y Comunicación, y es diplomada de la École Normale Supérieure (ENS) de la misma universidad. Es autora de trabajos sobre Tánger en las literaturas española y marroquí, el arte y la fotografía. Sobre estos temas ha publicado artículos como Tánger, mito y realidad en la novela española actual (2016, Revista Aljamía), Tánger en la pintura española actual(2018, Revista Aljamía), Los discursos literarios marroquíes y españoles sobre Tánger en la literatura del siglo XXI (2020), Cartografía del Tánger literario (2022), Memoria e identidad en la literatura marroquí actual (2023), Entre biografías y autobiografías de Tánger (2024), La literatura popular marroquí a través de Mohamed Mrabet (2025), y un libro titulado La letra y la ciudad: su trama en Tánger (2020, Colección Ensayos Saharianos, Ed. Alhulia). Ha coordinado el libro colectivo Marruecos y América Latina en la cartografía transhispánica (2023). Ha organizado y participado en varios congresos y jornadas académicas y culturales en Marruecos, España, Portugal, Francia, México y Chile. También ha ejercido la docencia del español como lengua extranjera (desde 1998) en la enseñanza pública, y ha dirigido talleres de español en L’Établissement d’Épanouissement Artistique et Littéraire del Ministerio de Educación y Enseñanza Superior de Marruecos (entre 2016 y 2019). Fue formadora de profesores de ELE desde el 2007 hasta el 2016.
©Artículo: Ahmed Oubali, 2026.
