El veraneo de Armando

 

EL VERANEO DE ARMANDO  por Ana L. Coll 

Desde que se quedó viudo, Armando pasaba agosto con su hija, su yerno y sus dos nietos en la playa. No había envejecido bien, esa era la verdad: el Parkinson se había hecho dueño de sus manos y la dentadura le bailaba por más cremas fijadoras que probara. Hubiera preferido quedarse solo en su casa, pero la hija fue clara:

–Si te quedas en Madrid no podré ocuparme de ti.

La primera mañana Armando fue a la consulta de Luis, un dentista que era vecino del apartamento. Él fue también claro:

–Con la pensión que tienes es imposible colocarte una dentadura mejor.

Al anochecer, desde la terraza, vio a Luis sacar las llaves del bolsillo del pantalón. Con manos temblorosas cogió una gran maceta y la dejó caer escuchando el crujido del cráneo.

Inmediatamente, sin tiritonas en los dedos ni en los dientes, tomó el teléfono y llamó a una ambulancia.

Del Texto ©  Ana L. Coll – Todos los derechos reservados

De la publicación ©   Solo Novela Negra – Todos los derechos reservados

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