El aroma del crimen

TXEMA ARINAS|

 

 

Editorial Destino

Barcelona, 2015

400 Páginas

ISBN: 9788423349050

 

SINOPSIS

A Vicente Parra, oficial instructor de la Ertzaintza, con sede en el barrio del Antiguo de San Sebastián, le son asignados dos casos aparentemente muy diferentes. La diseñadora de moda Elena Castaño ha sido salvajemente apuñalada en su mansión y aunque los indicios apuntan a un robo, pronto queda claro que se trata de un crimen personal disfrazado de asalto. El otro caso es la muerte por insuficiencia renal y hepática de un joven llamado Cristian José, bedel en la universidad. La madre del joven sospecha que la muerte no fue natural pues ha encontrado importantes cantidades de dinero en efectivo en su casa y además llevaba últimamente un tren de vida que no se correspondía con su sueldo. Vicente pronto descubre que los sospechosos están todos relacionados con el mundo de la gastronomía, y más cuando la autopsia del cadáver de Cristian no ofrece dudas sobre las causas de su muerte.


Reseña


 

Cocina o muerte

 

Tengo para mí que la reseña de esta novela se puede hacer de dos maneras harto diferentes. Por un lado una que sea en realidad un verdadero ejercicio de empatía con el que parece ser el lector mayoritario, ése que sólo busca entretenimiento en la lectura, ya sea del género negro o de cualquier otro, y por el otro, una mucho más purista, si se quiere, empeñada en reivindicar lo que juzga la esencia primigenia del género.

De ese modo, si pensamos en la novela del cocinero y experto gastronómico Xabier Gutiérrez como un producto destinado a satisfacer la demanda de intriga y curiosidad, en este caso tanto por la localización, San Sebastián, como por el mundillo de la alta cocina en el que se desenvuelve gran parte de la novela, hay que reconocer que la novela cumple todas las expectativas y con nota muy alta. Así pues, tenemos por un lado los imprescindibles cadáveres alrededor de cuya investigación, llevada a cabo por el subinspector de la Ertzainza Vicente Parra, girará toda la trama de la novela. Una trama perfectamente hilvanada y con profusión de personajes, tantos como para ofrecernos un muestrario sociológico bastante completo de los perfiles humanos que nos podemos encontrar en una pequeña ciudad como Donosti y, ya mucho más en concreto, en un gremio como el de la hostelería.

Ése, el de la hostelería, o estaría mejor dicho el de la gastronomía, es el plus de esta novela, la cual algunos han resumido como la fusión del crimen y la alta cocina. Un resumen esencialmente publicitario porque la novela siempre es algo más, es un retrato de personajes y ambientes, son varias historias paralelas, siquiera simples bosquejos, ya sea cuando se habla de la vida personal del subinspector Parra, de la madre de una de las víctimas, de la hermana de la otra, del amigo nefrólogo del subinspector, las de los figurones de la cocina que aparecen en el libro e incluso del jardinero que trabajaba para la mujer asesinada. Todo aparece muy detallado, mucho, quizás demasiado. Son casi cuatrocientas páginas, compuestas por lo general de capítulos, donde se describe con escrupuloso detalle desde el asesinato de la diseñadora a los pormenores gastronómicos de determinado producto:

“El longan es parecido a un lichi. Tiene un hueso central grande pero su carne es como una uva. Más aromática. Los hemos conseguido en fresco, si no no hubiéramos podido. La técnica de los pelos de azúcar incluso se ha filmado, y es un flipe. A ver si luego te la enseño porque ahora no la están haciendo. Bueno, y para terminar, la mariquita. Es una mousse de yogur en forma de mariquita bañada en rojo carmín, con sus pintas negras y todo, y puesta en un tiesto. ¿Quieres probar una?” (pág. 231)

Todo esto, hay que reconocerlo, ya sea semejante volumen de hojas como el exceso de acotaciones a lo largo de la trama, hace las delicias del público fiel a la mal llamada novela negra. A este público parecen gustarle las novelas con cuantas más hojas mucho mejor, suelen decir que, como se encaprichan con ciertos personajes, cuanto se alargue la historia mucho mejor, más disfrutan de ellos. Y por lo que atañe a las glosas, a la constante introducción de información completamente accesoria y que en nada ayuda al desarrollo de la trama, como saber qué coño es un longan, hay que reconocer que también parece ser del gusto de un lector que así aprovecha para acumular cierto conocimiento enciclopédico al que probablemente no tendría acceso de otra manera.

Así pues, estamos ante una novela que cumple a la perfección, y con el plus añadido de estar ambientada en un mundo que el autor conoce muy bien, la alta cocina, con todos los requisitos de la novela policiaca. Sí, policiaca y sin que ello suponga nada peyorativo ni por el estilo. Al contrario, El aroma de un crimen es una muy buena novela dentro de su género porque ofrece a los aficionados de éste todo e incluso más de lo que buscan en él.

Sin embargo no es una novela negra, no al menos si nos atenemos a la distinción clásica entre la novela policial, aquella que tiene como objetivo primordial la resolución de un crimen, tal y como sucede con la novela que nos ocupa, y la negra, donde la investigación de ese crimen apenas es una excusa para indagar en aspectos que atañen a la sociedad en la que sucede y casi siempre con cierta mirada crítica. Adjunto dos de las definiciones sobre la novela negra que han hecho dos de los escritores españoles más destacados en el género.

Dice Andreu Martín: “En el género policiaco, lo menos importante es saber la identidad del asesino. La novela negra es más un análisis realista de la sociedad que una suma de enigmas. El crimen es una simple anécdota“.
Dice Alicia Giménez Bartlett: “La novela negra me interesó porque era un género vivo, que hablaba de forma directa de los problemas de la gente, de los temas que se discuten en la calle”.

En la novela de Gutiérrez no hay ni el más mínimo atisbo de crítica social o de ningún tipo. Sobre todo no lo hay hablando de un mundo como el de la alta cocina, el cual es considerado por muchos como una de las grandes burbujas mediáticas de nuestro tiempo. Eso por no hablar del evidente trasfondo sociológico que encontramos en el hecho de que la alta cocina sea hoy en día uno de esos símbolos externos por los que se mide el éxito o no de la gente, al estilo de vestir de marca o veranear en Baqueira. Un trasfondo sociológico que, faltaría más, cualquier cocinero o miembro del gremio negará ipso facto con la cantinela de que sus restaurantes están abiertos para todos los públicos, que cualquiera puede asistir a ellos con sólo ahorrar un poco.

Ni se trata de ahorrar, ni es cierto que la alta cocina sea también un fenómeno popular, es, se mire por donde se mire, uno de esos distintivos sociales que hacen que uno se pueda presentar en sociedad como persona de éxito, de los que se pueden permitir dejarse doscientos euros o más por cabeza en una exhibición de ocurrencias alquímicas con la comida. Por no hablar de la cobertura mediática alrededor de todo lo relacionado con la alta cocina, la conversión del cocinero en figura, ya no sólo mediática, sino incluso de prestigio a la altura de cualquier otro artista, porque entre los de la alta cocina hay un buen número que se consideran artistas, ahí es nada, de lo efímero pero artistas, y no simples profesionales con su FP a cuestas y toda su experiencia entre fogones de aquí y allá como currículo completamente respetable y hasta admirable. De hecho, el autor hace un comentario en la novela según el cual poco más que se lamenta de que en España los cocineros no tengan la misma aura de prestigio que tienen en Francia a la altura de médicos, arquitectos, músicos, etc.

Claro que tampoco deberíamos extrañarlos si tenemos en cuenta que el autor de la novela es un reputado profesional del medio. No le interesa tirar piedras a su propio tejado. Más bien todo lo contrario, Xabier Gutiérrez aprovecha el medio para dar a conocer los pormenores de un oficio que ama y eso es algo realmente encomiable. En realidad no tiene por qué estar obligado a crítica alguna si ésa no es su intención, sino más bien es todo lo contrario. Otra cosa es que en el intento de traspasar ese amor por su oficio a la novela uno se encuentre con más de un párrafo del estilo del siguiente, el cual, y en esto por supuesto que hay un juicio completamente subjetivo, desentona un tanto de la trama, sobre todo cuando unas pocas líneas antes el personaje que habla estaba pensando en el asesinato de su amiga.

“-Por orden de aparición. El primero es el de la sal. Sobre un plato de sal que sirve de base va un carabinero envuelto en hilos de chile muy finos. Es un plato interactivo. En la base de sal dejamos un hueco para la salsa, que va sosa, y decimos al cliente que espere medio minuto y en ese tiempo la salsa se queda con el punto sabroso exacto. La salsa se queda con el punto sabroso exacto, la salsa es un té verde, un pelín ligado. Muy atrevido. (pág. 229)

Pero insisto, si se trata de entretener al lector, ya no sólo con el desarrollo de la trama, sino también con una prodigalidad de detalles relacionados con la alta cocina, pues muy bien, perfecto, nada que objetar, funciona. Otra cosa es que a mi juicio tanto apunte gastronómico acabe ralentizando la trama, cuando no ‘pedantizándola’ en exceso. A veces hasta parece que la cocina se imponga a la trama en cuanto a interés, como si en realidad ésta apenas fuera una excusa para hablar de lo que al autor realmente le interesa, de la cocina, su mundo. Sí, pero insisto, siempre en plan divulgador, nunca crítico. Y eso aunque hay párrafos tan rebuscados en lo gastronómico que uno acaba sospechando si no estará precisamente haciendo parodia de la alta cocina. Pero va a ser que no, en la novela el autor destila demasiado amor por la alta cocina como para pensar en serio que puede haber parodia o crítica alguna hacia su profesión, más bien todo lo contrario, un homenaje sincero.

-Era un agar-agar, creo que dijo la camarera. Un alga, vaya. Y uno de los postres –prosiguió el doctor- estaba sobre una base de itxaursalsa gelificada sobre juego de arándanos rojos y otra salsa que cambiaba de color. Un juego lógico de pH pero hecho con mucho acierto. Una mezcla de la infusión dulce de lombarda con lima kéfir, muy atrevido. (pág. 195)

 

El autor

Xabier Gutiérrez (San Sebastián, 1960) es cocinero, psicólogo y escritor. Dirige desde 1990 el departamento de innovación del Restaurante Arzak en San Sebastián, además de colaborar con distintos medios de comunicación, asesorar a empresas del sector de la alimentación e impartir clases en el máster de innovación y gestión de restaurantes del Basque Culinary Center. Ha publicado doce libros de cocina y cinco ensayos sobre estética culinaria. Diez de sus obras han sido premiadas con galardones tan prestigiosos como el Best World Cookbook Award y el Premio Nacional de Gastronomía. El aroma del crimen fue su primera novela, a la que siguieron El bouquet del miedo y recientemente Sabor crítico.

 

Texto © Txema Arinas- Todos los derechos reservados

Publicación © Solo Novela Negra- Todos los derechos reservados

Visitas: 432

1 thought on “El aroma del crimen

  1. Un abrazo y merci por tus letras y sobre todo , tu tiempo. Animate a leer El bouquet del miedo y Sabor crítico,..ambas con Destino. Me gustaria saber tu opinión de ellas tambien. Me ha resultado de gran ayuda leerte.
    De nuevo gracias por tus opiniones.
    Si es necesario, te las envio yo mismo si me mandas una direción
    Atentamente
    Xabier Gutierrez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Protected with IP Blacklist CloudIP Blacklist Cloud

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies