EL AGENTE EXTRANJERO de Amado Gómez Ugarte

 

Amado Gómez Ugarte (Llodio, Álava, 1956) es autor de una larga y premiada obra literaria compuesta de novelas y libros de relatos, además de columnista de opinión en diversos medios. También hay que destacar su incursión en el género negro con novelas como la divertidísima El último modo (2007). A decir verdad, se podría decir que Amado Gómez Ugarte no es tanto un escritor que decide qué género quiere frecuentar en cada momento, como que es el momento el que le impone el género que debe escribir.

De este modo, si en su anterior novela Los verdes campos (2016) destacaba el tono alegre y desenfadado de una historia ambientada en los últimos años del reinado de Alfonso XIII, durante la dictadura de Primo de Rivera y, por lo tanto, apenas unos años antes de la llegada de la II República, una historia que contaba las andanzas de la joven Rosamar en un entorno idílico como el verde valle de Ayala al norte de la provincia de Álava, una historia a rebosar de humor y ironía cuyo propósito no parecía ser otro que provocar una sonrisa al lector desde el principio al final del libro, una historia que al trasladarnos a otra época nos hacía olvidar durante la lectura esa otra en la que vivimos, en esta última novela AGU parece habernos arrojado a la cara una historia inmersa en la cruda y desquiciada realidad de nuestros días.

Así pues, se diría que era imposible que AGU no incursionara de nuevo en el género negro. Por eso digo que parecería que ha sido la novela negra quien ha elegido a AGU para que ponga a su servicio su acreditado talento literario al servicio de una novela negra como el futuro que se vislumbra a diario en las noticias que nos hablan de una nueva época a merced de los extremismos que ya arrasaron el mundo durante la primera mitad del siglo pasado.

Amado Gómez Ugarte se nos antoja enfadado, asustado, puede que sobre todo asqueado, con la realidad que vivimos. Por eso, y a pesar de su inicial renuencia a volver a ponerse delante del ordenador para perpetrar novela alguna,  consecuencia directa de su desengaño por la deriva exclusivamente mercantil y populista del mundo editorial, su responsabilidad como escritor para el que todo lo que acontece a su alrededor debe ser motivo de respuesta literaria le ha, digamos, impelido a escribir esta subversiva y sobre todo divertida novela negra.

Nos encontramos pues, ante la historia de un periodista que, tras ser despedido del periódico para el que trabajaba por negarse a aceptar la deriva ultraderechista de su línea editorial impuesta por los nuevos dueños, decide vengarse de sus jefes y accionistas. Sin embargo, y de resultas de lo extravagante de sus actos de venganza, los medios de comunicación acaban convirtiendo a nuestro héroe vengador en un agente extranjero que ataca a los mandamases que controlan la prensa al servicio de intereses siempre bastardos.

Un argumento tan disparatado como subversivo por lo que tiene de crítica acerada a un estado de cosas que nos presenta tan irreversible que la única salida que parece quedar a sus víctimas, siquiera ya sólo a modo de desahogo, es tomarse la justicia por su mano. Claro que esa justicia por su mano del protagonista de El agente extranjero es muy sui generis, nada parece lo que va a ser porque al final es otra cosa de lo que espera el lector.

En efecto, AGU juega con la lógica previsible del aficionado del género, siquiera ya solo por acumulación de lecturas donde todo es como parece estar dispuesto para que sea, porque todo en la novela en un doble apretón de cuerdas, el mismo que conduce a nuestro héroe al manicomio desde el que nos cuenta su historia en primera persona y en el que se desarrolla la trama más compleja y sobre todo simbólica del libro, aquella que conducirá al protagonista hacia su libertad y que por ello resume la alegoría que inspira El agente extranjero. Eso y, además, un sentido homenaje a una novela que inspiró a su vez una de las películas más conocidas y revulsivas de la Historia del Cine.

“La doctora Estévez sigue hablando un rato antes de irse, recriminándome, pero ya no escucho lo que dice. Solo pienso en la carta. Si me aíslan, no podré tenerla conmigo. Debo conseguir guardarla en un lugar seguro. Pienso en el libro, “Alguien voló sobre el nido del cuco”.

Con todo, un planteamiento tan prometedor siempre puede derivar en  cualquier cosa según en manos de quién. Por suerte, esta trama del periodista que se toma la revancha con sus jefes a la vez que nos presenta toda la miseria moral que los rodea, que deriva por error en agente extranjero antes de dar con sus huesos en el manicomio y que aun así consigue escapar de ahí hacia la única libertad posible que es la de la incertidumbre, “Nos vamos juntos. La vida puede durar mucho o poco, pero es mejor vida si la vives con quien de verdad te quiere”, está en manos de un escritor tan avezado como Amado Gómez Ugarte.

Un escritor cuya característica más reseñable, e insisto que ya debidamente acreditada en cada una de sus obras, es la elegancia narrativa. AGU no se permite, ni siquiera creo que se le pudiera pasar por la cabeza, los excesos que convierten a algunas novelas negras en una mera exhibición de violencia gratuita hasta rozar el gore puro y duro, tampoco se regodea mostrando lo más sucio del alma humana para acabar haciendo caer al lector en el desaliento como parece ser la tendencia de cierta novela negra en la que todo tiene que ser negro empezando por las esperanzas de una vida mejor de todo bicho viviente. No hay nihilismo gratuito en la narrativa de AGU, siquiera en la forma de un cinismo ante todo tan propio en muchos especialistas del género, todavía menos la negrura como mera excusa estilística, o lo que viene a ser lo mismo, querer epatar, acoquinar, al lector planteando un presente sin luz al final del túnel, sino más bien todo lo contrario, El agente extranjero es un canto a la esperanza y muy en especial a la idea de la libertad individual sobre todas las cosas.

A decir verdad, por muy negro que sea el presente que nos describe El agente extranjero como fondo de su historia, la fina ironía de la que hace gala AGU en prácticamente cada una de las líneas que escribe, en realidad la verdadera marca de la casa, consigue que el lector, lejos de entrar en un estado de indignación permanente por lo que ahí se cuenta, permanezca con una sonrisa de complicidad y hasta de agradecimiento desde el principio hasta al final de la novela.

“No le di tiempo a preguntarme nada, actuar por sorpresa en mitad del éxito. Saqué el pistolón, le apunté y lo metí dentro del piso a empellones. Pero se comportó cobardemente como los anteriores. Este debía pensar que tenía a Dios de su parte y me soltó un guantazo. Era un hombre fuerte y se defendía con desespero. Tenía pensado disfrutar muchos años de la buena vida que llevaba y no estaba dispuesto a perderla. Tuve que darle en mitad del cráneo con una figura que había en la repisa. Luego me enteré de que era la imagen de san Acacio, protector contra los dolores de cabeza. Cayó redondo al suelo.”

Frases cortas y sobre todo certeras que contribuyen a que el ritmo no flojee en ningún momento durante la lectura, gran parte de ellas cargadas con esa ironía que todavía resulta subversiva en el contexto que describe la novela: “No juzguéis y no seréis juzgados”, el abuelo decía que esa era una de las frases más cínicas de una religión que se dedica a juzgar y castigar.” Y por si fuera poco en medio del retrato de tanta maldad y estupidez de nuestra época, también ternura a raudales en la descripción de ciertos pasajes de la vida de nuestro héroe o de  personajes entrañables como Fonseca, su compañero del siquiátrico, la alocada sobrina del Obispo o sus amigos de la infancia-

“Siempre deseamos lo que no tenemos. En un mundo de ruidos y multitudes, la soledad era un bien muy apreciado. Cuando por fin salieron, se dieron un beso en la mejilla. Y recordé aquel beso que me dio Raquel cuando éramos niños.”

En resumen, una lectura que no dudo en calificar de deliciosa porque lo que tiene, tanto de ejercicio que eleva una denuncia tan atinada como divertida a la categoría de literatura con todas las letras, y tal y como dictaba uno de esos principios del género negro establecidos por los clásicos de este para distinguirse del exclusivamente policial, como de pataleta cargada de fino humor y no poca mala leche contra los tiempos que estamos viviendo, siquiera de rebeldía contra una sociedad que parece empecinada, así pasen mil años, en perpetuar su inquina contra la libertad del individuo en beneficio de unos pocos bien situados y mejor relacionados con todos los medios, y aquí no hablo de la prensa en exclusiva sino también de todas las instituciones creadas, desde la familia a la Iglesia pasando por el club de fútbol, para adocenarnos y así hacer posible que traguemos con todo lo que nos echen.

“Mi madre siempre me decía que me buscase una chica modosa, esa era la palabra. Una que me quisiese por mí mismo y que, a la vez, no esperase nada de mí. Que no fuese ni llamativa ni descarada, y que fuese limpia. Quería para mí una vida aburrida, como había sido la suya. Ella pensaba que el aburrimiento no era malo, porque eso era lo habitual. Que lo malo eran las novedades, las cosas diferentes, pretender ser distinto y hacer cosas distintas. Ella trabajaba en una fábrica, en la cadena de montaje, realizando durante ocho horas diarias los mismos exactos procedimientos para que todo fuese bien. Si hacías algo distinto, todo se venía abajo.”

 

El agente extranjero – Amado Gómez Ugarte

Información

AutorAmado Gómez Ugarte
Género: Novela negra
Año: 2021

Libro impreso

ISBN: 978-84-124210-0-2
Páginas: 152
Formato: Tapa blanda
Tamaño: 14×21 cm

Sinopsis

 

El protagonista, después de ser despedido del periódico en el que trabajaba por descubrir que detrás de dicho medio está la extrema derecha, decide vengarse de sus jefes y de los accionistas. Tras varias peripecias en las que se ve involucrado, los medios de comunicación hablan de un agente extranjero que ataca a personalidades del mundo del periodismo, y se crea un conflicto político. La novela está narrada desde la voz del protagonista en una rebelión contra lo establecido y contra los poderes ocultos que manejan los hilos de la sociedad, con un final que termina siendo un canto a la libertad.

 

Autor

 

Amado Gómez Ugarte, Llodio (Álava), 1956. Ha sido columnista de Opinión de periódicos como “EL MUNDO del País Vasco”, “TRIBUNA de Salamanca” y “El Periódico de Álava”. Es colaborador del programa MÁS QUE PALABRAS, de Radio Euskadi. Ha obtenido, entre otros, los siguientes premios literarios: Premio de novela Corta Gabriel Sijé, Premio de Novela Corta Casino de Lorca. Premios de cuentos, entre otros: Ciudad de San Sebastián, Julio Cortázar, Clarín, Ciudad de Coria, Ciudad de Peñíscola, Ciudad de Jumilla, Laguna de Duero, y Ciudad de Vitoria. Es autor de las novelas La SECANA, PARA SIEMPRE y EL VUELO DE LA MARIPOSA, BIDAIA AHAZTEZINA, NI ETA NIRE KONTUAK y NI ETA NIRE METROA, EL BARCO VARADO, EL ÚLTIMO MONO y los libros de relatos INFRAMUNDOS y LOS VERDES CAMPOS.

 

©Reseña: Txema Arinas, 2021.

 

Impactos: 149

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