Presentación de OBJETOS PERDIDOS de Carlos Zanón por Miguel Izu

Presentación de Objetos perdidos, de Carlos Zanón

Miguel Izu

 

El pasado día 18 de marzo, en la librería Elkar Comedias de Pamplona, Carlos Zanón (Barcelona, 1966), acompañado del también escritor Carlos Bassas del Rey, presentó su más reciente novela, Objetos perdidos. Se trata de su novena novela, cuatro años después de Love Song, en una larga carrera literaria en la que también ha habido espacio para la poesía, el relato, el guion, la crítica y el columnismo. Su novela Tarde, mal y nunca recibió en 2009 el Premio Brigada 21 y fue finalista del Memorial Silverio Cañada, del Premio Giallo e dell Noir de 2012 y del Prix Violeta Negra 2013. En 2013 No llames a casa obtuvo el premio de Valencia Negra. En 2014 Yo fui Johnny Thunders recibió los premios Salamanca Negra y Novelpol y en 2015 el Premio Hammet.

Bassas explicó que, en su opinión, Zanón es no solo uno de los mejores constructores de personajes de la novela actual, sino, además, uno de los mejores “contadores” de personajes, que no es lo mismo y no siempre va unido. El protagonista de Objetos perdidos tiene la originalidad de ser un niño gordo atrapado en el cuerpo de un hombre delgado. Zanón dijo que la idea del niño gordo —él fue niño gordo— estuvo en el mismo origen de la novela, “nunca dejamos de ser quiénes éramos”, toda nuestra vida se construye en torno a la herida, el trauma o las experiencias que tuviste en la infancia o adolescencia. Confiesa tener siempre el temor de que le digan que le han descubierto, por más que finja ser otra cosa.

En alguna ocasión ha dicho, le recordó Bassas, que se trata de una novela de gente que se pierde, gente que está perdida y gente que se busca, es decir, “cualquiera de nosotros” que estamos siempre en una doble búsqueda, de algo exterior pero también de nosotros mismos. Zanón confirmó que parte de la idea de que todos somos objetos perdidos, necesitamos que alguien nos encuentre para ser alguien, y la sitúa en una ciudad que, como todas, engulle a la gente, que combina el anonimato y el poder ser quien quieras, en teoría, con la soledad.

Describe una Barcelona que, como tantas ciudades, está expulsando a la gente y se está llenando de “no lugares”, en la novela tan pintorescos y con nombres tan curiosos como el hotel Excalibur o el bar Donna Summer. Le evocan su antiguo barrio, cutre y lleno de locales infectos, pero con nombres espectaculares y muy divertidos como Bassinger’s o Dollars. Retrata paródicamente un lumpen con el que él apenas ha convivido —solo cuando ejerció de abogado— y que sabe que, como en la mayoría de las novelas, no es más que la representación de la representación del lumpen real, que suele ser bastante patético y muy garrulo, aunque se crea Vito Corleone. En ese ambiente, también quería responder a una pregunta perturbadora: “¿Por qué queremos caer bien a los malos, a los abusones?”.

Además, hay un personaje, según Bassas muy “zanoniano”, el de Lola K, que muestra una relación enfermiza donde parece haber una necesidad de autodestruirse. Zanón dijo que quería reflejar una de esas relaciones donde lo mejor ya ha pasado y solo quedan los restos y una cierta tendencia a hacerse daño. Se pregunta de dónde vienen esas tendencias autodestructivas que sufrimos los seres humanos, para lo que no tiene una buena respuesta.

Observó Bassas que en el mundo actual todo va muy acelerado y que en la literatura prima el thriller y la trama vertiginosa donde los personajes casi no pueden respirar, pero que Zanón tiene el mérito de construir tramas sólidas donde los personajes pueden vivir, trabajar, sufrir, pensar, sin prisas y sin que se caiga la novela. Zanón explicó que no sabe cuál es la proporción buena, lo hace de forma muy intuitiva. Opinó que, para escribir, es mejor no ser demasiado inteligente, no saber toda la verdad sino andar buscándola, no tener todas las respuestas ni explicarlo todo, sino describir unos personajes interesantes y verosímiles y dejar que el lector sienta con ellos y descubra por sí mismo lo que no se está contando.

Además de la trama y de los personajes, Bassas explicó que Zanón se preocupa mucho por el lenguaje, y no es casualidad que también haya escrito poesía; la escritura sin música no es literatura. Zanón reconoció que trabaja bastante el lenguaje, quiere que suene bien y tener su propio estilo; pero tampoco quiere obsesionarse, no quiere hacer “libros sonajeros”, donde cada frase tenga que ser excelsa, igual que en un partido de fútbol cada jugada no tiene por qué ser genial ni acabar en gol.

 

Ficha:

Objetos perdidos

Carlos Zanón

Salamandra, 2026

ISBN: 9791387640071

272 páginas, 14 x 22 cm, tapa blanda

 

Sinopsis:

 

Todos estamos a dos pasos de desaparecer. Álex Gual ya los ha dado. Vive en un hotel llamado Excalibur, es abogado y se le da tan bien encontrar personas como perder cosas. Naufraga entre los restos de su relación con Lola K., una pintora en horas bajas, aunque lo que de verdad lo mantiene en pie es su vínculo con Señor Paco, el hombre que se maneja entre lo más turbio de la ciudad desde su local, el Donna Summer. Cuando la muerte de un jugador de rugby australiano y la desaparición de otro británico, Andy Cox, desatan la atención mediática, Señor Paco huele el negocio y usa a Álex para vender pruebas al mejor postor. Pero mientras intenta desvanecerse entre los objetos perdidos de la ciudad, Álex se ve arrastrado a la búsqueda de Cox, a una atracción inesperada por Inés, la camarera del Donna Summer, y a la dolorosa posibilidad de perder él cosas para volver a ser alguien.

 

©Artículo: Miguel Izu, 2026.

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