ÉRASE UN RIO de Bonnie Jo Campbell por Teresa Suárez
Érase un río
Si han leído las notas biográficas que suelen incluir sus novelas, sabrán que Bonnie Jo Campbell, conocida como la maestra del rural noir estadounidense, («puede que una de las únicas beneficiarias de una beca Guggenheim que sabe cómo se castra un cerdo»), es difícil de encuadrar en cualquier cliché o estereotipo de género.
Tras la muerte violenta de su padre, a manos de familiares que no lo reconocen como tal, Margaret Louise Crane, 16 años, decide remontar el río Stark en busca de su madre. Una madre que hace tiempo los abandonó a ambos y que nunca encuentra el momento idóneo para que se produzca la reunificación familiar que la joven tanto ansía.
A falta de una figura materna en quien apoyarse, su guía de cabecera es una ajada biografía de Annie Oakley, famosa tiradora americana que, durante diecisiete años, participó en el espectáculo de Buffalo Bill que recreaba escenas del viejo oeste.
La vida de Margo Crane, princesa de río, gira en torno a esa corriente fluvial («Inspiró varias veces, absorbió el movimiento del rio a través de los pies y piernas. Los peces, las tortugas y las aves acuáticas eran su familia, pensó, no los humanos; (…) Hasta cuando vivía en la casa de su padre, cada mañana de verano e invierno, el rio le había hablado con mayor claridad que él»), la única presencia constante en su corta vida.
Las personas se van, pero el rio permanece.
Ni lolitas, ni damas, ni villanas.
Las mujeres de Bonnie Jo, a imagen y semejanza de la autora, transitan por sus novelas saltándose las normas de comportamiento, establecidas por los hombres, y decidiendo su propio destino sin que nada ni nadie pueda detenerlas.
Aunque Margo, cual renacuajo criado en sus aguas, conoce las corrientes del Stark y como lograr que le proporcione el sustento necesario para vivir de él, desconoce esos otros peligros que, bajo la forma de cazadores, traficantes y borrachos, morralla a la deriva, se desliza por el cauce sin otro objetivo que dejarse arrastrar por el hipnótico canto de sirenas como ella.
Los hombres de Bonnie Jo responden al concepto de masculinidad hegemónica, basada en el poder y control sobre otros hombres y, especialmente, sobre las mujeres. Un dominio que suele llevar aparejado el uso de la violencia («Crane [su padre] había exigido que Margo hablara con él y, como ella seguía callada, le soltó un guantazo, pero con la mano casi en forma de puño (…) Por la mañana, Margo se dio cuenta de que le había roto una vena en el ojo, tenía un moratón debajo y un hematoma en la córnea»).
Tras someterla por la fuerza, todos quieren lo mismo: que, por voluntad propia, se quede a su lado para iluminar sus tristes y patéticas vidas.
Pero Margo se revuelve.
Por encima de todo valora su libertad y no piensa ser el refugio del guerrero de ninguno de los indeseables que tiene que vadear a lo largo de su amado rio.
Ni criada, ni amante, ni esposa.
Margo es una chica que solo necesita “unas cerillas, un perro y un poco de gasolina para su motor fueraborda”.
Bueno, y al río testigo de su dolor, compañero, amigo.
El rio que fluye, cambia y “que va a dar a la mar, que es el morir”.
Al igual que en Las aguas, la primera, si hay algo que destaque en Erase un rio, es el profundo conocimiento que Bonnie Jo demuestra de la fauna y flora de la zona («La desaparición de los colibríes y la visita de una docena de gorriones gorgiblancos, al igual que el tinte rojizo de las serpientes de la hiedra venenosa que se enroscaban en los arboles más viejos, le comunicó la llegada del otoño, al que pronto seguiría el invierno»). Son auténticos tratados de zoología y botánica.
Lo mismo ocurre con las armas («Margo apoyo la culata de la escopeta en la rodilla flexionada, sacó el tubo del cargador y metió uno de los nueve cartuchos que le quedaban. Bombeó el protector hacia atrás y luego hacia delante para cargar la cámara. Nunca se cansaba de ese movimiento»).
Se nota que, si de amartillar una escopeta Marlin se trata, a Miss Campbell le tiembla la mano tanto como si tiene que escribir una buena novela, es decir, nada en absoluto.
Tom Franklin, Larry Brown, Bonnie Jo… Tengo que reconocerlo, la Editorial Dirty Works ha parido una buena camada.
Sobre Charles Portis, y su Perro del Sur, tengo mis reservas.
Pero esa es otra historia.
©Reseña: Teresa Suárez, 2025.
