TOMA EL DINERO Y MUERE de Hernán Elvira por Beckett & Hawk

TOMA EL DINERO Y MUERE: CUANDO MADRID SE CONVIERTE EN TERRITORIO NEGRO

Hay novelas que quieren demostrar algo. Otras quieren hacernos pensar. Algunas aspiran incluso a cambiar nuestra manera de mirar el mundo.

Y luego están las que, antes que nada, quieren que sigamos leyendo.

Toma el dinero y muere, de Hernán Elvira, pertenece a esta última estirpe. Y conviene decirlo desde el principio porque, en un género que a veces parece empeñado en olvidar que la novela también debe divertir, esta historia recupera una de las razones fundamentales por las que abrimos un libro: queremos saber qué va a pasar después.

Publicada por Yeray Ediciones dentro de su colección Pulp Siglo XXI, la novela nos presenta a Charly Camacho, un personaje que está muy lejos del detective clásico de gabardina impecable y despacho lleno de humo. Camacho se mueve por un Madrid reconocible y áspero, un Madrid donde la especulación inmobiliaria, los pisos okupados, los desahucios, los comisionistas y quienes viven de aprovecharse de los problemas ajenos forman parte del paisaje.

Y en ese paisaje solo hace falta una chispa.

Una mujer entra en la vida de Camacho con una petición aparentemente sencilla. A partir de ahí, las cosas comienzan a complicarse. Y cuando hablamos de novela negra sabemos que «complicarse» es una manera elegante de decir que alguien acabará recibiendo un golpe, una amenaza o algo bastante peor.

Elvira no necesita construir una conspiración imposible para poner en marcha la historia. Le basta con introducir a su protagonista en el lugar equivocado, delante de las personas equivocadas y en el momento menos oportuno.

El resultado es una novela de ritmo rápido, violenta cuando tiene que serlo y salpicada de humor. Hay persecuciones, mamporros, tiroteos, delincuentes, personajes que se mueven en los márgenes y también relaciones sentimentales y escenas de alto voltaje. Pero bajo toda esa superficie de acción aparece otra novela: la de una ciudad donde la vivienda puede convertirse en negocio, necesidad, mercancía y campo de batalla.

Ahí aparece una de las virtudes de Toma el dinero y muere.

Elvira utiliza el género negro para mirar alrededor.

La novela negra siempre ha tenido esa capacidad. Puede hablarnos de un asesinato mientras, en realidad, nos está hablando de una sociedad. Puede enseñarnos a un delincuente mientras nos obliga a mirar el lugar que lo ha producido. Puede colocar una pistola encima de una mesa y, detrás de ella, mostrarnos el dinero, el poder, la desigualdad o la desesperación.

Pero aquí hay algo que no conviene perder de vista: la novela entretiene.

Y mucho.

Porque Toma el dinero y muere no parece escrita para que el lector se siente ante ella con una libreta y comience a tomar apuntes sociológicos. Quiere arrastrarlo por las calles de Madrid. Quiere que acompañe a Charly Camacho, que se meta en sus problemas, que reciba algún que otro golpe narrativo y que pase las páginas preguntándose cómo demonios va a salir de la siguiente situación.

Son apenas 106 páginas, y esa extensión juega a favor de la historia. No hay necesidad de levantar una catedral de quinientas páginas para contar una buena historia negra. A veces basta con una ciudad, un personaje con problemas, unos cuantos individuos peligrosos y una situación que se va complicando hasta que ya no queda otra opción que seguir adelante.

O seguir corriendo.

HERNÁN ELVIRA, EL AUTOR DETRÁS DE CHARLY CAMACHO

 

La biografía de Hernán Elvira resulta casi tan heterogénea como el mundo de sus personajes.

Nacido en Logroño en 1963, es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación y psicólogo no practicante. Ha sido profesor de español y lengua extranjera, webmaster y programador, además de haber desarrollado otras actividades vinculadas a las relaciones humanas y a la escritura. También ha pasado por talleres literarios y ha trabajado durante años en proyectos de creación y crítica.

Su relación con la novela negra viene de lejos. Elvira ha convertido el género en una forma de observar la sociedad desde sus zonas menos cómodas. Y quizá por eso Charly Camacho funciona tan bien como personaje: no parece estar colocado dentro de una historia negra desde fuera, sino que pertenece a ese mundo.

Camacho es una especie de espejo turbio.

Uno de esos espejos que no nos devuelve exactamente la imagen que esperábamos encontrar.

 

UNA NOVELA NEGRA PARA PASARLO BIEN

 

Hay algo que deberíamos reivindicar más a menudo: leer también puede ser pasarlo bien.

No todo libro necesita salvarnos. No todo personaje tiene que convertirse en una metáfora de la condición humana. No toda novela negra necesita dejarnos mirando al techo durante tres días después de terminarla.

A veces necesitamos una historia que nos agarre y nos diga: «Ven, que aquí hay problemas».

Y Toma el dinero y muere sabe hacerlo.

Tiene acción, violencia, humor, erotismo, personajes turbios y una ciudad que funciona como escenario perfecto para que todo pueda salir mal. Y mientras seguimos a Charly Camacho por ese Madrid peligroso, aparece también la mirada social de Elvira, que convierte el entretenimiento en algo más que simple evasión.

Quizá esa sea la verdadera virtud de esta novela. Que no obliga a elegir. Puedes leerla buscando una buena historia y encontrarla. Puedes leerla buscando novela negra y encontrarla. Puedes leerla buscando acción y también la encontrarás.

Y si después quieres mirar un poco más allá de los golpes, los negocios turbios y las persecuciones, descubrirás una historia que habla de una sociedad donde demasiadas personas intentan sobrevivir mientras otras intentan sacar provecho de esa supervivencia.

Pero primero hay que abrir el libro.

Después, dejarse llevar.

Porque Toma el dinero y muere tiene algo que nunca debería perder una novela negra: ganas de contar una historia y ganas de que el lector quiera llegar hasta el final.

Y eso, en estos tiempos de novelas que a veces parecen necesitar más páginas que historia, ya es decir mucho.

Una novela negra, rápida, gamberra, entretenida y con una mirada social que convierte las calles de Madrid en un territorio donde cualquier cosa puede suceder.

Y cuando terminas, queda una certeza:

Charly Camacho todavía tiene asuntos pendientes.

 

©Reseña: Beckett & Hawk, 2026.

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