EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE de Sònia Guillén por Beckett & Hawk
Hay novelas negras que parten de un crimen. Otras, de una obsesión. El principio de incertidumbre pertenece a esta segunda categoría: una obra que convierte una idea teórica —el célebre principio formulado por Heisenberg— en el núcleo de una maquinaria criminal tan perturbadora como fascinante. En su incursión en el thriller, Sònia Guillén construye una historia donde la física cuántica deja de ser una disciplina académica para convertirse en el lenguaje de un asesino en serie que transforma conceptos científicos en experimentos humanos.
Nacida en Terrassa en 1969, Sònia Guillén desarrolló durante años una trayectoria profesional vinculada a la docencia universitaria y la consultoría laboral antes de dedicarse plenamente a la escritura. Su formación multidisciplinar y su interés por la ciencia y la psicología se reflejan en una narrativa que combina rigor conceptual y vocación popular. Antes de esta novela publicó No sé qui soc y obtuvo diversos reconocimientos en certámenes de relato corto.
Un asesino que firma como “Squark” secuestra a personas que viven en una especie de “superposición” vital: individuos que ocultan identidades paralelas, secretos o dobles existencias. Cuando desaparece una pintora desconocida que resulta ser la grafitera más famosa del mundo, la investigación lleva al inspector Estrada y a la criminóloga Nadia Mateo hasta Berta Fernández, una doctora en física cuántica marcada por sus propios conflictos personales.
Mientras las víctimas caen en trampas inspiradas en experimentos célebres de la física moderna —desde la paradoja del gato de Schrödinger hasta otras teorías relacionadas con la incertidumbre y la observación— los investigadores intentan descifrar los mensajes del criminal antes de que la siguiente ecuación se convierta en una nueva sentencia de muerte.
La principal virtud de El principio de incertidumbre reside en su originalidad. En un mercado saturado de asesinos ritualistas, perfiles criminales repetidos y detectives atormentados, Guillén encuentra un territorio propio al incorporar la física cuántica como elemento estructural de la trama. No se trata de un simple adorno intelectual: la autora consigue que conceptos complejos formen parte orgánica de la investigación y de la psicología del antagonista.
Lo más destacable es que el componente científico nunca se convierte en un obstáculo para el lector. Guillén dosifica la información con habilidad y traduce teorías complejas a un lenguaje accesible, manteniendo intacta la tensión narrativa. El resultado es un thriller que puede disfrutar tanto quien conoce los fundamentos de la mecánica cuántica como quien se acerca a ellos por primera vez.
La novela también destaca por la construcción de sus personajes. Berta Fernández funciona como mucho más que una asesora científica; es un personaje herido, vulnerable y contradictorio que aporta profundidad emocional a una historia dominada por la investigación policial. A su alrededor, el inspector Estrada y Nadia Mateo forman un equipo eficaz, alejado de los estereotipos más gastados del género.
Narrativamente, Guillén apuesta por capítulos ágiles, múltiples puntos de vista y una progresión constante de la amenaza. La sensación de cuenta atrás está presente desde las primeras páginas, y los giros argumentales aparecen cuando la historia los necesita, sin recurrir al efectismo gratuito. La autora demuestra un notable control del ritmo, especialmente en una novela de más de quinientas páginas que rara vez pierde intensidad.
Si hay un aspecto especialmente interesante es la forma en que la obra dialoga con una idea central: la imposibilidad de conocer toda la verdad. Como en la física cuántica, cada observación altera el resultado. Cada personaje esconde algo. Cada revelación abre nuevas incógnitas. Y esa incertidumbre, más que un concepto científico, acaba convirtiéndose en el auténtico motor moral de la novela.
Con El principio de incertidumbre, Sònia Guillén firma un thriller ambicioso, inteligente y sorprendentemente accesible. Una novela que se atreve a explorar territorios poco transitados dentro del género y que encuentra en la ciencia una fuente constante de inquietud narrativa. Intriga policial, tensión psicológica y divulgación científica conviven aquí con notable equilibrio, dando lugar a una de esas propuestas que logran diferenciarse del resto sin perder de vista el principal objetivo del thriller: mantener al lector atrapado hasta la última página.
©Reseña: Beckett & Hawk, 2026.
