EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE de Sònia Guillén por Beckett & Hawk

Sonia Guillén nació en Terrassa, la cuarta hija de una familia trabajadora. En una casa llena de alegre bullicio, solía perderse en la nutrida biblioteca de sus hermanos mayores. Desde pequeña todo el mundo la recuerda con un libro en sus manos: escondida en el baño, en un rincón del patio de la escuela o bajo la manta con una linterna para no despertar a sus hermanas. Cuando no estaba leyendo, vivía en su mundo de sueños e ideas. De adulta, ha compaginado su labor como profesora de innovación en la universidad con la escritura, con la que ha obtenido dos premios literarios y una mención como finalista. Hace tres años decidió dejarlo todo para dedicarse en exclusiva a la escritura, después de preguntarse: ¿Si no es ahora, cuándo? EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE es su primer thriller.
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Cuando el suspense se cruza con la física cuántica hay riesgo de que todo se dispare: de que la trama se vuelva humo, de que los personajes pierdan humanidad, de que la verdad quede atrapada en un experimento imposible. En El principio de incertidumbre, Sònia Guillén toma ese riesgo y lo convierte en su terreno de juego — a veces con aciertos notables, a veces con tropiezos inevitables, pero casi siempre fascinantes.

La novela arranca con una desaparición inquietante: una pintora que oculta una doble identidad — grafitera en la sombra — se desvanece sin dejar rastro. Desde ese punto, Guillén teje su entramado alrededor de Squark, un asesino en serie obsesionado con los principios de la física cuántica, que ve en las víctimas que él elige seres en “superposición”, vidas que se bifurcan, que no son definibles hasta que alguien las observa.

La protagonista, Berta Fernández — doctora en física cuántica — no es la típica agente de novela negra; es alguien que vive entre fórmulas y emociones, entre lo controlable y lo impredecible. Esa tensión entre lo racional y lo emocional, entre lo que se sabe y lo que permanece oculto, es uno de los hilos más potentes de la historia.

Guillén ha sabido incorporar los experimentos cuánticos — la paradoja del gato de Schrödinger, el principio de incertidumbre de Heisenberg, la superposición — sin que el lector experimente mareo o desconexión: no se trata de explicaciones pesadas, sino de usar esos conceptos como metáforas vivas del terror, del miedo a lo que no se ve, a lo que podría ser y no se sabe.

El ritmo de la novela es otro de sus puntos fuertes. Guillén alterna capítulos cortos, fragmentos de narración que oscilan entre el presente del caso (la investigación, las pistas, las víctimas) y pasados que desvelan, poco a poco, las cicatrices de los personajes. Esa estructura sirve para mantener viva la tensión — el lector no solo quiere saber quién es Squark, sino también qué ha llevado a cada protagonista hasta ese momento límite.

Pero no todo es perfecto. Algunos momentos adolecen de exceso de exposición: cuando los conceptos científicos se insertan con demasiada insistencia, se corre el peligro de que la narrativa pierda algo de su misterio. Asimismo, ciertos personajes secundarios podrían estar más desarrollados: Nadia Mateo, por ejemplo, despierta interés — su obsesión, su relación con los hechos — pero también deja dudas sobre si su arco sería más creíble con menos urgencia dramática.

El desenlace logra cerrar gran parte de los hilos, aunque quizá no todos, y eso está bien: hay algo inquietante en la idea de que, al igual que en la cuántica, nunca sabemos del todo si la realidad ha colapsado en una versión u otra. Guillén no busca certezas, busca sacudir al lector, dejarlo con preguntas, y lo consigue.

El principio de incertidumbre es un thriller ambicioso, original, híbrido, difícil de clasificar solo como novela negra — porque incorpora ciencia, emociones y filosofía. Para quienes aman el suspense clásico, hay suficientes giros, escenas escalofriantes y un asesino inquietante. Para quienes disfrutan los libros que hacen pensar mientras aceleran el pulso, hay metáforas poderosas, alusiones al saber humano, y esa belleza oscura que nace de lo desconocido.

Una novela inteligente, y necesaria en estos tiempos en que lo que creemos saber siempre está a punto de desmoronarse.

Pero que sabremos nosotros, leed malditos.

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©Reseña: Beckett & Hawk, 2025.

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